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| 12/4/1995 12:00:00 AM

¿EL FIN DE LA ERA YELTSIN?

Ante el infarto de su presidente, los rusos barajan las posibles figuras que podrían reemplazarlo.

EL DIA EN QUE EL PRESIDENTE RUSO BORIS Yeltsin fue internado por segunda vez en el año por un problema cardíaco, el marco alemán cayó un punto frente al dólar y el Parlamento británico inició una discusión sobre el "vacío de poder en el corazón de una de las superpotencias mundiales". Ejemplos como esos subrayaron que Rusia, empobrecida y todo, sigue suscitando angustia, sobre todo ante la posibilidad de que ese gigante euroasiático quede a la deriva. Al fin y al cabo Rusia y su antecesora, la Unión Soviética, solo han cambiado nueve veces de gobierno en este siglo. Cada uno de esos cambios marcó un profundo giro en el país y en el mundo.
En la más benigna de las variantes, luego de un segundo descanso en menos de seis meses, Boris Nikolaevich podría volver a sentarse en su escritorio del Kremlin. Pero aun así, Rusia tendrá un presidente a medias de aquí a las elecciones presidenciales de junio de 1996. Ese es un lujo que pocos países se pueden dar, y mucho menos si, como en el caso de Yeltsin, sus presidentes duermen con el maletín de los botones nucleares al lado de su lecho de enfermo. Según la Constitución, toda vacancia temporal del Presidente debe ser cubierta por el Primer ministro Víctor Chernomyrdin, que es visto como el segundo hombre del país. Pero aunque éste declaró que los demás ministerios se subordinan a él, por lo pronto el poder real sigue administrado desde el hospital clínico central de Moscú.
La enfermedad de Yeltsin dejó prácticamente descartado que se lance a la reelección. Por eso, la discusión sobre su sucesor se adelantó inesperadamente, y con ello las consultas de los gabinetes de París, Washington y Londres.

LOS PRETENDIENTES
El 17 de diciembre se realizarán las elecciones parlamentarias en Rusia, que serán en realidad el primer acto de la campaña para las presidenciales. El partido de Chernomyrdin, 'Nuestra casa es Rusia', no ha logrado crear un movimiento popular a su alrededor a pesar de ser la representación del aparato nacional y local, y tener el apoyo de los grandes bancos, las automotrices y los gigantescos monopolios gasíferos y petrolíferos del país.
Según todas las encuestas, el Partido Comunista con su dirigente Guennadi Ziuganov será primero en los porcentajes electorales. Recientemente obtuvo una arrasadora victoria en la ciudad de Volvogrado, donde obtuvo 22 de los 24 escaños en disputa. Pero su primer lugar en las encuestas no obedece a un salto vertiginoso en su votación, sino a la caída de la popularidad del nacionalista Vladimir Zhirinosvki. A éste las encuestas le otorgan un módico 6 por ciento, luego de haber obtenido más del 20 por ciento hace dos años. Sus garras ya no atemorizan tanto, pues se le ve demasiado comprometido con el poder y su electorado no se encuentra satisfecho.
Mientras que casi todas las constituciones del mundo prohiben la participación de los militares en las elecciones, en Rusia una pléyade de generales y oficiales llenarán las listas de los partidos y movimientos.
Los primeros tres candidatos de 'Nuestra casa es Rusia' son, además de Chernomyrdin, el conocido director de cine Nikita Mijalkov y el general Lev Rokhlin.
En el campo nacionalista, el conocido general Alexandr Rutskoi no podrá participar en las parlamentarias, pues su movimiento 'Potencia' no fue reconocido por la Comisión Central Electoral. El mejor ubicado es el general Alexandr Lebed, con su figura de Frankenstein, famoso por su defensa de las minorías rusas en los países vecinos. Según el periódico Izvestia, otros dos generales, los misteriosos Alexandr Korzhakov, jefe de seguridad de la presidencia, y Mijail Barsukov, jefe de la KGB, apoyarían la campaña de Lebed.
También se presenta el general Boris Gromov, otro veterano de Afganistán, que se opuso a la guerra de Chechenia y perdió su cargo de viceministro de Defensa. En las lista del PC está el general Valentín Varennikov, que participó en el putsch de agosto de 1991.
El ministro de Defensa, general Pavel Grachev, intentó presentarse a las elecciones, pero descartó la idea luego de la apabullante derrota de los militares en las elecciones de Volvogrado, donde los tanques salieron a las calles y los soldados repartieron votos. Según fuentes del Ministerio de Defensa, más de 100.000 militares se presentarían, por órdenes directas de la jefatura, para tener en el Parlamento un fuerte grupo de presión a favor de sus intereses.
Entre tanto, el campo demócrata puede sufrir un serio golpe si se confirma la negativa de la Comisión Electoral a inscribir al movimiento 'Yabolko' del conocido economista Gregori Yavlinski, uno de los más claros candidatos presidenciales. Y aunque no lograron unirse para estas elecciones, Yegor Gaidar, de 'Opción de Rusia', declaró que, en solidaridad, su movimiento boicotearía las elecciones, dejando al electorado demócrata huérfano de alternativas.
A pesar de lo preocupante que pueda parecer un triunfo de los comunistas, éstos no son tan amenazadores como los pintan. Ziuganov desayuna con empresarios norteamericanos prometiéndoles mantener las reformas. Nunca menciona la palabra 'comunista', y aunque el lema electoral del partido es 'Por nuestra patria soviética' se cuida muy bien de aclarar que la reunificación de la URSS se debe hacer por etapas, por la vía legal y pacífica. No está en contra de las privatizaciones y dice que hay que cumplir la Constitución. El periódico Izvestia del 19 de octubre dedicó el titular principal al partido de Ziuganov, para acusarlo de aparecer como opositor a tiempo que vota el presupuesto presentado por el gobierno.
La enfermedad de Yeltsin, el liderazgo del Partido Comunista y de los nacionalistas, y la crisis en el campo demócrata, pueden sumir a Rusia en un año de inestabilidad económica y política, que actuará negativamente sobre las inversiones y la estabilidad económica lograda en el último período. Lo malo es que las instituciones democráticas son todavía demasiado débiles, y por eso en la sucesión del noveno gobernante ruso del siglo se puede jugar la suerte de la Rusia -y del mundo- del siglo XXI.
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