Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/08/07 00:00

EL ESTIGMA DEL FÜHRER

La decisión del gobierno de enviar aviones de combate a Bosnia revivió los ánimos antimilitares que la Segunda Guerra Mundial dejó en los alemanes.

EL ESTIGMA DEL FÜHRER

LA PRIMERA ACCION PASO casi inadvertida. Hace dos años pocos alemanes se percataron de que su país había enviado aviones radar a la guerra en la antigua Yugoslavia. Pero esta vez la cosa ha sido muy diferente. El anuncio gubernamental de que Alemania enviará a Bosnia naves de combate Tornado, aviones de transporte y personal médico, tiene a la nación alemana con los pelos de punta. El sentimiento de culpa por la Segunda Guerra Mundial afloró y se apoderó de algunos sectores de oposición, los cuales temen que una acción como esta le abra paso a una nueva era expansionista alemana.
La diferencia entre la acción de hace dos años y la de ahora está en la concepción sobre el tipo de participación. En esa oportunidad fue una acción de reconocimiento, mientras que en ésta es de carácter bélico por el tipo de equipos desplazados a la zona de conflicto. En criterio de muchos puede calificarse como de protección a las fuerzas de reacción rápida de la Organización de las Naciones Unidas. Y aunque la decisión fue calificada internacionalmente como una muestra de solidaridad del gobierno alemán con sus aliados europeos -los cuales han intervenido en el conflicto que hace cuatro años sacude a la antigua Yugoslavia- y no como una demostración de fuerza, ninguno de estos argumentos parece tranquilizar a la población alemana.
Y es que el antibelicismo no es una fobia reciente del pueblo alemán. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la misma existencia de un ejército ha sido cuestionada en el país. Durante muchos años éste fue únicamente una ficha más en el inventario de las fuerzas del Tratado del Atlántico Norte. En ese entonces contaba con 200.000 efectivos para un país de más de 80 millones de habitantes. Además del entrenamiento propio de las fuerzas militares, sus miembros se dedicaban a colaborar en las catástrofes como parte de los cuerpos de rescate, o a ayudarle a la policía en labores de vigilancia durante la realización de grandes concentraciones, como conciertos o eventos deportivos. Aún así, a muchos les molestaba.
Por todo esto el camino para llegar a la determinación de enviar tropas a otros países fue largo y aún no puede asegurarse que esté libre de espinas. Sólo tras la reunificación alemana volvió a mencionarse el tema de la participación militar en el extranjero. Fue finalmente la Corte Constitucional Federal, luego de año y medio de deliberaciones, la que estableció el procedimiento por seguir: es el Bundestag (cámara baja del Congreso) el encargado de aprobar la participación de tropas alemanas a solicitud del Ejecutivo. Por cuenta de la pequeña mayoría parlamentaria que tiene la Unión Cristiana Demócrata -el partido de gobierno- la presencia en Bosnia estaba asegurada.
Una vez conocida la noticia, el fantasma del expansionismo hitleriano hizo de nuevo su aparición. Varios sectores de la oposición expresaron su inconformidad, entre los cuales se encuentran los partidos Social Demócrata y el Verde. Su descontento obedece a que temen los posibles desarrollos que puedan darle al fallo constitucional las fuerzas armadas o los grupos radicales. En su criterio, la sentencia fue demasiado amplia y la letra menuda puede prestarse a interpretaciones suspicaces: Pero, a decir verdad, la Corte tampoco podía ir más lejos. La Constitución alemana es muy vaga en cuanto se refiere a las fuerzas militares. Sobre el Ejército dice que está encargado de la defensa del país, pero de una forma muy general.
A pesar de las argumentaciones hechas por los grupos contestatarios, la limitacion de las fuerzas militares no es viable por ahora. Cualquier iniciativa en este sentido debe ser sometida a consideración del Bundestag. En la actualidad el partido de gobierno cuenta con un estrecho margen de mayoría que le permite bloquear cualquier iniciativa. A la situación minoritaria de la oposición se suma el hecho de que al interior de este sector no hay una postura unificada en torno al tema. Sin embargo en el mediano plazo las perspectivas son más alentadoras: de acuerdo con encuestas preliminares para las elecciones de 1997, la mayoría parlamentaria -que hoy está del lado del partido de gobierno sólo por 12 escaños de los 662 que tiene el Bundestag- podría quedar en manos de una coalición entre los partidos Social Demócrata y Verde.
Si bien por ahora es muy temprano para vaticinar cuáles serían los cambios que introduciría un nuevo poderío político, no se puede negar la influencia que en la opinión tienen los sectores de oposición, a tal punto que los periódicos de derecha han dedicado sus primeras páginas al debate de la cooperación militar. Tal vez sea ese el tipo de limitaciones el que le asegure a la comunidad internacional que la participación alemana en conflictos externos se reducirá a acciones multinacionales, las cuales podrían calificarse más de buena voluntad que de bélicas.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.