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| 12/3/2005 12:00:00 AM

El eterno embargo

Se cumplen 45 años de bloqueo norteamericano sin que haya conseguido su propósito de tumbar a Fidel Castro.

En La Habana, una ciudad de más de dos millones de habitantes, circulan apenas unos 700 buses. Los 600.000 pasajeros diarios tienen que hacer fila y esperar horas para llegar a sus hogares. Muchos se paran en los semáforos para pedir a los conductores particulares que los acerquen a su destino, lo que en la jerga local llaman 'hacer botella'. Pero no hay reclamo que valga. El gobierno, como ocurre con tantos temas, culpa al bloqueo que impide que se le vendan a Cuba repuestos de origen estadounidense o que contengan algún componente de ese país. El argumento, discutible pero válido, existe desde cuando Washington, hace 45 años, decretó un bloqueo económico a Cuba para asfixiar a la población cubana y forzar la caída del gobierno comunista de Fidel Castro. Dos de cada tres cubanos han nacido y crecido bajo un bloqueo que afecta desde la aspirina hasta las tecnologías necesarias para los avances médicos, para hablar sólo de la salud. Desde el poder, Castro ha visto 10 gobiernos norteamericanos que han sostenido las sanciones con mayor o menor énfasis, como el actual, que las ha endurecido. Los funcionarios cubanos califican este asedio extraterritorial como 'acto de guerra' o 'genocidio' y, según el informe de Cuba al secretario general de la ONU, ha costado más de 82.000 millones de dólares. Y lo cierto es que lo único que ha logrado es hacer sufrir innecesariamente a la población. Como dijo a SEMANA el coronel retirado Stephen Donahue, asesor en inteligencia de guerra, "hasta ahora, lo que hemos hecho es darle a Castro todos los argumentos para que pueda acusarnos de ser los malos en esta compleja ecuación". Durante 14 años consecutivos, La Habana ha presentado ante la Asamblea General de la ONU un proyecto que aboga por el fin del bloqueo que siempre ha sido votado a favor casi por unanimidad, pero Estados Unidos lo ha ignorado sistemáticamente. Washington se defiende argumentando que quien hace sufrir a los cubanos es su propio gobierno y que se trata de una política exclusivamente bilateral, aunque es evidente que afecta a empresas y ciudadanos de terceros países que comercian con la isla. Sólo en 2004 fueron multadas 77 compañías, instituciones bancarias y ONG de diversas partes del mundo, por un total de más de 1.200.000 dólares, por acciones que Estados Unidos consideró violatorias del bloqueo. Al año siguiente de su entrada en La Habana en 1959, Fidel Castro nacionalizó los negocios norteamericanos sin compensación. Washington rompió relaciones y el 19 de octubre de 1960 nació el bloqueo. Durante años, Castro supo explotar la Guerra Fría para apoyarse en la Unión Soviética. Pero ni siquiera con el colapso de los soviéticos en 1989, Washington logró derrocar al régimen a punta de hambre. Aunque muchos pronosticaban el desplome de Castro en cuestión de semanas, el líder revolucionario se las arregló para soportar el chaparrón. Hoy, con una floreciente industria turística y algún apoyo de China y Venezuela, la situación está mejor que en aquellos tiempos. Sin embargo, en gran parte gracias a las sanciones, la isla nunca logró diversificar su economía. El bloqueo prohíbe a las compañías radicadas en otros países hacer cualquier transacción con empresas cubanas. También impide a empresas de terceros países exportar hacia suelo norteamericano productos que contengan materia prima cubana, así como vender a La Habana bienes o servicios que utilicen tecnología norteamericana. Los estadounidenses, por ejemplo, no pueden entrar por los aeropuertos con cigarros cubanos, así los hayan comprado en Colombia, con penas de hasta 10 años de cárcel. Además, impide la entrada a puertos norteamericanos de los buques que transporten mercancías desde o hacia Cuba. "Es importante reconocer que la política estadounidense hacia Cuba nunca ha sido una política exterior, sino doméstica: fue apuntada a atraer los votos electorales y amplias donaciones de parte de miembros acaudalados de la comunidad exiliada de Florida. Como resultado, la política hacia Cuba está menos destinada a producir resultados que a servir a la autoengañosa propaganda de la Casa Blanca. De hecho, comparada con el resto del mundo comunista, Cuba era una nación mucho menos represiva que Alemania del este o Bulgaria, con las que Washington estaba listo para comerciar", explicó a SEMANA Larry Birns, director del Consejo de Asuntos hemisféricos. El actual gobierno de George W. Bush endureció aun más la postura norteamericana desde julio de 2004, con restricciones que limitan las visitas de los exiliados a 14 días cada tres años, reducen el dinero en efectivo que pueden llevar, de 3.000 dólares a sólo 300, y el peso del equipaje a 27 kilos. Las medidas también pusieron un límite de 1.200 dólares anuales a las remesas de los cubanoamericanos y las limitaron a sus familiares directos. A pesar de que las mayorías en el Congreso están contra la política del bloqueo y los empresarios quieren comerciar con La Habana, Bush parece empecinado. Durante el año pasado cuatro enmiendas fueron aprobadas en la Cámara de Representantes para cambiar las condiciones del embargo, pero fueron eliminadas por las presiones republicanas y la amenaza de veto presidencial. "Es un error concluir que todos los exiliados cubanos piensan igual. La comunidad cubano-norteamericana está dividida en el embargo, pero tienen en común el amor por su país y el deseo de volver, si no a vivir, al menos de visita", explicó a SEMANA Terry L. Maris, director del Centro de Estudios Cubanos de la Universidad de Ohio. De ahí que muchos se atrevan a pronosticar que la radicalidad de las sanciones podría ser contraproducente para los republicanos y hacerlos perder el codiciado voto de los cubanos en la Florida. Pero Xavier Uxet, experto en Cuba y asesor en proyectos humanitarios para organizaciones que trabajan por la "transición a la democracia en Cuba", dice que "en los próximos dos o tres años hasta las próximas elecciones no creo que cambien las políticas actuales, creo que serán más racionales en algunos aspectos, pero sería rarísimo que se normalicen. Después de las elecciones, si hay una victoria demócrata, podríamos pasar de nuevo a un tipo de políticas como las de Clinton, pero esto será en el futuro próximo". Y la opinión de Donahue refleja una tendencia creciente: "Estados Unidos entre todo lo que ha hecho u omitido no se ha preparado para apoyar a los cubanos para el momento en que decidan una democracia y una economía más liberales. Y, sobre todo, los norteamericanos no tenemos la fuerza moral para decirles a los cubanos lo que deben hacer. Esto es una decisión interna de ellos y, a cualquiera que ella sea, tenemos que apoyarla".
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