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| 6/6/2009 12:00:00 AM

El hijo pródigo

La OEA abre sus puertas al gobierno de La Habana, expulsado hace 47 años. Pero el pleno reintegro no es un camino de rosas.

Ocurrió por 'aclamación'. Uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría en el continente cayó el pasado miércoles, cuando en medio de aplausos la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida en la ciudad hondureña de San Pedro Sula, decidió anular la resolución, vigente por casi medio siglo, que expulsó a Cuba. Una vez más, quedó claro que América Latina ha convertido la isla de los hermanos Castro en la prueba de fuego de sus relaciones con el gobierno estadounidense de Barack Obama.

Las celebraciones grandilocuentes no se hicieron esperar. "Fidel Castro dijo promisoriamente hace más de 40 años que la historia lo absolvería, en una defensa en un juicio en La Habana. Nosotros queremos decirle al pueblo cubano y a Fidel Castro que hoy la historia lo absolvió", dijo el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, anfitrión de la reunión. Cuba se ha visto favorecida por el famoso giro a la izquierda en el continente y no le faltan aliados, desde los más ruidosos, como el venezolano Hugo Chávez, quien se apresuró a cobrar la que consideró una gran victoria, hasta los más moderados, como el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva. Varias voces hablaban del "pleno reintegro" de Cuba, sin cuestionamiento, pero en realidad no es tan sencillo.

La gran virtud de la resolución es que dejó a todos contentos. Defensores y críticos del gobierno cubano se mostraron satisfechos. El principal asesor de Obama para el Hemisferio, Dan Restrepo, negó que hubiera sido una derrota para Washington, como algunos lo pintaron, y recordó que el reingresó "no será automático". Tiene razón. La resolución consta de dos puntos. El primero, en efecto, anula la decisión de 1962. Pero el segundo afirma que "la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA". Si bien el lenguaje es más bien vago y no incluye la alusión directa a la Carta Democrática por la que abogó la delegación estadounidense, se entiende que esta hace parte de los principios de la organización.

"Este proceso habría podido terminar siendo un desastre porque hubo quienes intentaron la reincorporación de Cuba a la OEA sin que el régimen totalitario de la isla hiciera reformas. Por fortuna, al final se le incluyó una serie de requisitos que Cuba debe cumplir", dijo a SEMANA José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.

La noticia llegó en medio del gradual proceso de deshielo entre Washington y La Habana que promete un cambio de era. Hace un par de meses, el gobierno de Obama levantó las restricciones de los cubanoamericanos para viajar a la isla y enviar remesas, justo antes de la Cumbre de las Américas donde Cuba, ausente de la reunión, eclipsó los demás temas. Y hace unos días, La Habana aceptó la propuesta de Washington de reanudar conversaciones directas sobre temas migratorios, un diálogo que se había iniciado en 1994, después de la llamada crisis de los balseros, y había sido suspendido en 2003 por George W. Bush. En ese contexto, a pesar de sus reservas, la diplomacia estadounidense se unió a la posición mayoritaria y, de paso, mostró la nueva actitud hacía América Latina que ha venido prometiendo.

La resolución de 1962 era anacrónica. La expulsión de Cuba estuvo justificada en que "la adhesión de cualquier miembro de la Organización de Estados Americanos al marxismo-leninismo es incompatible con el sistema Interamericano". Todos los países miembros, excepto México, decidieron romper relaciones diplomáticas en aquel entonces. Pero el escenario es distinto hoy, cuando la Guerra Fría es historia, Cuba ya no trata de "exportar la revolución" y la izquierda ha llegado al poder en la mayoría de países de la región. A pesar del bloqueo de Estados Unidos, Cuba no está aislada. Sin ir muy lejos, esta semana el paraguayo Fernando Lugo se convirtió en el décimo mandatario latinoamericano en visitar a Raúl Castro en lo que va del año y una de las primeras medidas del presidente salvadoreño, Mauricio Funes, a pocas horas de asumir el poder, fue restablecer relaciones diplomáticas con la isla. Era el único país latinoamericano que no lo había hecho.

Lo paradójico es que tanto el gobierno cubano como Fidel Castro parecen los menos interesados en pertenecer a la OEA, un organismo al que han llamado "ministerio de colonias" o "pestilente cadáver". Desde sus habituales "reflexiones", el octogenario ex presidente cubano ha afilado su pluma contra la organización, a la que ha culpado de todos los males. "La totalidad de los países de América Latina fue víctima de las intervenciones y agresiones políticas y económicas. No hay uno solo que pueda negarlo. Es ingenuo creer que las buenas intenciones de un presidente de Estados Unidos justifique la existencia de esa institución que abrió las puertas al caballo de Troya que apoyó las Cumbres de las Américas, el neoliberalismo, el narcotráfico, las bases militares y las crisis económicas", escribió. Aunque, eso sí, celebró lo ocurrido en Honduras, aseguró que iba a ser recordado por futuras generaciones y sentenció que "nunca se vio tanta rebeldía". Como apuntó con un toque de humor The Economist, Fidel, como Groucho Marx, no quisiera hacer parte de ningún club que lo acepte como miembro.

"La cláusula democrática de la normatividad de la OEA está vigente, de modo que para que las cosas cambien se necesitaría que se elimine esa cláusula o que Cuba haga cambios en dirección a la democracia", dijo a SEMANA Carlos Malamud, investigador argentino del Real Instituto Elcano, el instituto de estudios políticos más prestigioso de Madrid, y autor de una historia de América Latina. "La reacción del régimen cubano deja una cosa clara: seguramente Cuba quiere regresar a la OEA, pero no está dispuesta a pagar el peaje que le pide la organización".

En cualquier caso, el primer obstáculo para el regreso de Cuba está superado, aunque el debate sobre si la transición a la democracia debería ser un requisito para el ingreso a la OEA sigue vigente. "Yo diría que la tesis que va a triunfar es que el ingreso a la OEA debe ser parte del proceso de transformación democrática de Cuba. No es el fin, sino más bien el comienzo", dijo a SEMANA Mauricio Cárdenas, director de la Iniciativa para América Latina de la Brookings Institution. En su opinión, a pesar de la retórica de los Castro, Cuba eventualmente va a ingresar a la OEA. "Puede que no les guste y tengan críticas históricas, pero la OEA es la puerta de entrada al sistema interamericano, que incluye el Banco Interamericano de Desarrollo, y la situación económica de Cuba no les permite en este momento darse el lujo de no tener relaciones con el BID".

La pelota está ahora en el campo cubano. "Estados Unidos fue más allá de lo que deseaba y los sectores cubanoamericanos se van a encargar de impedirle al gobierno de Obama dar más pasos por un tiempo", asegura Cárdenas. Nuevos desarrollos, incluida la posibilidad de levantar el impopular bloqueo, probablemente dependan de avances del gobierno cubano en derechos humanos y libertades políticas. Pero es difícil anticipar si está dispuesto a dar ese paso.
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