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| 11/13/1995 12:00:00 AM

EL MAYOR RETO

La reunión es el abrebocas: lo importante de la presidencia colombiana de los No Alineados viene después.

"1956, EL UNDECIMO AÑO DE LA POSGUErra, será conocido en la historia como el comienzo de una decisiva transición (...) que en esencia será la estructuración de un tercer bloque mundial, colocado entre el capitalista occidental y el comunista oriental como un cartón entre dos vidrios. (...) Los síntomas de su alumbramiento se produjeron con claridad en el año que termina y no es exagerado afirmar que constituyen el acontecimiento de 1956". Con esas palabras reseñaba la revista SEMANA el surgimiento del grupo de los No Alineados -Noal-, promovido por líderes mundiales que ya pertenecen a la leyenda: el egipcio Gamal Abdel Nasser, el indio Jawaharlal Nehru y el yugoslavo Josip Broz 'Tito'. Aún faltaban algunos años para que el grupo naciera, pero la reseña sirve para entender las expectativas de buena parte del planeta sobre esa iniciativa que inauguró la expresión 'Tercer Mundo'.
Hoy, casi 40 años más tarde, Colombia está a punto de convertirse en presidente de ese movimiento que abarca a 113 países, en un tiempo de definiciones cruciales. Por eso se dice que la reunión de esta semana en Cartagena, a pesar de ser la más importante jamás realizada en el territorio nacional, con la presencia de más de 50 jefes de Estado, es apenas la 'sesión solemne', el abrebocas de una prueba crucial para la diplomacia colombiana. Si Colombia queda o no bien, no se sabrá cuando termine la cumbre de Cartagena, sino dentro de tres años cuando culmine su mandato.

ORIGEN DISTINTO
En 1956 muy pocos imaginaban siquiera que Colombia podría algún día ser miembro de los No Alineados. En los años 50 el mundo estaba en proceso de descolonización, y el creciente número de países nuevos no podía expresar sus necesidades en un mundo estrictamente bipolar, en el que prevalecían los intereses de las dos potencias dominantes, Estados Unidos y la Unión Soviética.
Varias reuniones preparatorias terminaron en la conferencia de Bandung, en Indonesia, en abril de 1955. Es claro que se trataba de una reunión afroasiática por la descolonización, un proceso superado en América Latina -al menos en cuanto a las formas tradicionales- desde el siglo anterior.
La entrada de estos países al grupo se posibilitó desde la reunión de Belgrado en 1961. El líder yugoslavo Josip Broz 'Tito', quien había roto con la URSS, se unió al grupo afroasiático para romper su aislamiento. Belgrado le dio un nuevo giro: por su política antibloques los Noal jamás se convertirían en uno, y sus ideas centrales serían la convivencia pacífica, el antirracismo, el anticolonialismo y el rechazo a las armas atómicas.
La cumbre de Belgrado acordó que los Noal no serían un organismo sino un mecanismo de coordinación polìtica de los países en desarrollo. Por lo mismo, no se firmó una carta constitutiva y su órgano supremo quedó en cabeza de la reunión de jefes de Estado, como la de Cartagena, que marcaría el inicio del período de tres años de la presidencia, rotatoria entre las cuatro regiones. Una reunión ministerial haría los ajustes a medio período, y el 'Buró de Coordinación', con sede en Nueva York, se encargarìa del funcionamiento cotidiano.
Sin embargo, el nombre mismo de 'No Alineados' se desvirtuó a los ojos de muchos con la presencia de Cuba (justificada por la agresión de Estados Unidos pero pronto aliada de la Unión Soviética) y otros países afines con la URSS, como Libia y Siria. Lo cierto es que la URSS hizo algo que Estados Unidos jamás intentó, permitir a sus aliados involucrarse en el movimiento para tratar de influir en sus decisiones.
Esa circunstancia hizo que los Noal se convirtieran en antagonistas, más que de las potencias, de Estados Unidos. Por eso Colombia, con su tradicional alineamiento norteamericano, en los primeros años estaba lejos de convertirse en miembro. Esa circunstancia cambió durante la presidencia de Belisario Betancur, quien reconoció la necesidad de salir del aislamiento internacional que suponía una posición demasiado obsecuente con Estados Unidos.

ENTRA COLOMBIA
Esa necesidad tenía motivos muy concretos. El canciller de entonces, Rodrigo Lloreda Caicedo, contó a SEMANA cómo el país atravesaba un panorama internacional oscuro. En el gobierno de Julio C. Turbay Colombia se había puesto del lado de Gran Bretaña en el conflicto por las Malvinas (el 'Caín de América') y acababa de librar en la ONU una confrontación injustificada para bloquear la aspiración de Cuba por un puesto en el Consejo de Seguridad.
Pero además se sumaban intereses estratégicos muy importantes: Nicaragua quería plantear ante los Noal la 'descolonización' de San Andrés, y Venezuela pugnaba por entrar a la organización para buscar apoyo ante el problema limítrofe con Colombia y Guyana.
La entrada a la organización logró neutralizar los riesgos con Venezuela y Nicaragua, y de paso, recuperó para Colombia un prestigio que le permitió, como dice Lloreda, "participar como interlocutor legítimo en el proceso de paz de Centroamérica, que evitó una guerra internacional ".

PAPEL CRUCIAL
Hoy las circunstancias de los Noal son totalmente diferentes, porque la caída en 1990 del bloque socialista dejó sin piso la confrontación norte-sur. La mayoría de los paises del antiguo bloque de la URSS: se ha convertido en aliada de Occidente y competidora con el Tercer Mundo por la ayuda econòmica.
Del mismo modo, los objetivos originales de la organización o han sido conseguidos casi totalmente, como la descolonización, o se han ido desvirtuando, como la posición antinuclear, porque como dice el internacionalista Héctor Charry Samper, "mal puede una organización protestar contra la proliferación de armas nucleares cuando al menos tres de sus miembros disponen de ese tipo de armamento ".
Y aunque la posición oficial es la de la 'unidad en la diversidad', y los Noal han logrado importantes logros como fuerza de negociación colectiva -en temas como la condena del apartheid o la descolonización-, lo cierto es que el movimiento que iba a representar a los paises pobres se ha ido diluyendo en excesivo 'declaracionismo'.
De ahi la importancia del reto de la presidencia de Colombia, obtenida por la canciller Nóemi Sanin en la reunión de El Cairo, Egipto, previa consulta con los entonces candidatos presidenciales Andrés Pastrana y Ernesto Samper.
Desde la cumbre anterior en Yakarta, cuando Indonesia asumió la presidencia del grupo, la organización dio el viraje de la confrontación hacia la cooperación con los paises desarrollados. Según ha anunciado el canciller Rodrigo Pardo, ese es el pilar de la nueva formulación de la agenda de los Noal bajo la presidencia de Colombia, acompañado del problema de la internacionalización del delito, la ecologia, el desarrollo sustentable, la cooperación 'sur-sur', las migraciones y la reforma de la ONU.
Otros especialistas mencionan algunas necesidades apremiantes. Terminar con la dualidad que hace que el llamado Grupo de los 77 asuma las reivindicaciones económicas y el Noal las polìticas. Redefinir la posición frente a los antiguos paises de la órbita soviética. Revisar la actitud ante el conflicto de la ex Yugoslavia. Revitalizar el tema de la no proliferación atómica. Sepultar para siempre la concepción de los Noal como el 'muro de las lamentaciones' de la politica mundial.

LAS DIFICULTADES
Pero las dificultades van mucho más allá. Como dice Charry, "el concepto de cooperación sur-sur también es un mito, porque es dificil concebir un movimiento conformado por miembros más disímiles". Además el de hoy es un mundo en el que los actores son cada vez más los medios de comunicación, la 'sociedad civil', las corporaciones transnacionales, mientras los macroorganismos como los Noal tienden a parecerse a dinosaurios. La presidencia de los Noal deberá intentar, por encima de todo, revitalizar el diálogo con grupos como el de los Siete, que como produce el 85 por ciento del Producto Interno Bruto mundial, pesa más que 113 que en conjunto sólo llegan al 10 por ciento.
Para todo ello, Colombia tendrá que conformar un equipo de especialistas capaces de defender posturas extremadamente complejas y determinadas por una enorme cantidad de variables. Por añadidura, el pais tendrá que completar su agenda con la elaboración de politicas en temas que antes nunca eran de su resorte. El reto que Colombia se ha impuesto requiere un esfuerzo enorme de la Cancillería, porque ya no será lo mismo ir a un foro internacional con la posibilidad de votar en blanco en caso de que el delegado no domine el tema.

BENEFICIOS Y RIESGOS
Los beneficios superan la respetabilidad internacional a la que Colombia se hará acreedora en estos tres años. Unos son buenos y presentables, y otros no tanto. Por un lado, el país tendrá una mejor plataforma para la presentación de su problema de guerrilla y para buscar la comprensión en el tema del narcotráfico. Pero también se beneficiará del ojo cerrado de sus compañeros en temas como la violación de derechos humanos por agentes del Estado o la indiferencia ante las minorías étnicas.
Por otra parte, Colombia será por primera vez visible en el escenario internacional. Esto puede resultar de doble filo, porque al tiempo que permitirá promover lo bueno del país, es un hecho que Colombia atraviesa una seria crisis política y de guerrilla que, dada su nueva investidura, podría acceder por fin al foco de la atención internacional.
Otro riesgo es el de terminar siendo el mascarón de proa de los países que siguen teniendo mayor peso específico dentro de la organización, como son Irak, Libia, Corea del Norte, Siria, naciones que tienen una gran experiencia en poner a los Noal al servicio de sus intereses particulares. Ese riesgo desvirtuaría la imagen de Colombia como país moderado y le daría la imagen de "un país problema al mando de un grupo problema". En ese mismo orden de ideas, el país deberá evitar a toda costa que su paso por la presidencia de los Noal sea el primero para la 'tercermundización' de los colombianos. No hay que olvidar que hay países como Argentina, México y Brasil que no pertenecen a los Noal porque así afirman su vocación a integrar el Primer Mundo, y que un compromiso mal entendido puede resultar contraproducente para esas aspiraciones a nivel colombiano.
En cualquier caso, lo cierto es que Colombia está a punto de asumir uno de los mayores desafíos de su historia. Para bien o para mal, la imagen mundial del país cambiará en estos tres años. Y lo más importante es que de su resultado podría deducirse el papel del país de cara al siglo XXI.
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