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| 3/18/2006 12:00:00 AM

El legado de Milosevic

Además de generar incertidumbre sobre el futuro de las repúblicas ex yugoslavas, la muerte del 'carnicero de los Balcanes' supuso el mayor fracaso de la justicia internacional.

Sin que siquiera se haya aclarado si fue natural, un suicidio, una conspiración para asesinarlo o un simple accidente con drogas contraindicadas, la muerte del ex líder serbio Slobodan Milosevic ha logrado poner en aprietos no sólo a las repúblicas ex yugoslavas, sino también a todo el proyecto de tribunales internacionales para juzgar crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidios. El juicio del ex presidente era el primero contra un mandatario y una especie de prueba, después de los juicios de Nuremberg y Tokio de la Segunda Guerra Mundial, para la instauración de un sistema de justicia global que por el momento parece naufragar.

Apenas se conoció la noticia del fallecimiento, las críticas se empezaron a acrecentar, porque con su muerte Milosevic evadió una condena por la aniquilación de decenas de miles de personas, el desplazamiento forzado de cientos de miles más y, en total, una lista de 66 cargos en su contra que seguramente le habrían significado una condena a cadena perpetua.

Pero esta nunca llegó y por eso hoy muchos les reprochan la demora a la fiscal encargada del caso, Carla del Ponte, y al Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (Tpiy), pues después de cuatro años de proceso, sólo este se conocería el fallo. Para muchos, la decisión de Del Ponte de encausar al ex hombre fuerte por la totalidad de los crímenes cometidos en Croacia, Bosnia y Kosovo, entre 1991 y 1999, en lugar de hacerlo por la vía rápida y tomar un caso en particular, permitió que no se juzgara al principal artífice de las atrocidades cometidas durante la Guerra de los Balcanes.

El fallecimiento repentino de Milosevic provocó que en el ambiente quedara un halo de impunidad. Mientras algunos simpatizantes se reunieron en Belgrado para darle el último adiós a quien consideraban un 'gran hombre', en la memoria de millones siguen frescas las imágenes de las barbaridades ordenadas por él. La brutalidad de quien sería llamado 'el carnicero de los Balcanes' empezó a ser conocida poco después de su llegada al poder, en 1989. En esa época, la idea de la 'Gran Serbia' ya rondaba su cabeza y esto suponía la exclusión de los demás grupos étnicos de la región.

Si bien las diferencias entre bosnios, croatas, musulmanes y serbios eran evidentes desde antes, con Milosevic al frente la República Federal de Yugoslavia, consolidada en 1953 por el mariscal Tito y conformada por Serbia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia y Montenegro, se empezó a desmoronar. Entre 1991 y 1999, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Kosovo iniciaron procesos independentistas. En los casos de Eslovenia y Macedonia, la separación fue relativamente pacífica, pero en Croacia, Bosnia y Kosovo, los conflictos étnicos llevaron a una guerra que se prolongó hasta 1999, cuando la tardía y cuestionada intervención de la Otan y una serie de derrotas de sus tropas obligaron a Milosevic a replegarse.

Masacres, bombardeos sobre ciudades, violaciones sistemáticas, campos de concentración y desplazamientos forzados fueron el resultado de ocho años de guerra civil que dejaron a la región sumida en estado de miseria. Después de sufrir el aislamiento internacional y con una economía venida a pique, las mismas multitudes que lo llevaron al poder fueron las encargadas de deponer a Milosevic en 2000. Sin embargo, aún hoy, cuando Milosevic ya ha sido sepultado en su natal Pozarevac, su influencia se siente en los Balcanes. Los problemas raciales continúan siendo una amenaza, el estatus de varias regiones como Montenegro y Kosovo no se ha definido y la economía sigue por el piso.

En su momento, a la comunidad internacional se le recriminó su pasividad por no prevenir lo que se convirtió en el conflicto más sangriento de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy ha fracasado también en hacer justicia y castigar al principal responsable. Otros criminales de guerra siguen prófugos y hasta el momento nadie ha sido condenado. A futuro, la estabilización de esta zona devastada dependerá mucho del apoyo que se le brinde desde el exterior, mientras la viabilidad del proyecto de justicia mundial está, como nunca, puesta en duda.
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