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| 12/17/1990 12:00:00 AM

¿EL FINAL DEL CAMINO?

Tras once años al frente de Gran Bretaña, se vislumbra la caída de la Dama de Hierro.

"Howe apuñala a Maggie en el corazón" tituló el pasado jueves el popular Daily Star, de Londres, para registrar la embestida del ex primer ministro británico Geoffrey Howe, contra Margaret Thatcher por su política frente a Europa. Los demás diarios no reflejaron nada distinto. "Howe clava la daga" tituló The Diaily Express; "Howe, el asesino", afirmó el Daily Mail, mientras que el periódico sensasionalista The Sun preguntaba en grandes caracteres: ¿Maggie: es esto el final? .
Probablemente no hay mejor termómetro que los titulares de la prensa inglesa para medir la temperatura de los ánimos, caldeados a raíz del discurso del ex ministro que había acompañado a la dama de hierro desde 1979. Con una actitud menos fatalista y en cierto modo thatcherista, el Financial Times tituló: "Howe lanza un ataque devastador contra la primera ministra" y The Guardian escribió: "El ex ministro se ensañó con las imágenes de pesadilla de la Europa de Thatcher". The Independent sostuvo que "Las acusaciones de Howe pueden resultar un golpe mortal para Thatcher" y The Times afirmó en su titular que "El ataque de Howe dejó sin aliento a los diputados". Pero la situación generada por el discurso del ex ministro Howe, en el que explicaba las razones por las que habia renunciado una semana antes, no era otra cosa que el abrebocas de la crisis más aguda que haya vivido Margaret Thatcher en sus once años de gobierno.
La renuncia de Howe significaba algo más que eso. Habia sido el hombre consentido de la primera ministra británica, era la fidelidad en pasta y el único que quedaba de los que iniciaron hace once años su ejercicio ministerial al lado de la dama de hierro. Ahora se le veía levantado en ira santa y mostraba una gobernante que no escuchaba, que hacía la guerra por su cuenta, que despreciaba a sus colaboradores y que desbarataba a su antojo cualquier política diseñada cuidadosamente por el gabinete.

Las acusaciones llegaron como anillo al dedo para el ex ministro de Defensa Michael Heseltine, quien no encontró una mejor ocasión para lanzar su desafio frontal contra el liderazgo conservador de la primera dama inglesa. Por su parte, el líder del partido laborista Neil Kinnock, pescando en rio revuelto se lanzó con la propuesta de adelantar las elecciones "ante la Crisis del partido de gobierno". No faltó quien acusara a la ministra, como lo hizo el líder demócrata liberal, Paddy Ashdown, de estar detrás del bárbaro ataque del periódico The Sun contra los colaboradores Heseltine".
El ex ministro, quien para muchos es un verdadero salvador, para otros tantos es un arribista que pretende satisfacer sus ambiciones personales aun a costa del hundimiento del partido. La impopularidad de Thatcher podría indicar que cualquier persona canalizaría ese descontento, y aunque Heseltine se ha ganado a sus 57 años la fama de buen administrador, serio y eficiente, su propio biógrafo, Julian Critenley, le pronosticó un fracaso total por considerar que enfrentarse a la Dama de Hierro ha sido su peor error político.

La primera dama inglesa no vaciló en mostrar que no estaba dispuesta a dar el brazo a torcer. El día anterior al discurso de Howe afirmó en tono de advertencia que aplastaría a quien pretendiera desafiarla por el liderazgo conservador y aseguró que aunque los tiempos eran bastante difíciles, no iba a escurrir el bulto ni a utilizar tácticas dilatorias.
"Ese es mi estilo y no voy a ceder ante los grandes designios que pueda tener Bruselas", sentenció en una clara referencia a que no está dispuesta a cambiar ni la forma ni el contenido de sus políticas frente a la comunidad europea. Y aunque afirmó que el destino del Reino Unido está en Europa, manifestó que a ella lo que le importa son los resultados prácticos.
Aunque la cuestión europea es una de las principales discrepancias esgrimidas por los detractores dentro del propio partido de la Thatcher, lo que en realidad tiene con los pelos de punta a los ingleses es el famoso impuesto municipal poll tax que hace un par de meses se sacó de la manga la primera ministra y que ha causado toda clase de manifestaciones populares y movilizaciones antigubernamentales. De ahí que el primer caramelo que ofreció el ex ministro Heseltine, en caso de resultar elegido, haya sido el de la "inmediata revisión del poll tax".

La pelea entre la dama de hierro y Tarzán -como llaman a Heseltine viene desde hace cuatro años, cuando en una reunión del gabinete la primera ministra les dijo a sus ministros que le debían comunicar cualquier declaración que pensaran hacer. Ese día el entonces ministro de Defensa tomó su maletín, y salió del recinto. A su salida se encontró con un reportero de la BBC y le dijo: "Acabo de presentar mi renuncia". Pero todo se había originado en la discrepancia por la venta de la fábrica de helicópteros Weitland a una compañía norteamericana, en detrimento de una negociación con empresas europeas.
El europeísmo de Heseltine fue conocido después en su libro "¿El desafío de Europa: ¿puede ganar Gran Bretaña?", en donde escribe entre otras cosas: "La soberanía puede ser impotente. Un hombre en el desierto puede ser libre y soberano pero él no tiene ningún poder. Para tener valor, la soberanía debe poder utilizarse". Y en junio de 1989 Heseltine dijo hablando de Europa y recordando que no compartía la politica thatcheriana: Si no nos unimos a Europa quedaremos marginados. Si no jugamos nuestro papel, Francia y Alemania volverán a ser lo mismo que en los años 50".

El hecho es que "Ricitos de oro", como también se le ha llamado a Heseltine-, se ha lanzado a la conquista, no sólo del liderazgo del partido, sino de la jefatura del gobierno, ya que según los estatutos de su partido, si tiene el liderazgo del mismo, le correspondería ser el primer ministro. Pero lo que algunos observadores apuntan es lo que verdaderamente le motivó fue llevar a cabo por fin, su sueño: derrotar a Margaret Thatcher. Según los analistas ingleses, si el sueño de Michael Heseltine cuando estaba en Oxford en épocas de estudiante era ocupar el puesto de Churchill, desde mediados de la década de los 70 ha tenido otra obsesión: aplastar a la Dama de Hierro. Pero nunca desde que dejó el gabinete ha querido criticar directamente a la primera ministra, y se ha limitado a señalar sus diferencias de criterio.
"Son los mayores y más peligrosos felinos de la jungla "Tory" (conservadora) y ellos lo saben", afirma The Economist al referirse a su encarnizada y mutua rivalidad. Porque al parecer lo único que tienen en común estos dos dirigentes es la militancia conservadora y la ambición sin límites.

Lo que ahora queda por verse es si en la votación del próximo 20 de noviembre Heseltine sería capaz de obtener la mayoría absoluta (186 votos de los 372 miembros de la bancada parlamentaria conservadora) y que en ella cuente con un quince por ciento más que su rival.
En caso de que ninguno consiguiera la mayoría necesaria, probablemente la Thatcher se retiraría, para evitar mayores males a su partido. En ese caso, probablemente ascendería sin Douglas Hurd, uno de sus leales, actual ministro de Relaciones Exteriores.
Pero Heseltine ha podido sacar adelante su campaña y su prestigio, aunque algunos afirman que se lo debe a su fortuna que se calcula en 82 millones de libras esterlinas, derivadas en su participación en la editorial Da market de revistas especializadas. De salir victorioso, sería el primer británico desde Winston Churchill que vuelve desde la base a liderar el partido. Y todo indica que será tal como lo planeaba desde sus años de estudiante en Oxford. El europeísmo de Heseltine y su "capitalismo cariñoso" podrían reemplazar a la recalcitrante política exterior y al capitalismo individualista de la Thatcher. Pero es que 11 años de gobierno no pasan en vano.
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