Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/03/29 00:00

El mártir de color

Tras 40 años del asesinato de Martin Luther King Jr., su lucha por la igualdad racial aún está inconclusa.

El mártir de color

Martin Luther King Jr. siempre estaba pensando qué decirles a sus seguidores. Incluso, pasadas las 6:00 de la tarde del 4 de abril de 1968, cuando un francotirador le asestó un tiro en el rostro, preparaba el sermón que dictaría el día siguiente en la iglesia de Atlanta, donde su padre había predicado en el pasado.

Desde muy joven se dio cuenta de que, para que su sueño de igualdad entre negros y blancos tomara forma, debía transmitir sus ideas a todo el que pudiera escucharlo. Vivía expresándose, tanto desde los atriles y los púlpitos como por las cámaras de televisión. Por eso no es raro que su discurso más famoso, Yo tengo un sueño, pronunciado cinco años antes de morir frente a más de 200.000 personas, fuera el hecho que lo hizo pasar a la historia.

En 1955, con 26 años, y cuando la discriminación racial campeaba en el país, pero sobre todo en los estados del sur, se convirtió en uno de los líderes que boicotearon los buses de Montgomery, en el estado sureño de Alabama, debido a la división que había en el transporte público entre asientos para negros y asientos para blancos. A partir de ahí su movimiento estuvo enmarcado dentro de la revuelta contracultural que llegó a su auge en los años 60.

King, reverendo bautista a la cabeza de la Conferencia de Líderes Cristianos del Sur (Sclc, por su sigla en inglés), dirigió marchas pacíficas históricas que por lo general terminaban con un discurso en el que insistía en "evitar que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física". Era bien conocida la influencia que sobre él tuvo Gandhi en su lucha pacífica por la independencia de India.

Pero las autoridades de la época tenían otras ideas, y las manifestaciones eran reprimidas duramente. King, dentro de su estrategia mediática, no permitía que los camarógrafos ayudaran a los manifestantes golpeados por la Policía, pues la represión debía quedar registrada para que los otros ciudadanos se percataran del maltrato que sufrían los negros por reclamar igualdad.

Así llegó a ser tan reconocido como influyente. La revista Time lo escogió como el hombre del año en 1963, meses después de su memorable discurso. En 1964 fue la persona más joven en ganar el Premio Nobel de Paz, con 35 años. Y, luego de años de campaña, por fin logró que el presidente Lyndon B. Johnson firmara la Ley de Derechos Civiles, con la que se prohibía la discriminación en lugares públicos, y la Ley de Derecho al Voto.

Muchos consideran que con su muerte se marchitaron las esperanzas de una igualdad verdadera entre "los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos". A comienzos del nuevo siglo, desastres como el del huracán Katrina confirmaron que la población negra estadounidense aún está en una situación precaria. Una encuesta reciente revela que sólo el 3 por ciento de los estadounidenses cree que se ha alcanzado el sueño impulsado por King.

Quizá las ansias de llenar ese vacío sean las que han llevado a comparar al precandidato demócrata Barack Obama con el mítico dirigente bautista. La diva Oprah Winfrey, también negra, dijo que para cumplir el sueño de King, la mejor opción era votar por Obama. Se trata de personas diferentes, tanto por su origen como su contexto. Pero hay similitudes, como dijo a SEMANA David Kennedy, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Stanford: "Ambos tratan de mirar más allá del racismo, de los prejuicios y de la discriminación, y se figuran el mundo prometido en la Declaración de Independencia y en la Constitución. Son conciliadores y no dividen".

El protagonismo de Obama sin duda es síntoma de un gran avance. Sin embargo, como explica Kennedy, "hay que recordar que, hacia el final de su vida, King trató de trascender el problema de la raza y enfocarse en la cuestión de la pobreza general. Y ahí todavía hay un camino que recorrer en este país".

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