Martes, 17 de enero de 2017

| 1990/12/03 00:00

EL FIN DEL VATI-BANQUERO

Termina la era del cardenal Paul Marcinkus, protagonista del mayor escandalo financiero de la Iglesia moderna

EL FIN DEL VATI-BANQUERO

Sin la túnica púrpura de cardenal y después de cuarenta años de vida en el Vaticano, el controvertido arzobispo Paul Marcinkus regresa a los Estados Unidos para trabajar como simple párroco de la diócesis de Chicago, donde nació hace 68 años.
El ex presidente del Banco del Vaticano, involucrado en el más grave escándalo financiero de la Iglesia Católica en tiempos modernos, que culminó con la quiebra del Banco Ambrosiano -uno de los más grandes bancos privados italianos a comienzos de los años 80, se retiró la semana pasada del servicio papal. Considerado uno de los prelados mas controvertidos de la Iglesia Católica Romana, Marcinkus terminó su carrera insistiendo en que no cometió irregularidades algunas cuando estaba al frente del Instituto de Obras para la Religión, es decir, el Banco del Vaticano.
Seré recordado como el villano del escándalo Calvi. Sere siempre así. No hay manera de que eso se borre", dijo a la prensa. El Papa Juan Pablo II finalmente se decidió por fin a aceptar la dimisión de su amigo personal del cargo honorario de vicegobernador del Vaticano, función que ejerció después del escandalo. Nacido en Chicago, de ascendencia lituana, fue precisamente Marcinkus el organizador de los primeros viajes papales, donde se notaba por su corpulencia atlética, su modo enérgico de ser, al punto que era simpáticamente considerado un auténtico "angel de la guarda".
Bajo la dirección del prelado, el Banco del Vaticano fue acusado de asociarse en negocios inescrupulosos con el banquero Roberto Calvi y el empresario Michele Sindona, considerado el financista de la Cosa Nostra, la poderosa mafia italoamericana. Las famosas cartas de garantía expedidas por el Banco del Vaticano a distintas sucursales de bancos en el mundo, para operaciones de crédito mal respaldadas, terminaron por responsabilizarlo parcialmente de la deuda de 1.300 millones de dólares adquirida por el Ambrosiano después de la quiebra en 1982.
Calvi y Sindona fueron acusados de fraude y murieron en circunstancias misteriosas. El primero bajo el puente de los "Hermanos Negros" en Londres, y el segundo envenenado dentro de su celda de máxima seguridad en Italia, después de haber bebido un sorbo de café con un extraño sabor de almendras amargas. Era cicuta. En ninguno de los dos casos las eficientes policías europeas encontraron los responsables.
Sin embargo, y a pesar de que el Vaticano siempre ha negado cualquier responsabilidad en el caso, dos años más tarde, en 1984, después de complicadisimas negociaciones, la Iglesia Católica pagó 250 millones de dólares al Tesoro italiano por los "errores de ingenuidad" cometidos por la gestión de Marcinkus en el IOR. Con eso la Santa Sede pudo negociar con las autoridades de Roma que Marcinkus no fuera procesado, esto es, su impunidad pura y simple. Recurriendo al texto del Concordato que reglamenta las relaciones con el Estado italiano, la Santa Sede recordó que Marcinkus era un servidor y ciudadano con pasaporte del Estado Vaticano y, por tanto, gozaba de inmunidades que no podían ser irrespetadas. Delante de esos argumentos, la Corte Constitucional fue obligada a revocar los mandatos de prisión de la justiciade Milan.
Paul Marcinkus regresa de Roma sin la ambicionada manta púrpura, pero con el discreto reconocimiento de un Papa que hizo lo maximo posible para defenderlo, aun cuando fue informado, a través de sus obispos repartidos en todos los rincones de la Tierra, de que las donaciones de los fieles para el tradicional óbolo de San Pedro dinero recogido para ayudar en las obras de caridad y a los compromisos del Pontífice estaban disminuyendo por culpa de la desprejuicida gestión de su protegido Marcinkus, una de las figuras mas controvertidas de la historia moderna del Vaticano.

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