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| 3/20/2005 12:00:00 AM

El gran juego

SEMANA presenta, en exclusiva para Colombia, el artículo en el que Garry Kasparov anuncia que se retira del ajedrez y piensa lanzarse a la presidencia de Rusia.

Hace 30 años, en el campeonato Junior de la Unión Soviética jugué mi primer encuentro de ajedrez importante a nivel nacional. Hace 20 años, en Moscú, me convertí en el campeón más joven de la historia. La semana pasada, en España, jugué mis últimas partidas serias, y gané el supertorneo de Linares por novena vez. Luego de tres décadas como ajedrecista profesional, de las cuales las dos últimas estuve clasificado como el primer jugador del mundo, he decidido retirarme del ajedrez profesional.

En nuestra época no es común que alguien se retire cuando aún se encuentra en la cumbre; pero soy un hombre que necesita una meta y que quiere trabajar para suscitar una mejoría. Mis logros y contribuciones son algo que corresponde a otros juzgar; pero siento que no cumplo ya un papel esencial en el ajedrez. Al declarar el campeonato mundial unificado fuera de alcance debido al caos político en el mundo del ajedrez, he quedado reducido a una repetición estéril.

Siempre me he propuesto metas ambiciosas y he tenido la suerte de alcanzar la mayoría de ellas. He conseguido todo cuanto puede lograrse en el campo del ajedrez y probablemente más en esto que cualquier otro jugador de la historia. Mientras tanto, existen otras áreas en las cuales aún puedo participar para tratar de obtener un cambio, en las cuales puedo plantear nuevas metas y encontrar nuevas oportunidades de canalizar mi energía. A la edad de 41 años considero que aún puedo obtener muchas cosas. Mis experiencias en el mundo ajedrecístico me han brindado excelentes bases para acometer estos nuevos retos.

Durante los últimos años he pasado buena cantidad de tiempo escribiendo una serie de libros llamada Mis grandes predecesores. (...) Este análisis de la historia del ajedrez se sintetizó en mi mente con mi amplia experiencia de juego contra computadores. Durante más de 50 años que se remontan hasta los primeros días de la computación, el ajedrez ha sido reconocido como un terreno de choque único en las disciplinas cognitivas. (...).

La naturaleza del proceso de toma de decisiones está poco explorada y me ha fascinado la posibilidad de utilizar mi experiencia y mi saber para arrojar luz sobre el tema. Estoy trabajando actualmente en un libro que trata acerca de la manera como la vida imita al ajedrez. Será publicado este otoño en Estados Unidos por Penguin. Examina las fórmulas que las personas utilizan para pensar y para resolver problemas. Por ejemplo, la manera como la esperanza y la duda afectan el modo en que procesamos la información, o el modo en que nos desempeñamos durante una crisis. Espero que también sirva como guía para mejorar este tipo de procesos. (...)

También contaré ahora con más tiempo para dedicarles a causas relacionadas con el ajedrez que siempre han sido muy cercanas a mi corazón. Una es la promoción de este juego en la educación. La Fundación Kasparov de Ajedrez apoya este deporte en los colegios y trabaja actualmente en una guía para enseñarlo en el salón de clases. El ajedrez tiene mucho que brindarle al mundo, especialmente a los jóvenes que extraen grandes beneficios de un pensamiento disciplinado, de una competencia amistosa y de aprender acerca de las consecuencias que traen sus decisiones. Se ha demostrado en muchos estudios que los niños que han estado en contacto frecuente con este deporte se desempeñan mejor en los exámenes y que muestran inclusive un mejor comportamiento. El juego ciencia estimula la capacidad imaginativa y la habilidad para el cálculo, además de mejorar la concentración.

Sin embargo, en última instancia es mi interés en la política el que ha jugado el papel central en mi decisión de reasignar mis recursos en un área tan alejada del ajedrez. Durante muchos años he sido un ferviente partidario de la democracia en Rusia y en ciertas ocasiones he participado en actividades políticas. Ahora podré hacerlo con la misma determinación y la misma pasión que empeñé en mi actividad de ajedrecista.

Creo que mis talentos y experiencia pueden ser útiles en el campo de la política. Hay algo que decir en favor de la capacidad que tiene un jugador de ajedrez para observar el conjunto del tablero. Muchos políticos están tan obsesionados con un problema o con un simple aspecto de un problema que pierden de vista el hecho de que su solución puede requerir una acción o algo que parezca completamente ajeno a la cuestión. Es natural para un ajedrecista, por el contrario, examinar un panorama más amplio. Zbigniew Brezcinski escribió recientemente acerca de geopolítica, llamándola "el gran tablero de ajedrez", y la analogía es correcta en muchos sentidos. (...)

Al igual que todos, estoy agobiado por la larga lista de problemas que aquejan al mundo actual. Estoy todavía más preocupado por la lista, aún más larga, de soluciones propuestas y por cuántas de ellas son consideradas por sus proponentes como exclusivas.

En lugar de mirar el conjunto del tablero, se están enfocando de manera demasiado estrecha y -como consecuencia de ello- diseñan soluciones muy estrechas. Nuestros líderes deben ser capaces de pensar con mayor ambición.

Es el momento de ser ambiciosos. La victoria en Ucrania y los replanteamientos decisivos en el Medio Oriente son sólo los símbolos más recientes de la manera como la democracia está predominando en el mundo actual, desde el punto de vista económico, militar y moral. Debemos reforzar ese predominio para establecer una agenda para el mundo entero y terminar con la era de complacencia y contemporización encarnada por las Naciones Unidas. Tanto en política como en ajedrez, o en el campo militar, o en el de negocios, cuando se tiene la ventaja se debe utilizar prontamente o se perderá sin remedio. Por primera vez en la historia estamos en una posición que nos permite hacerle mate a la tiranía. El impulso está ampliamente del lado de la democracia.

Lamentablemente ese no es el caso en mi hogar. Rusia pasa por una etapa de crisis y toda persona de bien debe pararse y resistir al ascenso de la dictadura de Putin. Rusia cuenta con demasiados generales y coroneles de la política; pero adolece de escasez de pensadores. (Hasta el número de jugadores de ajedrez de Rusia está declinando, lo cual es síntoma de una enfermedad más amplia). Espero que mi visión y mi capacidad de pensar en términos estratégicos puedan ser de ayuda para mi tierra natal. Debemos actuar ahora mismo para unir y crear una verdadera oposición democrática al régimen de Putin. En la actualidad puedo ofrecer no sólo mi nombre y mi consejo sino mi participación activa.

El papel exacto que voy a desempeñar en Rusia está aún por determinarse. Estoy motivado por esta nueva batalla estratégica que habrá de librarse en un tablero incomparablemente mayor. Al mismo tiempo me doy cuenta de que no se trata de un juego; sino de una lucha muy real por el futuro de mi país. Me estoy preparando para la lucha de mi vida. Cuando miro a mi hijo de 8 años me doy cuenta de que lo que está en juego no puede ser más grande.

Muchos rusos acaudalados están enviando a sus hijos a colegios extranjeros para mantenerlos lejos de los peligros creados por una jefatura autoritaria. La mayoría de mis compatriotas no cuentan con esa ventaja. Yo puedo hacerlo; pero quiero que mi hijo crezca en el país en que nació. Sin embargo, no quiero que tenga que preocuparse por prestar su servicio militar en una guerra ilegal ni que tema la represión de una dictadura.

Yo quiero que mi hijo viva en un país libre y que esté orgulloso de su país, y de su padre.

Mi retiro del ajedrez no tiene por objeto lanzarme a la candidatura presidencial, ni a ninguna otra, aunque no estoy dispuesto a eliminar ninguna posibilidad. Se trata de oponerme a nuestro régimen autoritario y a fomentar un cambio positivo. Hay millones como yo en Rusia que quieren ver una prensa libre, el imperio de la ley y elecciones justas y transparentes. Mi nueva tarea consiste en luchar por esas personas y por lograr esas cosas.
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