Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/07/25 00:00

El mensajero de Chávez

La crisis de Honduras ha mostrado a José Manuel Insulza como aliado incondicional del círculo de aliados del Presidente venezolano y como un pésimo negociador.

El plan de San José, promovido por el ex presidente costarricense Óscar Arias, se convirtió en la única opción al final de la semana para las partes, que se levantaron de la mesa de negociaciones sin llegar a un acuerdo. En nada de ello tuvo importancia Insulza

Aunque parezca mentira, una de las grandes oportunidades que puede tener un secretario general de la OEA es que en la región se produzca una situación como la de Honduras, cuya salida requiera apoyo internacional. Sólo un lío de ese tamaño le puede permitir desplegar sus habilidades diplomáticas en vez de pasársela en viajes protocolarios o en reuniones inútiles en su oficina de Washington, un despacho burlonamente bautizado como "el ministerio de Colonias de Estados Unidos".

Al actual secretario general de la organización, el chileno José Miguel Insulza, el golpe militar del 28 de junio en Tegucigalpa se le presentó como un papayazo memorable. Pocas horas después de que las tropas expulsaron del país al presidente Manuel Zelaya e instalaron en el poder a Roberto Micheletti, medio mundo volvió sus ojos hacia Insulza en busca de una solución. Pero lo que el secretario general ha hecho desde entonces ha sido poco menos que un desastre. Tanto, que al cierre de esta edición, Zelaya había emprendido por tierra desde Nicaragua un peligroso amago de regreso con visos de sainete, después del fracaso de unas negociaciones en las que Insulza no tuvo papel alguno.

De entrada, el secretario general describió el acto contra Zelaya como "un golpe de Estado a la antigua", condenó la acción militar y pidió el regreso a Tegucigalpa del Presidente depuesto. Esa manifestación habría sido impecable si no fuera porque antes del hecho estuvo dispuesto a enviar funcionarios a Honduras para presenciar la controversial consulta popular pretendida por Zelaya para reelegirse. Una acción que precipitó el golpe porque había sido prohibida por inconstitucional por el Congreso y la Corte Suprema de Justicia del país centroamericano. Como le dijo a SEMANA Kevin Casas-Zamora, ex vicepresidente de Costa Rica e investigador de The Brookings Institution, "si la OEA hubiera activado a tiempo sus canales de información, habría podido alertar sobre lo que terminó por pasar".

Pero no sólo eso. Cuando Insulza viajó a la capital hondureña a principios de este mes, se negó a hablar con Micheletti, con lo cual le cerró la puerta a una salida negociada. Y luego abordó apresuradamente un avión con destino a El Salvador donde el 6 de julio se reunió con el propio Zelaya y con los presidentes de Argentina, Ecuador y Paraguay, Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa y Fernando Lugo, respectivamente, encuentro que terminó en nada. Todo esto llevó a que la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, anunciara al día siguiente la mediación del presidente de Costa Rica, Óscar Arias. Una jugada maestra que sacó del ring a Insulza, aunque las negociaciones fracasaron porque Micheletti no acepta el retorno de Zelaya al palacio presidencial sino al banquillo de los acusados.

Por si fuera poco, Insulza, ya marginado del asunto, 'metió la pata' una vez más. Se demoró en darle una cita al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, que para pedírsela hizo huelga de hambre por seis días frente a la oficina de la OEA en Caracas. Y al recibirlo el martes pasado, se negó a condenar el hecho de que el presidente Hugo Chávez hubiera despojado al alcalde popular de sus poderes y hasta de su oficina. Caso típico de doble rasero en comparación con el caso hondureño, como señaló el editorial de The Washington Post, que calificó a Insulza de "socialista y pomposo": "¿Por qué la OEA defiende el imperio de la ley en Honduras y no en Venezuela?".

Lo increíble del tema es que ni la amenaza de algunos congresistas republicanos, que quieren reducir los fondos a la OEA (Washington pone el 60 por ciento del presupuesto), ni los disgustos de Hillary Clinton con la organización, alcanzan para evitar que el secretario general sea reelegido el año entrante. Alinearse con el círculo de aliados de Venezuela le podría dar resultado, porque la mayoría en la Asamblea General depende de Caracas y sus aliados. Y muy cerca de esos países está José Miguel Insulza. n

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