Sábado, 21 de enero de 2017

| 1990/11/12 00:00

EL "LUNES NEGRO"

La masacre de palestinos en el Muro de las Lamentaciones podría ser la chispa que incendie el Medio Oriente.

EL "LUNES NEGRO"


Que las guerras se plantean por conceptos abstractos, pero se desencadenan por hechos concretos, es un principio universalmente conocido. Si la Primera Guerra Mundial se desencadenó por el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, y la Segunda por la invasión a Polonia, la semana pasada recorrió el mundo la sensación de que la guerra del golfo Pérsico, podría iniciarse por la masacre a palestinos perpetrada por la policía israelí el lunes 8 de octubre, en el centro histórico de Jerusalén.Las amenazas inmediatas del presidente iraquí Saddam Hussein contra los israelíes elevaron la temperatura del Medio Oriente, aunque al final de la semana no se habían traducido en hechos concretos. Pero el daño estaba hecho.

La razón es que el presidente iraquí Saddam Hussein había recibido en bandeja la justificación de su tesis de que el problema árabe es uno solo, incluido el palestino. Nunca como ahora había tenido mejores posibilidades de 'resquebrajar la posición de los países árabes que se han puesto en contra de Irak, sobre todo si logra proyectar la imagen de ser el campeón de la unidad árabe y de defensor de los lugares santos del Islam.

En la mañana del lunes, miles de judíos se habían congregado en la plaza que queda al frente del Muro Occidental, también conocido como Muro de las Lamentaciones, para celebrar el festival del Sukkoth. Poco antes de las 10:30 de la mañana comenzaron a volar las primeras piedras.

Hacia las 11:30 el lugar se había convertido en un verdadero campo de batalla. Grupos de diez o veinte palestinos cargaban sobre las posiciones policiales, en un intento por hacerse fuertes en las mezquitas. Pero la desproporción en los medios utilizados era evidente.Mientras los palestinos atacaban con piedras, los policías contestaban primero con balas de plástico y gases lacrimógenos y luego con munición de guerra. En un momento dado los manifestantes prendieron fuego al puesto de control policial que separa los santuarios musulmanes y judíos. Un helicóptero hacía fuego sobre los manifestantes.

Durante la hora siguiente, los choques fueron derivando hacia las callejuelas de la parte antigua de la ciudad, hacia los barrios árabes de los alrededores. El drama entonces se trasladó al hospital de Makassed, en el Monte de los Olivos, que enfrenta al Monte del Templo con un estrecho valle de por medio. El centro asistencial- conocido como el "Hospital de la Intifada" por su atención a los heridos del levantamiento palestino se encontraba ya abarrotado de personas que averiguaban por la suerte de sus parientes.
La policía comenzó a disparar gases lacrimógenos en las calles adyacentes, -según algunos para atacar a quienes se habían refugiado allí, lo que empujó a otros cientos de personas al interior del caótico establecimiento.Los gases llegaron hasta las salas de maternidad donde cientos de mujeres árabes gritaban de angustia.
Al final del día, los recuentos palestinos hablaban de no menos de 30 muertos y 300 heridos palestinos, mientras los comunicados oficiales del gobiemo israelí sólo reconocian 21 muertos y 164 heridos. De éstos, sólo 22 no eran palestinos. Cuando la violencia bajó, al final del día, los policías sellaron el área alrededor del Muro de las Lamentaciones. Manchas de sangre aparecían en las paredes de la mezquita Al Aqsa, y las tensiones parecían en su punto más alto.

Al día siguiente, mientras enfrentaban la avalancha de críticas desde todos los flancos internacionales, los funcionarios israelíes se mantenían firmes en la versión oficial de que el ataque había sido premeditado, con el fin de producir el repudio del mundo árabe, renovar la imagen de victimas de los palestinos, cuyo apoyo internacional había disminuido cuando su Organización se alineó al lado de Saddam Hussein en su invasión a Kuwait, e involucrar a Israel en el conflicto del golfo.

Y las versiones seguían siendo encontradas. Según la policía, un número indeterminado de jóvenes palestinos, emplazados en la plaza del Monte del Templo, que domina el Muro iniciaron el enfrentamiento al lanzar piedras y cocteles Molotov sobre los orantes, lo cual motivó la violenta reacción policial.

Los palestinos, en cambio, afimman que los árabes fueron instigados por el intento de un grupo ultranacionalista de colocar la primera piedra de un nuevo templo de Salomón en uno de los lugares más sagrados para los musulmanes. la mezquita de Al Aqsa y la Roca del Domo. Según esá versión, que comenzó a tomar fuerza con el paso de los días, los palestinos habían sido advertidos sobre la posibilidad de que el grupo ultranacionalista judío Guardianes del Monte del Templo intentarían de nuevo, como desde hace varios años en el Sukkoth, colocar la primera piedra simbólica del nuevo templo de Salomón, cuya construcción implicaría la destrucción de los lugares sagrados de los musulmanes.
Aunque la marcha de los fanáticos judíos habia sido prohibida por sus autoridades, lo cierto es que durante toda la semana anterior sus intenciones de volver a intentar su acto simbólico tuvo un amplio cubrimiento periodístico, lo que llevó a que cientos de palestinos se aglomeraran para impedir que se llevara a cabo. Esa versión resultó respaldada cuando la policía israelí confirmó, al día siguiente de los primeros enfrentamientos, que había advertido al Gran Mufti de Jerusalén. La máxima autoridad musulmana de la ciudad, que los fundamentalistas judíos no podrían entrar en la plaza. Pero ya era demasiado tarde. Todo indica que la revuelta estalló cuando los "Guardianes" intentaban entrar en el sector musulmán, y fueron recibidos a piedra por la multitud. Eso explicaría el escaso número de heridos israelíes, que no parecía proporcional a la violencia de la agresión descrita por la policía.
Las críticas contra la actitud israelí no se hicieron esperar. Saddam Hussein, capitalizando la tragedia, amenazaba a Israel con borrarlo del mapa mediante un nuevo misil iraquí -bautizado "Piedra" en honor de los 700 muertos que ha producido la Intifada si no abandonaba de inmediato los lugares sagrados de los árabes. El presidente norteamericano George Bush añadió su voz a las críticas, mientras anunciaba que Estados Unidos respaldaría una resolución de condena a Israel en las Naciones Unidas. La preocupación evidente de la Casa Blanca era la posibilidad de que el Lunes Negro afectara las relaciones con los países árabes que se han unido a la presencia militar en el golfo. "Las fuerzas de seguridad israelíes deberían estar mejor preparadas para tales situaciones, y actuar con mayor moderación, particularmente cuando se trata de usar armas mortales", dijo Bush.
Entre tanto, funcionarios del gobierno norteamericano anunciaron que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad habían acordado el texto de una resolución de condena contra Israel, y se encontraban en consultas con los demás miembros. La resolución, que sería una de las pocas ocasiones en que Estados Unidos votaría en el seno del Consejo en contra de Israel, establecería una comisión de la ONU que investigaría los hechos para presentar un informe a la Secretaría General. El afán de los norteamericanos era lograr la aprobación de un texto que resultara lo suficientemente duro como para complacer a los árabes, pero no tanto como para enfurecer demasiado a los israelíes, cuyos intereses en Estados Unidos los convierten en un poderoso grupo de presión a nivel interno.

Al cierre de esta edición, no se había logrado el consenso sobre esa resolución, pero era claro que el gran beneficiado con la masacre era Saddam Hussein, y el gran perjudicado, las relaciones entre Israel y Estados Unidos. En efecto. desde que comenzó la crisis del golfo, era claro que cualquier exceso en el uso de la fuerza por parte de Israel contra los palestinos podría convertirse en una seria amenaza para las relaciones entre los dos países. Pero por encima de todo eso, los malabares diplomáticos de Estados Unidos para tratar de salir lo menos afectado por la situación, parecen poner de presente una debilidad que Irak y la Organización para la Liberación de Palestina podrían tratar de explotar.

Al final de la semana, el asesinato del presidente del Parlamento egipcio, Mohammad Abul Halim Moussa, segundo en la línea constitucional detrás del presidente Hosni Mubarak, pareció señalar el comienzo de los actos de terror perpetrados por los grupos fundamentalistas que operan en todos los países árabes, y que ven como una traición el apoyo de algunos de ellos, como Egipto, Siria y los estados petroleros del golfo, a la permanencia extranjera en el país sede de La Meca y Medina, los sitios más sagrados del mundo islámico. Ciertamente, el episodio de Jerusalén podría haberse convertido en el gran acicate de esos actos, y probablemente, en la chispa que encienda por fin el conflicto del Medio Oriente.

EL MONTE DEL TEMPLO
El lugar donde se produjo lo que los palestinos ya llaman el "Lunes Negro" está cargado de historia y ha sido el escenario de las tensiones que afectan la zona durante los últimos 20 años.

En el siglo X a. C, el rey Salomón construyó allí el primer templo judío, en el sitio donde la tradición ha localizado el episodio del ofrecimiento del sacrificio de Isaac a Jehová. Muchos años después de su destrucción por parte de los babilonios, el rey Herodes construyó un segundo templo, que fue demolido, esta vez por los romanos, en el año 70 d.C. Pasarían dos mil años antes de que los judíos, esta vez por cuenta de la invasión consecuencia de la guerra de 1967, "recuperaran" el control de la meseta, que llaman el Monte del Templo.

Entre tanto, en el siglo VII, los musulmanes construyeron el Domo de la Roca, también conocido como la Mezquita de Omar, sobre la misma zona, que ellos llaman Haram al-Sha rif, o Noble Santuario. La hermosa mezquita, con su cúpula dorada, encierra una roca del suelo desde donde, según la tradición, viajó Mahoma en un caballo blanco hacia el cielo.

Más tarde, en el siglo VIII, se construyó otra mezquita, llamada Al Aksa, a corta distancia de la anterior. Los dos edificios cayeron brevemente bajo dominio de los cruzados en el siglo XI, pero luego regresaron a manos del Islam. Durante muchos años, todo lo que quedó de los santuarios judíos de Jerusalén fue el Muro Occidental del viejo templo de Herodes, llamado también Muro de las Lamentaciones, que se convirtió en el sitio más sagrado para ese credo.

Los gobernantes musulmanes, como regla general, franqueaban la entrada del lugar a los peregrinos judíos, hasta que en 1948, se creó el estado de Israel. Los combates entre árabes y judíos pusieron en peligro la supervivencia de esos sagrados lugares, y finalmente el armisticio que puso término a las hostilidades dejó a la Ciudad Antigua, la Jerusalén histórica, en el interior de la frontera jordana.

En la guerra de 1967, llamada "de los seis dias", el ejército israelí invadió la zona este de Jerusalén, y con ella la Ciudad Antigua.Los israelíes demolieron decenas de edificios para dar paso a una gran plaza en frente al Muro de las Lamentaciones. El gobierno de Tel Aviv decidió entonces que la meseta debería seguir bajo el control de los musulmanes, y los sitios sagrados del cristianismo bajo control de sus respectivas autoridades religiosas.

Esa decisión no molestó a la mayoría de los ciudadanos de Israel.
La mayoría de los judíos ortodoxos piensa que el Tercer Templo solamente se debería construir una vez llegue el Mesías, que para su credo aún no ha arribado. Pero para los demás israelíes la cuestión es más pragmática, pues las consecuencias de quitar a los musulmanes el dominio de sus lugares santos serían catastróficas.

Los palestinos, por su parte, consideran a esas mezquitas un elemento esencial de su identidad nacional, y el lugar es el foco de las mayores tensiones en su lucha por conseguir el reconocimiento de un estado palestino.

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