Jueves, 19 de enero de 2017

| 2009/10/10 00:00

El gladiador

La Corte Constitucional italiana tumbó la ley que le daba inmunidad al primer ministro, Silvio Berlusconi. Pero aunque ahora tendrá que enfrentar graves batallas legales y críticas de la oposición, todo indica que sobrevivirá.

Il Cavaliere es un luchador, un sobreviviente que no se dejará tumbar, y gobernará hasta 2013, cuando se termina su mandato

Ni su muy sonado divorcio, sus fotos en traje de baño, la crisis económica, los escándalos sexuales y ni siquiera las escandalosas declaraciones de la prostituta Patricia A'Dario lograron perturbar al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Por eso, cuando se conoció una decisión judicial capaz de ponerlo contra la pared, surgió la pregunta de si le habría llegado por fin la cuenta de cobro por sus andanzas.

Nadie lo sabe en realidad y lo que pase de ahora en adelante aún es una incógnita, pero una sola cosa es clara: ya no puede estar por encima de las normas legales. La razón es que el Tribunal Constitucional acaba de echar abajo la ley Alfano, creada por decreto por el propio Berlusconi tras su triunfo electoral en abril de 2008. La norma otorgaba inmunidad a cuatro altos cargos del Estado, incluido, por supuesto, el suyo. Pero los jueces decidieron que la norma es contraria al principio fundamental de las democracias liberales, según el cual todos los ciudadanos son iguales.

Para Berlusconi el veredicto se presenta en medio de una temporada escandalosa. Como afirma el diario español El País, enemigo acérrimo del Cavaliere, "la decisión de los máximos magistrados constituye una derrota política para el Primer Ministro italiano, que se suma al torrente de desprestigio acumulado en su constante confusión entre vida pública y comportamientos privados".

Al caer la ley de inmunidad, a Berlusconi, de 73 años, se le abre otro frente diferente al político: el legal. Tras una carrera pública de más de 25 años en los cuales ha esquivado 66 condenas, tendrá que aplicar su legendaria habilidad para sortear dos procesos graves en su contra, hasta ahora congelados por la insólita norma.

El más crítico es un caso de corrupción en el que Berlusconi es acusado de pagar 600.000 dólares al abogado británico David Mills para que mintiera a su favor en otros juicios en su contra. Sin embargo, y a pesar de que el jurista está condenado por los hechos, la ley italiana ordena que el proceso debe empezar de cero y es probable que concluya sin condena contra el Premier. El otro caso, denominado Medisaet, como su conglomerado de televisión, tiene que ver con la reventa ilegal de derechos televisivos y evasión de impuestos, pero por prescripción tampoco se espera condena alguna.

Como explica desde Roma el profesor de ciencia política de la American University en Roma James Walston, "según la ley italiana, los procesos empezarán de cero y aunque lo condenen puede apelar la decisión hasta tres veces. Es casi imposible que lleguen a un veredicto final antes del fin de su mandato, en 2013. Y también es improbable una condena, pues siempre lo han exonerado. Pero él está preocupado, pues es un golpe serio a su imagen y organización política."

Y no es para menos. La estrella del tres veces Primer Ministro y hombre más rico de Italia, dueño de grandes conglomerados de medios y equipos gloriosos de fútbol como el AC Milán, parece haberse apagado. Su imagen ya está bajo escarnio de la prensa internacional por su manera controvertida de divertirse en privado, y la semana pasada, una Corte milanesa dictaminó que el holding mediático de Berlusconi, Finivest, debe pagar 700 millones de euros a su archirrival, el grupo CIR del magnate Carlo De Benedetti, por sobornar a un juez en el proceso de compra de la editorial Mondadori. Y además, miles de italianos salieron a protestar recientemente por el control excesivo del mandatario sobre los medios, pues es dueño de tres canales de televisión y controla el canal estatal RAI.

Pero, como aclara Walston, Berlusconi es, antes que nada, un sobreviviente. Un luchador pintoresco que no permitirá que esto acabe con su carrera. Sus recientes declaraciones son prueba de ello. Poco después del veredicto de la Corte y en días siguientes, en apariciones públicas y ruedas de prensa le ha apostado al rol de víctima.

Ha arremetido contra la Corte por considerar que es un órgano político y de izquierda, e incluso ha acusado al sobrio presidente italiano Giorgio Napolitano de estar contra él y a favor de la izquierda. En unas declaraciones públicas afirmó: "No dimitiré, soy el mejor Primer Ministro de la historia. Siempre me han absuelto, la prescripción no es una condena. Los juicios de Milán son auténticas farsas...Los jueces son de izquierda...Soy con mucha distancia el hombre político más perseguido por la magistratura de toda la historia, de todas las épocas del mundo...2.500 audiencias".

También en actitud provocadora, dijo que saldrá adelante y que con o sin la ley gobernará hasta 2013. "A mí estas cosas me potencian. ¡Viva Italia!¡Viva Berlusconi!". Y si tiene algo a su favor, es que más del 47 por ciento de italianos todavía lo apoyan. Aunque varios analistas no puedan explicar la paradoja inexplicable de que un magnate anciano que tiene novias menores de edad, que invita a prostitutas a su casa, cuente aún con gran aceptación, es innegable que Berlusconi es uno de los políticos más queridos en Europa.

Pero, como dijo a SEMANA Fabio Rugge, decano de ciencia política de la Universidad de Pavia, su éxito se explica porque "es un líder carismático que puede hablarles a las personas de manera sencilla pero apasionada, es la versión rica del hombre común, un buen negociador con mucha energía, que además logra resultados concretos. Por esto muchas personas están dispuestas a perdonarle sus errores y su conducta aventuresca en su vida privada".

Y es un líder efectivo, que entrega resultados. Es un hombre fuerte, casi 'caudillo' que se apersona de los problemas, y a los italianos les gusta eso. Muchos de sus compatriotas le agradecieron su respuesta casi inmediata tras el terremoto de Abruzzo en abril de este año donde más de 300 personas murieron. Y después, cuando decidió celebrar la Cumbre G-20 en el mismo lugar, fue un momento de autopromoción. Este episodio, para Guido Legnante, profesor asociado de ciencia política y sociología de la Universidad de Pavia "fue un buen momento para mostrarse como un hombre fuerte en el nivel internacional, en el preciso instante en que los medios internacionales lo estaban masacrando". Y es ese uno de sus puntos más fuertes, sabe cómo promoverse. Y cuenta para ello con su propio sistema privado de televisión, la mejor arma, pues mientras la minoría de italianos lee los diarios, la mayoría ve noticias por la pantalla chica. Para varios analistas consultados por SEMANA, Berlusconi sabe cómo usar su extensa presencia en ese medio a su favor. Es un comunicador eficaz que sabe cómo llegarle a le gente y vender la imagen de un hombre exitoso.

En palabras de Walston, "mientras más viejo se pone, más pelo tiene, menos arrugas y más chicas. A los hombres les parece maravilloso y a las mujeres no les parece nada mal".

Después de esta semana Berlusconi ha perdido una batalla, pero no la guerra. Se le ve debilitado, preocupado y asediado. Tal vez por eso ha querido incluir a todo sus enemigos en sus extrovertidas declaraciones de los últimos días. No hay que omitir lo evidente. Ya no es el de antes, pues es mayor y, quiérase o no, los escándalos lo han disminuido y está cansado. Pero también es verdad que sus enemigos no son muy fuertes, la oposición italiana es frágil y no ejerce mucho poder contra la coalición centro-derecha del gobierno. Y aunque en días venideros tendrá que equilibrar su agenda política con sus apariciones en las Cortes de Roma y Milán, lo más probable es que de ésta saldrá ileso o si no, por lo menos, sobrevivirá.

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