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| 7/15/2006 12:00:00 AM

El que a hierro mata...

La muerte del líder de los separatistas chechenos fue recibida con alivio por quienes recuerdan sus masacres, y como un éxito crucial para el presidente Vladimir Putin.

Shamil Basayev nunca supo qué pasó. Un camión cargado con TNT estalló al lado de su vehículo, y su muerte fue instantánea. El destino fue más benigno con él que con los niños que murieron en su ataque más recordado, cuando sus terroristas tomaron una escuela en Beslán (Rusia).

Un hombre como Basayev sólo podía morir así. A los 41 años, era el líder de la guerrilla separatista chechena desde el comienzo de la lucha de ese pueblo del Cáucaso. En 1994, los insurgentes consiguieron una independencia de facto, tras expulsar de Grozny a las tropas rusas. La paz que firmó Boris Yeltsin no evitó que los separatistas siguieran cometiendo actos terroristas. Y el anuncio de presidente checheno Aslan Maskhadov, de imponer ley islámica, produjo aun más agitación.

En 1999 Basayev intentó, sin éxito, tomarse el vecinoDagestán, en apoyo a las guerrillas islámicas locales, lo que acabó con la paciencia del oso ruso. Las tropas enviadas por el nuevo presidente Vladimir Putin, reversaron el veredicto de la primera guerra chechena. En una sangrienta ofensiva, obligaron a los separatistas a refugiarse en las montañas del Cáucaso.

Basayev perdió a su familia en un ataque aéreo de los rusos a su pueblo, en 1995. Tres años más tarde le fue amputada una pierna tras pisar una mina. Su vida estaba atada a la violencia. Una serie de atentados, secuestros y asesinatos, que incluyó la sangrienta toma de un teatro en Moscú en 2002 y un hospital en Budyonnovsk, llegó a su clímax en septiembre de 2004, cuando en la escuela de Beslan murieron 344 personas, incluidos 186 niños.

Esta operación, que impresionó al mundo por su crueldad, marcó el punto de no retorno para Basayev. Putin ordenó un remezón en la cúpula de las Fuerzas Especiales de Seguridad y, apoyado por los precios del petróleo, les irrigó enormes recursos. Los éxitos militares se unieron a los políticos, pues Rusia logró instalar un gobierno checheno pro Moscú con alguna aceptación. Por eso, las fuerzas separatistas comandadas por Basayev están, a la hora de la muerte del líder, en su peor momento.

Las autoridades rusas sostienen que la muerte del separatista es la de la insurgencia chechena y el comienzo de la paz en el Cáucaso. Pero eso no parece tan claro. Si bien Basayev era un líder carismático, los chechenos fueron capaces de seguir adelante luego de la muerte de otras figuras. De hecho, los rebeldes ya anunciaron que, con su nuevo líder, Doku Umarov, la lucha continuará. Y el apoyo que ha conseguido Rusia entre la población se podría revertir si siguen las denuncias de detenciones arbitrarias y corrupción local.

Por otra parte, algunos sostienen que si bien la situación en Chechenia parece controlada, la lucha se podría incluso trasladar a las regiones circundantes como Daguestán e Ingushetia, que también tienen sus movimientos separatistas.
En cualquier caso, el golpe le viene muy bien a Putin y a unas fuerzas de seguridad rusas para las que la incapacidad para darlo de baja era una vergüenza creciente.
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