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| 2/6/2013 12:00:00 AM

El gran obstáculo que encontrará Brasil cuando cuente sus árboles

Con esta decisión el país tendrá que enfrentarse al nuevo rubro de la mafia: el lavado de madera.

Ahora que Brasil ha decidido contar los árboles de su selva en cuatro años, muchos se preguntan cómo lo hará, teniendo en cuenta que detrás de la cocaína y los diamantes, otra mafia que se creía controlada volvió a aparecer más nutrida que nunca: el lavado de madera. 

"La tala ilegal supone hasta el 90 por ciento del volumen forestal total de los principales países productores y hasta el 30 por ciento del comercio mundial". Así lo aseguró un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). La sorpresa se debe a que luego de la aplicación de una ley a corto plazo en 2000, la tala ilegal disminuyó significativamente, pero ahora la investigación demuestra que la reducción es el resultado de la sofisticación en las operaciones encubiertas de las organizaciones criminales para continuar con el negocio.

Según le dijo a SEMANA Alison L. Hoare, investigadora del centro de estudios ambientales Chatham House de Londres, uno de sus informes sostiene que aunque el tráfico de madera constituye un problema de grandes dimensiones,“la tala ilegal ha disminuido durante la última década en un 50 por ciento en Camerún, 75 por ciento en la Amazonía brasileña, y en un 75 por ciento en Indonesia. Igualmente las importaciones de madera ilegal han bajado 30 por ciento”. Sin embargo, esto se debe a que los delitos medioambientales y la apropiación ilícita de recursos naturales se están convirtiendo en actividades cada vez más rentables y, por ende, sofisticadas. 

Los protagonistas de la industria combinan ahora los métodos antiguos de producción y comercialización con sobornos, uso de las nuevas tecnologías para piratear permisos, blanqueo de talas, redes en carreteras para el transporte, entre otras muchas técnicas. El problema radica en que ningún incentivo para proporcionar alternativas rentables para estimular el comercio legal ofrece beneficios superiores a los de la tala ilegal. 

A esto se suma el hecho de que los riesgos para los delincuentes son bastante bajos, pues contrario a lo que ocurre con el tráfico de drogas, una vez cargada la madera en los camiones, los comerciantes no corren ningún peligro de ser detenidos porque la producción ilegal ya está mezclada con material legal.

El punto más débil para los programas de certificación es el del blanqueo de madera, que consiste en mezclar la madera ilegal con la legal durante la forestación y antes de ser puesta en los camiones de transporte. También se puede hacer filtrando la madera en plantaciones reales (como palma aceitera) o algunas que no existen pero que permiten el lavado. 

El transporte, por su lado, es el mayor obstáculo para combatir la comercialización. Como algunas especies de madera son de alta densidad, el transporte no puede ser fluvial porque se hundirían en el agua y, por ello, es que existen aserraderos ubicados cerca de las plantaciones. El problema es que los camiones casi nunca necesitan licencias para transportar madera dentro del mismo país, pues los materiales no son de contrabando como en otras mafias.

El avance de las tecnologías es otro aliado clave que ahora actúa a favor de la delincuencia. Los piratas informáticos son contratados por los carteles de tala ilegal para falsificar las licencias y evadir las restricciones. Un informe de Greenpeace, de 2007, indica que cerca de 1.7 millones de metros cúbicos de madera ilegal fueron extraídos en Brasil gracias a los piratas informáticos que están al servicio de cerca de 107 empresas madereras. Además, los sobornos permiten la evasión de impuestos, importaciones y exportaciones, porque significan una importante fuente de ingresos para policías, guardias forestales y funcionarios de aduanas. 

El informe “Justice for forests”, del Banco Mundial, reveló que “en Brasil, en 2010, altos oficiales fueron arrestados por su presunta participación en un delito de lavado de madera que fue extraída de un área del tamaño de California o España”.

La extracción ilegal de madera es tan rentable que se calcula que genera como mínimo 11.000 millones de dólares, una cifra que resulta alarmante si se tiene en cuenta que las drogas están alrededor de los 13.000 millones. Ahora bien, estas cifras se refieren simplemente a estadísticas oficiales que dejan por fuera los registros de blanqueo que pueden hacer que la cantidad sea hasta 30 veces superior a la que se conoce. Y hablando de los valores del negocio de la madera, el comercio mundial produce alrededor de 327.000 millones de dólares.
 
Si la tala ilegal constituye el 30 por ciento de esta cantidad, que podría llegar hasta un 50 por ciento incluyendo la madera blanqueada, el valor total asciende hasta los 100.000 millones de dólares. La Cuenca del Amazonas, donde se pretende hacer el inventario de árboles, es una de las tres regiones donde más se presenta la actividad ilícita en el mundo. En la última década, Brasil perdió un promedio anual de 2.6 millones de hectáreas, correspondiente a 6 millones y medio de acres.

A pesar de los esfuerzos de los últimos años para promover la sostenibilidad en todos los procesos industriales, según el informe, solo el 8 por ciento de los bosques mundiales están certificados, y el 90 por ciento de estos se encuentran en Norteamérica y Europa. Según le dijo a SEMANA Lepa Petrovic, oficial del Instituto de Criminología de Australia, “El comercio ilegal en la región de Asia y el Pacífico se suprime en cierta medida gracias a la política internacional, sobre todo por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Sin embargo, no hay penas ni sanciones para los países que explotan recursos madereros de manera insostenible”.

Clasificar las fábricas de madera, utilizar tecnologías satelitales para supervisar la pérdida de bosques, crear peajes en las zonas de tala, crear incentivos para que los funcionarios locales no sean sobornados, y trabajar en investigaciones de inteligencia son las soluciones que se contemplan en el informe de Pnuma. Ahora se suma la iniciativa de Brasil de hacer un inventario para controlar la deforestación. Saber si resultará efectivo, solo será posible con el tiempo. Lo único claro en este momento es que si no se reduce la rentabilidad de este negocio, el mundo estará frente a un gigante de proporciones casi iguales a las del narcotráfico y todos los esfuerzos serán en vano. Pues como se lee en la conclusión de la investigación de Pnuma, “en algunos casos ya se utiliza la tala ilegal como tapadera para otro tipo de delitos, incluido el blanqueo de dinero proveniente de las drogas”. 

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