20 septiembre 2013

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El mercado de la mujer más poderosa del mundo

MUNDOUn periodista se encuentra a la canciller alemana haciendo sus compras como una ciudadana más.

El mercado de la mujer más poderosa del mundo. La canciller fue captada por una periodista del diario español El País, haciendo compras.

La canciller fue captada por una periodista del diario español El País, haciendo compras.

Foto: Archivo particular

Imaginemos por un momento a cualquier presidente de Colombia, a un familiar suyo o incluso a uno de sus ministros yendo a algo tan simple como una función de cine: ¿Se imaginan la avanzada de escoltas? ¿El ruido de radiotransmisores? ¿Las intimidantes armas? ¿Los escoltas por doquier y el ruid
o de las decenas de camionetas al salir y al llegar?

En otras democracias hay diferencias. Por ejemplo, cada vez son más frecuentes las crónicas de los corresponsales asignados en Montevideo que ven salir -conduciendo su propio y viejo escarabajo- al presidente de Uruguay José Mojica; o en tiempos de François Mitterrand era común encontrárselo los domingos comprando su propia baguette.

Una situación similar es la que le acaba de ocurrir a Luis Doncel, periodista de El País de Madrid quien se encontró de frente a la mujer más poderosa del planeta haciendo su propio mercado. El comunicador cuenta en su nota:

¿Qué hace la mujer más poderosa de Europa un viernes a las once de la mañana a solo dos días de unas elecciones que están destinadas a catapultarla a la historia? La compra. Mientras la oposición de izquierda pide una movilización máxima en las 48 horas que quedan hasta los comicios, la canciller alemana, Angela Merkel, empujaba el carrito y recogía los alimentos que acababa de comprar en un supermercado del centro de Berlín, a solo unos minutos en coche desde la cancillería, según pudo comprobar EL PAÍS.

Llama la atención la normalidad con la que los clientes del establecimiento reaccionaban ante la presencia de la líder del país. Nadie se acercaba a ella para felicitarle ni para recriminarle nada. Cada uno seguía a lo suyo como si Merkel fuera uno más. Solo se veía alguna cara de sorpresa al reconocerla. “Sí, es ella”, le susurraba a su hija una mujer.

Mientras la canciller elegía las verduras, pagaba en la caja o llenaba la bolsa de la compra, dos guardaespaldas vigilaban de lejos la escena, sin tener que intervenir en ningún momento. Merkel, con gesto serio y tomándose su tiempo en cada estante, permanecía ajena. A la salida, y con los guardasespaldas cargando la compra, le esperaba el coche oficial. Una vez dentro, la líder alemana ya puede volver a su trabajo. Que en su caso supone ganar de nuevo unas elecciones para convertirse, una vez más, en la jefa de Gobierno de su país y la política con más influencia en el continente.
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