Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2000/02/28 00:00

El infierno

El mundo mira indiferente el baño de sangre de Chechenia. Reportaje del enviado especial de SEMANA, Herbin Hoyos.

El infierno

Los paramilitares de Chechenia son más temidos por la escasa población que queda en Grozny que las mismas bombas que les llueven de parte del ejército ruso. Su principal misión es recorrer los caminos, ir de casa en casa en busca de guerrilleros, o auxiliadores de guerrilleros, o sospechosos de serlo. Casi siempre quien cae en sus manos es horriblemente asesinado. A los hombres les hacen quitar la camisa en busca de las señales que deja en el cuerpo la campaña: moretones en el hombro, marcas de morrales. Cualquier apariencia es suficiente: los fusilan en frente de su familia y los vecinos para que el escarmiento quede bien grabado.

SEMANA presenció la captura de un hombre a quien acusaron de guerrillero. Mientras lloraba y suplicaba lo mutilaron lentamente antes de matarlo de un balazo en la frente. Este reportero no pudo evitar recordar esas escena cuando el mismo grupo le confiscó un casete con una entrevista con el líder checheno Samil Basaiev. Fueron unos cuantos culatazos para un resultado de moretones y contusiones en unión de un colega alemán. Dados los antecedentes, fue un balance muy afortunado.

Las milicias de renegados pro-Rusia actúan como una policía del caos. Son unos 3.000 en la ciudad y 25.000 en el resto de Chechenia, bajo el comando del ex alcalde Beslan Gantamirov. Por supuesto, actúan con la discreta aprobación de los rusos, que contribuyen con lo suyo. Los bombardeos sobre Grozny han sido incesantes durante los últimos 25 días. La ciudad es una gran masa de escombros y hierros retorcidos por los que transitan unos cuantos fantasmas en busca de comida siempre que baja la intensidad de los combates.

Pero la guerra que se desarrolla en Chechenia, a pesar del despliegue periodístico, es un conflicto relativamente olvidado en el sistema internacional. Las voces que se han levantado contra la violencia desplegada allí encuentran con una barrera infranqueable: oficialmente la guerra de Chechenia es un conflicto interno. Y el presidente encargado de Rusia, Vladimir Putin, sabe muy bien que está en su puesto por haber exhibido, como primer ministro de Boris Yeltsin, una mano dura con los chechenos independentistas. Y, por supuesto, que sólo podrá ganar las elecciones presidenciales de marzo si sigue por ese camino.

La determinación rusa de vengar la guerra perdida en Chechenia hace tres años y la obstinación de los guerrilleros nacionalistas, a quienes Moscú llama terroristas, hacen que se haya escalado la guerra hasta ser la más despiadada, la más salvaje de los últimos tiempos. .

Esa guerra había terminado en 1996 con un tratado de paz que reconocía autonomía a Chechenia pero no la ponía por fuera de la Federación Rusa. Pero se prendió de nuevo en agosto cuando hombres apoyados por el gobierno de Aslan Maskhadov invadieron a la vecina Daguestán. Para Moscú, lo que querían hacer era iniciar el camino para la creación de un gran estado islámico entre el mar Caspio y el mar Negro. Esa es otra razón para la indiferencia occidental: la idea de un nuevo triunfo del fundamentalismo islámico, esta vez en un territorio estratégico clave para el suministro de petróleo, no le gusta a casi nadie en Occidente.



Los grupos

En Chechenia existen más de 20 grupos nacionalistas y ‘terroristas’ pero cinco son los que están manejando la resistencia contra Moscú. En total puede tratarse de unos 20.000 combatientes.

El primero está liderado por el millonario de origen saudí Osama Bin Laden, el terrorista más buscado por Estados Unidos, acusado de la muerte de más de 300 personas en ataques con bombas a sus embajadas en Kenia y Tanzania. Está señalado de ser el jefe del tráfico de heroína, comerciante de armas químicas y artillería. El segundo grupo es el de Shamil Basayev, promotor de un movimiento islámico de extrema derecha con ideas medievales, quienes predican ser descendientes de los Vajabitas, un movimiento ortodoxo del siglo IX.

El tercer grupo está liderado por Salman Raduyev, quien en 1995 tomó Buinasksk, en Dagestán, y voló un edificio residencial mientras la gente dormía. El cuarto está al mando de un individuo de Arabia Saudita que domina las montañas de Grozny. En ese bando está también la Fuerza Armada de Chechenia, al mando del presidente Maskhadov, de quien se dice fue herido en los últimos días. Maskhadov fue coronel del ejército ruso pero entre 1994 y 1996 lideró victoriosamente la guerra de los chechenos contra Moscú.

Cuando desapareció la Unión Soviética se desvaneció también la idea de que en su territorio el delito estaba bajo control. En Moscú se dice que Chechenia está por fuera de la ley. Chechenia alberga a los terroristas más buscados del mundo, recibe el tráfico de armas más grande del Medio Oriente y controla el de heroína que surte a Europa y Asia. En su territorio hay 1.500 secuestrados y 1.000 personas han desaparecido.



Bombas y víctimas

El ejército ruso no ahorra nada: ni bombas incendiarias ni de destrucción masiva, ni las temibles bombas espiral y las de implosión que hacen temblar la tierra, las cuales generan sismos de hasta 4,5 grados en la escala Richter.

Kasim Vabisqui, un oficial ruso, reconoció a SEMANA que van por lo menos unos 8.400 muertos entre combatientes y población civil; de esta cifra por lo menos 2.400 son soldados rusos, 3.000 guerrilleros y un saldo de civiles, sin contar la cantidad de cuerpos que están en estado de descomposición atrapados bajo los escombros con 85 por ciento de la ciudad destruida.

Esta guerra ha dejado hasta el momento cuatro millones y medio de refugiados según datos de la Organización para los Refugiados del Mundo. Ingushetia es una república ubicada al occidente de Chechenia. Nazran, su capital, tiene 360.000 habitantes pero hoy alberga además a 625.000 refugiados de Chechenia. Como dijo a SEMANA el oficial Igor Raduyev, encargado de sanidad: “A 15 grados bajo cero un simple resfriado es fatal. Al otro día es laringitis, al tercer día viene con hemorragia, pulmonía, bronconeumonía y la muerte”.

Un camión que transportaba refugiados al sur de Grosny, llevaba 195 personas y por lo menos 100 perros. Es obligación llevar perros a los campos de los refugiados, sirven a la gente de motivación, de entretención, de guías y también de comida en casos extremos.

Pero hay otro tipo de refugiados: son los que están ‘protegidos’ por los guerrilleros. A éstos los tienen en condiciones infrahumanas, la guerrilla los obliga a hacer los trabajos más riesgosos como colocar bombas en puntos estratégicos . Los ancianos y los niños son utilizados para infiltrarse y transportar armas y municiones . Por ello los rusos ya no hacen distinciones entre civiles y combatientes. De ninguna de las partes existe la más mínima garantía de protección para los habitantes atrapados por el conflicto. Y la muerte sigue recorriendo Chechenia, recordando al mundo que una guerra como esta, sin control alguno, es algo que hay que evitar a toda costa.

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