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| 6/15/1992 12:00:00 AM

EL LLANERO SOLITARIO

ES independiente H. Ross Perot se perfila como un auténtico fenómeno de la política norteamericana y un serio aspirante a la presidencia.

CUANDO SE DEBATIA EN ESTADOS UNIDOS la posibilidad de lanzar una guerra contra Saddam Hussein para liberar a Kuwait, H. Ross Perot opinó que el régimen kuwaití no valía la vida de un solo soldado y que lo que debería hacerse era enviar un comando para asesinar al dictador con ayuda israelí. La idea por supuesto no prosperó, pero dejó en claro la mentalidad pragmática y directa del hombre que está dispuesto a llegar en noviembre a la presidencia de Estados Unidos como candidato independiente.
Nunca en la historia del país un aspirante no partidista ha logrado la hazaña de ganar las elecciones. Sin embargo la precandidatura de Perot ha ido creciendo como la espuma y si la tendencia se mantiene, en cualquier momento Perot habrá superado al demócrata Bill Clinton en las encuestas y estará amenazando de cerca al aspirante a la reelección, George Bush.

Todo comenzó el 20 de febrero, cuando el multimillonario Perot anunció en una entrevista de TV que se lanzaría si obtenía respaldo para inscribir su nombre en las primarias de los 50 estados. En unos minutos la estación había recibido una avalancha de llamadas de apoyo. Para el final de abril la compañía telefónica MCI había certificado un millón 800 mil llamadas de apoyo y sus probables contendores comenzaron a tomarle en serio y a rediseñar sus estrategias de campaña. Perot se convirtió, de la noche a la mañana, en el fenómeno de la política norteamericana.

Paradójicamente, su mayor activo político es precisamente su desdén por la política tradicional. Ha sostenido que los asesores son "cosmetólogos y manejadores", y que "nadie va a escribirme mis discursos". Su hablar es directo y sin rodeos y gusta de la acción, como cuando organizó el rescate de unos empleados suyos presos en el Irán del sha, y cuando de su propio bolsillo envió dos aviones con suministros para los prisioneros gringos de Vietnam y 150 familiares de los mismos a París para protestar ante la embajada norvietnamita. En una entrevista reciente con el periodista David Frost, se oyó decir a Perot que "si la gente no quiere acción, si no quieren la solución a sus problemas, si no quieren programas agresivos para acabar con la violencia en las comunidades, reconstruir las ciudades, traer este país de nuevo a su ruta, detener el deterioro de la base laboral, no me quiere a mí.
Todo esto requiere acción, acción, acción".

El que esas frases tengan mucho atractivo pero poca sustancia no parece preocupar demasiado a los norteamericanos. La prueba es que según las últimas encuestas realizadas por el diario The Washington Post, Perot goza de una expectativa de voto de cerca del 29 por ciento, prácticamente empatado con Clinton y a sólo cuatro puntos del presidente Bush.

La carrera ascendente de H. Ross Perot habla por sí sola. En 1962, siendo vendedor estrella de IBM, no logró convencer a esa empresa de expandir sus actividades a la venta de servicios de computación. Tomó prestados mil dólares de los ahorros de su esposa y fundó la Electronic Data Systems EDS, que se dedicó inicialmente a comprar tiempo de computación que alquilaba a empresas que no podían comprar los equipos. En 1984 vendió la empresa a la General Motors por 2.500 millones de dólares y recibió en parte de pago suficientes acciones del gigante automovilístico como para convertirse en miembro de la junta. Fracasó en su empeño de sacar a la GM del marasmo, pero hizo que le compraran sus acciones con una utilidad de 700 millones de dólares. Hoy se le calcula un patrimonio de entre 2.500 y 3.500 millones de dólares.

Esa riqueza es una de sus mayores ventajas, pues en una sociedad como la norteamericana, el éxito económico es garantía de admiración social.
Su dinero también es ventaja en la medida en que está dispuesto a gastar 100 millones de dólares de su bolsillo, casi el doble del límite legal que se aplica a los dineros públicos y las contribuciones privadas de sus contendores. Pero el camino que le queda por recorrer hacia la Casa Blanca está lleno de espinas. En el primer lugar está el conjunto de intrincadas reglas que deberá sortear para su inscripción en los distintos estados y que existen precisamente para cerrarle el paso a los terceristas. Sin embargo la aspiración presidencial de Perot ha llegado tan lejos, que ni los republicanos ni los demócratas parecen muy interesados en el dudoso honor de haberse acogido a las reglas para impedir la libre expresión del descontento. En segundo lugar está el hecho de que las ideas de Perot son todavía un misterio, y que el millonario tendrá que caer en algunos de los "vicios" que critica, como organizar un aparato de campaña acorde con las circunstancias.

En el fondo, el fenómeno Perot es la expresión norteamericana del rechazo que afecta a los políticos occidentales tradicionales y que los analistas se afanan por explicar. Para muchos, se trata de una crisis causada por años de inacción que se evidenciaron de la noche a la mañana cuando la amenaza comunista dejó de existir. La democracia, según esa tesis, se definió durante la guerra fría más por lo que no era, que por lo que podría ser.
Hoy los electorados quieren una participación más amplia y una respuesta inmediata a sus problemas. Ross Perot tal vez no llegue a ocupar la Casa Blanca, pero para la mayoría de los analistas, su presencia señala que el sistema político norteamericano no está excento de la crisis que afecta democracias como la alemana, la italiana, la francesa o la japonesa. -
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