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| 11/12/1990 12:00:00 AM

EL LADO OSCURO

Disturbios en Osaka ponen al descubierto la parte sórdida de la sociedad más rica del mundo.

La imagen del Japón se asocia hoy con el desarrollo, no sólo en el campo científico sino en el económico. De hecho, la mayoría de los japoneses tiene la percepción de que su país es una sociedad sin clases en la que la armonía florece en el campo abonado de la riqueza. Pero de vez en cuando, un incidente les recuerda que debajo de la cubierta de prosperidad ilimitada, bulle un submundo de conflictos, privaciones y un comportamiento antisocial que en occidente casi nadie imagina.

Uno de esos incidentes se presentó la semana pasada en Airin, un barrio pobre de Osaka, cuando durante cinco noches consecutivas, por lo menos 2.000 manifestantes se enfrentaron en una batalla campal con la policía. Varios edificios resultaron incendiados, y por lo menos 55 personas fueron arrestadas. El incidente pasó,pero para los habitantes del sector, el problema quedó latente, porque, aunque parezca increíble, la indiferencia oficial y la corrupción de la policía, que son el núcleo de sus quejas, se mantienen sin modificación desde muchos años atrás.

Airin es uno de los sectores de mayor índice de criminalidad en Japón, un lugar donde los delincuentes organizados, o Yakuza tienen por lo menos 45 establecimientos de apariencia legal, detrás de los cuales se esconden negocios ilícitos como el juego, la extorsión y el suministro de mano de obra barata para la industria de la construcción. Pero a pesar de que no se trata propiamente de angelitos, los pandilleros son mejor aceptados en el barrio que la policía, muchos de cuyos miembros están involucrados en los asuntos que investigan.Ese odio se traduce en el rechazo que produce la presencia de cámaras de video en todas las esquinas y cruces de las callejuelas, que le dan al vecindario un toque orwelliano y que son el único toque de alta tecnología en un país que, en otros sectores, parece sacado de un manual de ciencia ficción.

Según el testimonio de los lugareños, los disturbios se iniciaron cuando un hombre con un altavoz comenzó un discurso frente a la sede de un grupo izquierdista, en el que criticaba la próxima coronación del emperador Akihito.Cuando la gente empezó a reunirse alrededor del orador, la conmoción puso sobre alerta a la policía, que monitorea ba los movimientos a través de las cámaras de televisión. La llegada de los uniformados fue recibida por gritos de "¡Verguenza!", que se referían a la detención reciente de un miembro de la fuerza pública por un caso de corrupción. Los enfrentamientos se agudizaron y continuaron durante toda la noche, y a través de varios días.

En la tercera noche de disturbios, los vecinos vieron la llegada de un nutrido motociclistas de la pandilla conocida como Bosozoku, conocida por sus antecedentes violentos. Según la policía, ese grupo es una especie de escuela de sicarios, en donde los muchachos se preparan para entrar en los grandes círculos del hampa, y había visto en los disturbios de Airin una oportunidad para "golpear algunos policías".
El problema social de Airin parece tomado de la historia de algún país en vía de desarrollo. Su núcleo está representado por los trabajadores a jornal, quienes forman el fondo de la pirámide social japonesa, y llevan a cabo las labores manuales que el resto de la sociedad rechaza. Yoshio Yamaguchi. trabajador social, lo describió en forma gráfica:"No es que no hayan mejorado su nível de ingresos en la misma medida que la economía del país. Su problema es de otra naturaleza. Se trata de trabajadores de ínfimo nível cultural, que no tienen cómo controlar sus ingresos y gastos, que tienden a gastar lo que ganan en el juego y el alcohol, que han abandonado su familia y que se sienten aislados y alienados de la sociedad " .

Los expertos opinan que a pesar de los programas de rehabilitación, en los que el gobierno ha gastado millones de yenes, las autoridades aún no han logrado erradicar la influencia de la mafia. La Agencia de Policía Nacional reveló hace poco que en Japón hay por lo menos 86.000 hampones organizados, mucho menos que los detectados en la década anterior, si bien sus ingresos se han multiplicado para alcanzar los 10.000 millones de dólares anuales. Cifras y hechos que parecen increíbles en una sociedad que, teóricamente lo tiene todo. Para algunos estudiosos, cuando se pone de presente el lado oscuro de la sociedad japonesa, se demuestra que la riqueza no es necesariamente la llave para la resolución de todos los problemas.
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