Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/13/2011 12:00:00 AM

El laberinto de Dilma

Acusaciones de corrupción contra los ministros de Dilma Rousseff golpean su popularidad, amenazan el legado de Lula y ponen en peligro su coalición.

Reemplazar al ultrapopular Luiz Inácio Lula da Silva ya era para Dilma Rousseff un reto colosal. Pero, además, para la presidenta de Brasil, sus primeros siete meses en el poder han sido mucho más turbulentos de lo esperado. Las renuncias por corrupción de tres ministros, de un viceministro y de decenas de funcionarios tienen en vilo a la coalición de gobierno, limitan su margen de maniobra y empantanan sus políticas.

La Operación Voucher es la última olla podrida. La semana pasada, Federico Silva, viceministro de Turismo, del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), y 37 funcionarios más fueron detenidos después de que supuestamente desviaron más de tres millones de dólares. El Ministerio le pagó al Ibrasi, un instituto público de infraestructura, para dictar cursos que nunca se realizaron. Según el director de la Policía Federal, Paulo de Tarso, "el dinero, producto de contratos sin licitación, se pagaba a compañías que no existían".

Unos días antes, había estallado un escándalo mucho mayor. Según el periódico Folha de São Paulo, el ministro de Agricultura, Wagner Rossi, infló la nómina de la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), para poner a familiares de sus aliados del PMDB. Entre 2007, cuando Rossi dirigía la Conab, y 2010, los asesores especiales del gabinete se multiplicaron por cuatro, y solo en 2011 se crearon 21 cargos. Entre los nuevos empleados están hijos de senadores, esposas de diputados y sobrinos de expresidentes del partido de Rossi.

La revista Veja también provocó la salida, la semana pasada, de Milton Ortolan, secretario ejecutivo de Agricultura, por su cercanía con un 'lobbista' que tenía oficina en el Ministerio. Desde ahí sobornaba a funcionarios, elaboraba los pliegos de las licitaciones y elegía las empresas ganadoras de las contrataciones. Ortolan es amigo, desde hace más de 25 años, del ministro Rossi, por lo que para muchos es solo cuestión de tiempo antes de que su cabeza también ruede.

Dos escándalos en menos de una semana, que se suman a la salida, en mayo, del poderoso Antonio Palocci, ministro del gabinete, por el inexplicable aumento de su fortuna, y a la renuncia, en junio, de Alfredo Nascimento, ministro de Transportes, del Partido de la República (PR), después de que se revelaran sobrefacturaciones de contratos públicos y de que el patrimonio de su hijo arquitecto aumentara 86.500 por ciento en dos años.

Desde ya los medios anuncian nuevas investigaciones contra el general Enzo Martins Peri, comandante del Ejército, y contra el Ministerio de las Ciudades, por irregularidades en contratos. Con la organización del Mundial de Fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016, el gobierno ha invertido miles de millones de reales en infraestructura, cursos y obras. Raudales de dinero que alborotan el apetito de los corruptos.

La popularidad del gobierno de Dilma ya cayó ocho puntos, para llegar a 48 por ciento. Pero la gran preocupación de Brasilia, por ahora, es proteger su coalición. La alianza con el PMDB y el PR, los dos partidos golpeados por los escándalos, es vital, pues totalizan 141 diputados y 25 senadores, y pueden bloquear la agenda legislativa de Rousseff. Un pacto que tanto ella como Lula recompensaron con ministerios y puestos públicos, pero que ahora peligra, pues hay incomodidad en la alianza por las purgas de Dilma y sienten que así les quieren quitar el poder y la contratación.

Para tratar de calmar la tempestad, Dilma se reunió con Lula, quien sigue siendo uno de sus consejeros más cercanos. Él le recomendó renegociar puestos con sus socios para tenerlos contentos. Pero lo que choca es justamente ese manejo de la política, y muchos sienten que Lula, en sus años al poder, con tal de conservar sus alianzas, se hizo el de la vista gorda frente a la corrupción.

Por eso ahora la oposición evoca el fantasma de Fernando Collor de Mello, quien en 1992 abandonó la Presidencia por saquear el erario. Aunque evidentemente la comparación es exagerada, Dilma está dilapidando en pocos meses un capital de confianza clave para gobernar hasta 2015.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.