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| 7/13/2012 12:00:00 AM

El hombre que atenta contra la siesta española

Los españoles almuerzan a las dos de la tarde, duermen siesta hasta las cinco... una vida que según algunos van a tener que abandonar para paliar la crisis.

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BBC
Tomás Franca es español, tiene 87 años y recuerda que cuando era pequeño hacía el almuerzo sobre las 12:30 del día. Pero en 1936 estalló la Guerra Civil española y, a partir de ese momento, los horarios españoles cambiaron con respecto a los del resto del mundo occidentalizado, que sigue almorzando sobre las 12:30 y cenando a las 19:00.
 
En España no es así. El periodo de postguerra y carestía provocó que los españoles asumieran más de un trabajo para sobrevivir.
 
"Todavía recuerdo cuando se trabajaba durante la mañana en el campo, hasta las 14:00. Después se paraba a comer, había un descanso y se seguía hasta el anochecer", le cuenta Franca a BBC Mundo.

Ahora, los turistas se extrañan cuando llegan a España y observan que los restaurantes tienen las cocinas abiertas de 13:00 a 16:00 y que la cena se sirve a las 21:00.

"Los horarios españoles han dejado de tener sentido", alega Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, economista y doctor en Ciencias de la Información. Él abandera los cambios de ritmos para España.

Normalmente, en España, las empresas de servicios, instituciones y pequeños comercios detienen su actividad durante dos horas para comer, de 14:00 a 16:00. Posteriormente se retoma el trabajo hasta las 18:00 o más, por eso se retrasa la cena y, según cálculos de la OCDE, hace que tengan de las jornadas laborales más largas de Europa.

"Estos horarios no son productivos, no se optimiza el tiempo, provocan muchos gastos de electricidad y no favorecen la conciliación familiar", resume Buqueras, que lleva nueve años en su lucha.
 
Las acciones de Buqueras
 
"Ya me he reunido cuatro veces con el Presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y otras tantas con miembros de la oposición. Y vamos avanzando", le dice Buqueras a BBC Mundo.

Hace unos días conseguimos que se aprobara por unanimidad en el Congreso una subcomisión sobre racionalización de horarios", cuenta satisfecho. "Aunque ya debería cumplirse el Plan Concilia aprobado en 2005 por el que las instituciones tienen que apagar luces a las 18:00", matiza.

Pero el ritmo de vida en España está enraizado. Los informativos televisivos empiezan a las 15:00, los nocturnos a las 21:00, y los programas de máxima audiencia terminan después de las 23:00.

"Acostarse tan tarde causa fracaso escolar, absentismo laboral, estrés, accidentes…", asegura.
 
Y sigue de reunión en reunión con organizaciones empresariales y sindicatos. "Pero no es fácil, encuentro por ejemplo bastante resistencia por parte de los sindicatos y empresarios", revela Buqueras, "además de que hay hombres que no quieren horarios flexibles porque eso significaría implicarse más en la vida familiar", añade. "Aunque eso nunca lo van a reconocer en público".

"Está mal visto que una empresa defienda la jornada laboral tradicional española porque lleva implícito que no sea compatible con la conciliación de la vida profesional, familiar y personal", añade María Sánchez, portavoz de la plataforma Conciliación Real Ya.

Esta presión social que estigmatiza a quienes quieren continuar con la tradición se evidencia en casos como el de la empresa Ayesa, cuyos empleados -entran a trabajar a las 08:00, tienen dos horas para comer y salen de trabajar más tarde de las 18:00- se ha negado a dar declaraciones a la BBC.

Un caso pionero y premiado
 
La empresa española de energía Iberdrola fue la primera empresa de la bolsa española en aplicar la jornada continua en 2007 y ahora acumula premios de responsabilidad social.
 
"La decisión fue consecuencia de nuestro total convencimiento de que esta medida beneficiaría a los empleados y a la empresa, como así ha sido", confirma Ramón Castresana, director de Recursos Humanos del Grupo Iberdrola.

"La productividad ha aumentado en 500.000 horas anuales. Además, hemos reducido el índice de absentismo en un 10%, y el índice de accidentalidad en un 60%". Y aclara: "El 25% de los accidentes se producían después de las horas de la comida".

Y prosigue; "Con el cambio hemos apreciado una clara reducción de gastos de consumo eléctrico, de agua y de servicio de comedor", asegura. "Y otro beneficio es que el equipo está orgulloso de trabajar aquí, un aspecto aún más relevante en periodos económicos complicados en los que es más difícil alcanzar los objetivos. Además, esto nos permite atraer incorporar los mejores profesionales a nuestra plantilla", asegura Castresana en conversación con BBC Mundo.

Adaptación controvertida

Una de las cuestiones asociadas al cambio horario en España es la supresión o la reducción de la afamada siesta. "Lo más reponedor es una siesta light, de 10 minutos, que sigue siendo compatible con la racionalización de horarios", explica Buqueras. Pero más que esa razón, lo que está amenazando o al menos acortando esa tradición es la crisis económica.

El gobierno de Cataluña le ha pedido a las escuelas que apliquen la jornada intensiva (hasta las 15:30), pero la Federación de Padres de Alumnos de Cataluña se posiciona en contra.
 
"No encontramos los beneficios para el alumno. Lo que quiere el gobierno catalán es ahorrar en electricidad cerrando el colegio por las tardes y quitando las becas de comedor para alumnos con menos recursos. Esto genera desigualdades", dice Alex Castillo, presidente de la federación.

"Además, los padres salen tarde de trabajar y tendrían que contratar a alguien para que los niños no se queden solos en casa o en la calle, y solo los alumnos con más recursos podrían apuntarse a actividades extraescolares", añade.

"El cambio debería ser de forma paulatina y entendemos que debe adaptarse a circunstancias como las características del trabajo, los periodos estacionales y la conciliación", explica Rita Moreno, responsable de Negociación Colectiva del sindicato Comisiones Obreras. "No se pueden quedar servicios desatendidos, lo interesante son turnos y flexibilidad".

"Estamos intentando que este tema sea imparable, de momento ya es políticamente incorrecto oponerse a nuestras propuestas. Habrá cambios de costumbres y hábitos, pero será para mejor. Es una acción de todos", concluye Buqueras.
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