Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1983/12/12 00:00

EL LEON CERCADO

Entre enemigos implacables, Yasser Arafat trata de evitar su destrucción

EL LEON CERCADO

En caso de que Siria coronara con éxito su intento de eliminar a Arafat, la desaparición del dirigente palestino arrastraría también el sueño de autonomía alentado por la OLP. De nada ha valido que todos los países árabes, con excepción de Libia y Siria -quienes apoyan a los rebeldes anti Arafat- se hayan alineado en favor de éste. Ignorando los llamados que siguen llegando no solo del mundo árabe, el Presidente sirio, Hafez Assad, prosigue en su objetivo de destruir al líder histórico de la OLP. "La causa palestina y la OLP no están ligadas a una o varias personas en particular", diría en estos días Assad tratando de justificar su curso de acción contra Arafat, lo que hizo decir a la prensa israelí que "aquello que Israel destruyó a medias, ahora ha sido destruido definitivamente por el sirio Assad, que completa el trabajo". Por su parte el popular diario "Maariv", dijo que "los golpes más duros contra la OLP no han tenido origen en el enemigo israelí, sino en sus propios hermanos árabes".
Dirigentes palestinos que en el pasado habrían fungido como rivales de Arafat, también han expresado su repudio a la acción siria. George Habash, secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) criticó el baño de sangre e hizo un llamamiento a todos los guerrilleros palestinos para que rechacen órdenes que supongan combatir unos con otros. Talaat Yacoub, presidente del Frente para la Liberación de Palestina (FLP), criticó también a los rebeldes, e igual observación hizo Nayef Hawatmeh, lider del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), sugiriendo, además, que el Consejo Nacional Palestino, el parlamento de la OLP en el exilio, realizara una sesión de emergencia para discutir el conflicto.
Esta salida, sin embargo, parece impracticable ante el empuje de los hechos militares, los cuales han desbordado a los partidarios de Arafat haciendo que éste se ponga bajo la protección de los líderes musulmanes de Trípoli. Las autoridades de esta ciudad "tienen mi palabra de que haré todo lo que esté de mi parte para evitar un baño de sangre en la ciudad", dijo Arafat el miércoles de la semana pasada. "Si debo combatir, lo haré sólo en defensa propia. Ahora la decisión de hacer la paz o seguir la guerra corresponde a ellos", concluyó, refiriéndose a los sirios.
En Damasco, la capital siria, se había intentado poner término a los seis días de duros combates en los campos palestinos de Nahr Al Bared y Baddawi, a pocos kilómetros al norte de Trípoli, para evitar que la misma ciudad se precipitara en la violencia mediante un acuerdo honorable con Arafat. Hubo sí un corto cese de fuego, que luego se reanudó. Las fuerzas disidentes se habrían aproximado así, a finales de la semana, hasta las mismas puertas del campo de Baddawi, considerado el último reducto de Arafat y de las fuerzas que permanecen leales a su conducción.
Los rebeldes habían tomado también un campo de fútbol que limita al este directamente con Baddawi, rodeado en ese momento por todos sus costados. La mayoría de los defensores de ese lugar, empezando por el propio líder palestino, habían abandonado el campo, replegandose sobre Trípoli.
Los pro-sirios se habían apoderado de Nahr Al-Bared y de la radio controlada por Arafat, "La Voz de Palestina", situada allí, comenzando a difundir llamamientos a los que denominan "arafatistas" para que abandonen las armas y se unan a las filas disidentes. Poco después surgió el rumor en medios falangistas de que Arafat había abandonado Trípoli en un helicoptero francés, conduciéndolo hasta una nave anclada frente a las casas de la ciudad. Tal versión luego fue rechazada por la agencia palestina Wafa, que aún se mantiene leal a Arafat, y más tarde, un vocero francés desmintió el informe, así como las versiones de que una nave francesa de guerra estaba anclada frente a Trípoli. Entre tanto, informaciones procedentes de Doha, capital de Qatar, indicaron que los jefes de Estado de los seis países del golfo, reunidos allí, estaban fundamentalmente preocupados por lograr que Arafat abandonara Trípoli.

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