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| 10/27/2012 12:00:00 AM

El eterno idealista

Con la muerte de Eloy Gutiérrez Menoyo desaparece el último comandante extranjero de la revolución cubana. Perfil de un rebelde que siempre fue a contracorriente y terminó siendo odiado en Miami y en La Habana.

"¡Gusano!", "¡terrorista!", "¡rojo!", "¡revoltoso!", "¡traidor!", "¡apátrida!". Hasta su muerte a los 77 años el viernes en La Habana, más de un insulto se cruzó con la vida contradictoria y épica del cubano-español Eloy Gutiérrez Menoyo. Eterno insurrecto, fue de los pocos extranjeros que lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista, encabezó un fracasado intento de derrocar a Fidel Castro y pasó 21 años en una cárcel en Cuba. Símbolo del exilio en Miami, allí también lo rechazaron cuando se volvió un defensor del diálogo con el régimen. Ya viejo, volvió a La Habana con la ilusión de liderar un cambio político que nunca llegó.

Hijo de un médico socialista, Gutiérrez Menoyo nació en la Madrid republicana de 1934. Cuando tenía 2 años estalló la Guerra Civil y su familia lo entregó todo por la democracia. Su padre llegó a ser mayor y su hermano de 16 años cayó en la batalla de Majadahonda. Derrotados, los Gutiérrez erraron por Europa hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se encaminaron a Cuba. En 2003 contó al diario El País: "Recuerdo en la posguerra a mi madre diciéndome: ten cuidado, no hables esto, no hables lo otro, no menciones a tu padre, no digas que tu hermano murió luchando contra Franco. Cuando llegué de niño a Cuba, todo se acabó. Fue el primer país en el cual conocí la libertad".

En el Caribe, los Gutiérrez no dejaron de luchar. En 1957 Carlos, otro de sus hermanos, murió en el ataque al palacio de Batista. Pronto Eloy se enlistó en la revolución. Dirigió una célula en La Habana hasta que convenció a los rebeldes de abrir un frente en el macizo del Escambray. Se volvió el Gallego con 300 hombres, entre los que estaba el estadounidense William Alexander Morgan, el Yanqui. Sembraron el terror entre las tropas oficiales y le limpiaron el camino a Fidel Castro y a Ernesto 'Che' Guevara. Pero a diferencia de ellos, no defendían ideología alguna salvo la lucha contra la tiranía. En la madrugada del primero de enero de 1959, Gutiérrez Menoyo fue uno de los revolucionaros que entró a La Habana libre.

Todo era euforia y romanticismo. Como escribió en su testamento, "1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana". A pesar de ser extranjeros, el Che Guevara, el Yanqui Morgan y el Gallego Gutiérrez fueron nombrados comandantes, el más alto grado de la revolución, y les otorgaron la nacionalidad cubana. Los tres tuvieron un destino trágico. Che murió hambriento y solitario ocho años después en Bolivia. Morgan fue fusilado en Cuba en 1961, acusado de ser de la CIA. Y Gutiérrez solo aguantó dos años en la Cuba de los Castro. Después de fracasar en su intento de crear una nueva guerrilla en Escambray, huyó a Estados Unidos. Dijo: "Yo no apoyo una revolución cuando es sinónimo de tiranía".

En Miami se unió al grupo Alfa 66 que hacía operaciones clandestinas en Cuba. En 1964 desembarcó en la isla pero fue arrestado y condenado a muerte, aunque le conmutaron la pena por 30 años de prisión. Gutiérrez se volvió el prisionero 35.138. Según contó: "La cárcel fue extremadamente violenta y brutal, y no se la deseo a nadie, ni a mis carceleros". Perdió la visión del ojo izquierdo y parte del oído después de una paliza. Pero por ser español, el presidente socialista Felipe González logró su liberación en 1986 después de una campaña internacional.

Volvió a Miami como un héroe, pero su romance con los exiliados fue breve. Fundó el partido Cambio Cubano que buscaba la reconciliación con el régimen. En 1995 volvió a la isla y se entrevistó con Fidel. Lo tildaron de renegado, de "dialoguista", de vendido. Él pensaba que "la vía de la confrontación no conduce a nada". Su movimiento nunca llegó lejos, pero a él poco le importó. En 2003, cuando estaba de vacaciones, rompió sus papeles y se quedó a vivir en Cuba sin permiso del régimen. Para él, "podré ser más útil aquí que en el extranjero. Esperar con los brazos cruzados a que muera Castro sería una irresponsabilidad, un desastre ".

Hombre polémico, el escritor Guillermo Cabrera Infante escribió una vez que "este hombre es un apestado en Miami y un títere en Cuba. Es una metamorfosis que camina". Pero, en una frase más esperanzadora, Eloy Gutiérrez Menoyo escribió: "Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor".
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