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| 8/21/2010 12:00:00 AM

El hombre invisible

A un año de que la Asamblea General decida sobre su continuidad, el liderazgo del surcoreano Ban Ki-moon al frente de la ONU es cada vez más cuestionado.

"Nunca olvidaré la destrucción y el sufrimiento que he visto. He estado en muchos desastres, pero nunca había visto uno como este", dijo la semana pasada el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, cuando visitó Pakistán y presenció las dimensiones de la tragedia provocada por las lluvias monzónicas, que han dejado 1.600 muertos y 20 millones de damnificados."Estas inundaciones no tienen precedentes y necesitan una asistencia sin precedentes", remató. Muy pronto, sus declaraciones le dieron la vuelta al mundo. Por un momento, el gris diplomático surcoreano salió de la invisibilidad que ha caracterizado su gestión.

Porque el malestar con el desempeño de Ban, quien termina su primer mandato el próximo año, va en aumento. Su imagen tambalea y, para muchos observadores, la organización está a la deriva. Después de casi cuatro años al frente de la ONU, su inglés no es fluido. Los periodistas que cubren los cuarteles generales en Nueva York se quejan de que sus declaraciones suelen ser erráticas. También comentan que la moral del personal de la organización está a la baja, y aunque no se quejan en público, lo hacen off the record. El liderazgo brilla por su ausencia, al punto que un documento interno filtrado hace unas semanas lo califica de "deplorable", y varios analistas califican a Ban entre los peores secretarios generales que ha tenido la ONU.

Dos recientes artículos muy críticos con el surcoreano coinciden en reseñar sus paupérrimas facultades discursivas. The Guardian recuerda cómo cuando Ban visitó por primera vez Washington como secretario general, en enero de 2007, el entusiasmo dio paso al aburrimiento, con una audiencia que revisaba sus celulares en medio de un discurso soso. Y en Foreign Policy, James Traub, autor de un libro de referencia sobre los años de Kofi Annan en la ONU, aboga por que el surcoreano no sea reelegido. Traub narra cómo en mayo de 2006, cuando Ban hizo su debut como candidato a secretario general en una sesión de preguntas en el Council on Foreign Relations, sus respuestas vacías lo adormecieron a los 20 minutos. Ban no se ha podido deshacer de ese efecto soporífero.

Cuando fue elegido, sus defensores argumentaron que se necesitaba mucho más un "secretario" que un "general". El entonces embajador del gobierno estadounidense de George W. Bush ante le ONU, John Bolton, un enemigo declarado del organismo, no se cansó de recordar la descripción oficial del puesto: "jefe administrativo de la organización". En aquel entonces, la administración Bush quería un perfil opuesto al del saliente Kofi Annan, quien había sido una piedra en el zapato para sus planes de guerra en Irak.

Con todas sus luces y sombras, el ghanés Annan, con su estilo clerical, consolidó una autoridad moral que no se veía desde Dag Hammarskjold, el legendario secretario general que murió en un accidente de avión en 1958. Annan defendió el humanitarismo, extendió las misiones de paz y para el final de su primer periodo de cinco años ganó el Premio Nobel de Paz.

Pero todo empeoró para el africano cuando Bush reemplazó a Bill Clinton en la Casa Blanca, pues el tejano despreció el multilateralismo. Aunque el Consejo de Seguridad apoyó la guerra contra los talibanes tras los atentados contra las Torres Gemelas, Washington invadió Irak en abierto desafío a la ONU. Annan trató de hacer reformas para evitar los "ataques preventivos" que defendía la doctrina Bush, pero sus esfuerzos fueron minados por el escándalo de Petróleo por Alimentos, una controversia que involucró a su hijo. Al final logró enderezar el camino y la ONU tuvo una respuesta exitosa al tsunami que sacudió a Asia, pero su tirante relación con el gobierno Bush nunca mejoró.

Fue así como Ban, a quien apodaban 'el Burócrata', llegó al puesto con el apoyo de la Casa Blanca a pesar de (o gracias a) su bajo perfil. Desde que asumió el cargo, se esperaba una diplomacia silenciosa. En cualquier caso, la comparación con el carismático africano deja mal parado al actual Secretario General. "Annan, a pesar de su fracaso parcial en Irak y en su reforma sistémica, ha alcanzado un estatus de Papa secular. Ban es una figura mucho menor y puede ser obstaculizado por la falta de imaginación", dijo a SEMANA Mark Lagon, experto en la ONU de la Universidad de Georgetown y miembro del Council on Foreign Relations.

Las críticas se acumulan. Hace un año se filtró un memo de la vicerepresentante danesa ante la ONU, Mona Juul, que hablaba de un Secretario General "sin carácter y sin encanto", que no logró detener las violaciones a los derechos humanos en lugares como Myanmar (Birmania), regido por una junta militar, y Sri Lanka, donde el gobierno mató miles de civiles en su campaña para liquidar a los Tigres Tamiles. El memo aseguraba que la ONU estaba ausente de las grandes crisis y que el surcoreano había perdido la fe y el respeto tanto de los países miembros como de su propio equipo.

Una segunda filtración, el mes pasado, empeoró la situación. El reporte final de Inga-Britt Ahlenius, la saliente cabeza de la Oficina de Supervisión Interna de Naciones Unidas (Oios), califica de "deplorable" el liderazgo de Ban. En una feroz crítica de 50 páginas, lo acusa de falta de transparencia, de minar a su oficina, de incumplir la promesa de reformar la organización y de dirigirla hacia la "irrelevancia".

Para rematar, también lo han acusado de aceptar a puerta cerrada un acuerdo con Israel sobre el panel de la ONU que investiga el ataque a una flotilla humanitaria que se dirigía a Gaza. En la comisión incluyó nombres cercanos a Washington, como el ex primer ministro neozelandés Geoffrey Palmer y el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, lo que para sus críticos los convierte en previsibles simpatizantes de Israel.

El próximo año se debe volver a escoger Secretario General. El presidente estadounidense, Barack Obama, ha dicho que necesita a la ONU para impulsar su agenda contra la proliferación nuclear, el cambio climático y otros temas de gran calado. Parece poco probable que consiga metas ambiciosas con el actual liderazgo. Pero, a pesar de todo, es probable que Ban consiga un segundo mandato, pues no desafía a ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho a veto (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia). Ban es muy popular en su natal Corea, una de las historias más exitosas de la ONU, pues nació con su apoyo en 1948 y fue defendida por tropas internacionales tras la invasión de Corea del Norte, para después convertirse en una de las principales economías del mundo. Y Washington no quiere ofender a Seúl, donde se vería como un fracaso nacional que Ban no fuera reelegido.

"Los grandes poderes rara vez quieren a un Secretario General dinámico. Algunas veces los sorprenden, como Hammarskjold y Annan, y a veces consiguen lo que buscan, como Ban Ki-moon", dijo a SEMANA Thomas Weiss, autor de varios libros sobre la ONU y profesor de la City University of New York. "Sin duda conseguirá un segundo periodo. Me gustaría pensar que la administración Obama toleraría un Secretario General más dinámico y visible, pero no hay evidencia de que ese sea el caso".

Su eventual reelección no logra maquillar el balance de Ban. Como asegura el profesor Lagon, "un hombre muy decente que representa la historia de éxito económico y democrático de Corea ha probado inequívocamente ser una decepción".
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