Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1985/07/22 00:00

EL GENERAL APRIETA EL PUÑO

¿Se apresta Jaruzelski a endurecer el régimen polaco?

EL GENERAL APRIETA EL PUÑO

Gran expectativa rodeó la reunión del martes de la semana pasada entre el cardenal Jozep Glemp y el general Wojciech Jaruzelski. ¿De qué hablaron?, ¿quién puso en su sitio a quién? Las especulaciones no se acallaron por el hecho de que el portavoz del gobierno, Jerzy Urban, declarara que en esa entrevista únicamente "se reanudó el diálogo entre la Iglesia y el Estado". La verdad es que tal diálogo se había interrumpido ásperamente en enero del año pasado, sin que hasta el momento las tensiones entre los dos poderes --el militar y el eclesiástico-- se hayan mermado. Por el contrario, el habitual contencioso llegó a su punto más alto en octubre pasado, cuando el padre Jerzy Popieluszko fuera asesinado por miembros de la policía política polaca.
Por este solo hecho la reunión, que viene a ser la novena entre Glemp y Jaruzelski desde julio de 1981, revistió gran importancia. Pero además, el ambiente estaba cargado por nuevos hechos. La semana pasada un sacerdote de la diócesis de Kielce, el padre Marek Labuda, fue condenado a un año de prisión por haber participado en una huelga que incluyó la ocupación, organizada por estudiantes, de un liceo desde el cual se protestó por el retiro de los crucifijos de las aulas de clase.
Por lo que señaló el vocero gubernamental Urban, Jaruzelski tocó el tema de los sacerdotes militantes en su entrevista con Glemp. Según el jefe de Estado polaco, la Iglesia no puede propiciar el uso de los sacerdotes de su posición para hacer política. Por lo que se rumora, Glemp parece haber respondido que los sacerdotes no pueden abstraerse de las formas concretas del compromiso social de la Iglesia con sus feligreses.
Es posible que el cardenal también haya reprochado al jefe de Gobierno los ataques de la prensa polaca contra el Papa Juan Pablo II y aludido al controvertido juicio que culminó en estos días con la condena a varios años de cárcel para los tres dirigentes más notables en el puerto Báltico de Gdansk, como son Adam Michnik, Wladyslaw Fransiniuk y Bogdan Lis.
Condenados bajo el cargo de dirigir una "organización ilegal", es decir, las estructuras clandestinas de Solidaridad, los tres dirigentes fueron arrestados el 13 de enero pasado en Gdansk, durante una reunión que estudiaba la posibilidad de lanzar una huelga de 15 minutos contra las alzas en los precios, protesta que a la postre no se efectuó, debido a que los precios volvieron al nivel del cual habían sido elevados.
Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz y primera figura de Solidaridad, había sido beneficiado durante este último juicio por un tratamiento especial, pues a pesar de que él mismo se responsabilizó de la reunión sindical del 13 de enero, no fue llamado a juicio como sí ocurrió con sus tres camaradas. Esta situación podría, sin embargo, cambiar después de la reunión de Jaruzelski y Glemp, ya que Walesa ha sido citado por el procurador de Gdansk y el propio líder sindical ha declarado que la citación tiene que ver con los mismos cargos contra sus tres camaradas.
Las autoridades polacas vienen de darse aires de magnanimidad con la oposición, a raíz de la amnistía decretada en julio del 84 y que, entre otras cosas, había beneficiado en su momento a Fransiniuk, Michnik y Lis, y con la absolución en apelación el mes pasado de Jacek Kuron, uno de los ex jefes del Comité de Autodefensa Social (KOR), condenado por participar en una contramanifestación el 1° de mayo. ¿Expiaba de esta manera el gobierno de Varsovia la verguenza que sobrevino sobre él por el asesinato del padre Popieluszko? y, ¿pasada esta coyuntura, se apresta Jaruzelski a endurecer su régimen y a abrir una nueva etapa en la "normalización" del país?
Algunos analistas así lo creen a la luz del proceso de Gdansk y de otros signos que se ven en el horizonte: el endurecimiento de las sanciones del Código Penal, el refuerzo de los controles en las bases universitarias, un aumento en la rigidez de los procesos judiciales (en el juicio de Gdansk no se permitió la asistencia de la prensa extranjera) y una cierta degradación de las relaciones con la Iglesia.
Por lo pronto, Jaruzelski se siente muy seguro en su sillón. El mismo ha pedido a los miembros del Partido Comunista Polaco que critiquen las actuaciones de los funcionarios que cometen errores, "así como lo hacen los camaradas soviéticos que critican, abierta, pública y nominalmente" a las directivas administrativas y a "autoridades concretas del Partido".--

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