Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/04/11 00:00

El misterio del 13-09

El 13 de septiembre de 2001 un vuelo secreto evacuó de Estados Unidos a una docena de saudíes y familiares de Osama Ben Laden. Ese es uno de los interrogantes sobre las relaciones de George W. Bush con Arabia Saudita.

El gobierno estadounidense se empeña en exonerar a la familia de Osama Ben Laden de participación en los atentados del 11 de septiembre. Pero Osama (en el círculo) tiene más de 50 parientes cercanos, y es muy difícil que ninguno comparta sus ideas.

La comisión del Congreso que investiga los hechos del 11 de septiembre de 2001 tiene al presidente George W. Bush contra las cuerdas. El mandatario no quiere enfrentarla en audiencia pública y aceptó tras mucha polémica que su asesora nacional de seguridad, Condoleezza Rice, respondiera a las preguntas sobre fallas de inteligencia y otros puntos oscuros bajo el escrutinio de los medios. Pero ni él ni el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ni ningún otro alto mando hablarán en público. Aceptó dedicar una hora para que le hicieran preguntas, pero en privado, y pactó que tan sólo un miembro del Congreso tome apuntes de sus declaraciones, que por otra parte sólo dará después de las elecciones.

Tanta cautela tiene en ascuas a los observadores. La razón, dicen muchos, es que la comisión tiene hallazgos que podrían dejarlo muy mal parado ante el electorado, sobre todo ahora que la situación de Irak parece fuera de control. Bush tiene problemas para justificar la invasión a ese país, la que presentó como el segundo capítulo de la guerra contra el terrorismo, a pesar de que nunca se comprobaron vínculos de Saddam Hussein con Al Qaeda. En cambio siempre se supo que la mayoría de los terroristas, incluido Osama Ben Laden, eran de Arabia Saudita, un reino de fundamentalistas al que Washington sigue tratando como el mejor de los aliados.

En las extrañas relaciones con Arabia Saudita residen los mayores misterios del 11 de septiembre. Bush debería responder, entre otras, las siguientes preguntas: ¿por qué la Casa Blanca aprobó la evacuación de docenas de saudíes, algunos de ellos familiares de Ben Laden, después del 11 de septiembre sin interrogarlos para descubrir si tenían información o relaciones con la red de Al Qaeda, como ahora se sospecha? ¿Los negocios de esos saudíes con altos mandos del gobierno de Washington y con el propio presidente Bush incidieron en que los protegieran?

'Inocentes' saudíes

Dos días después de los atentados, los vuelos civiles seguían cancelados por seguridad. Todos, menos uno. Un jet bimotor recogió en varias ciudades a dos docenas de saudíes, entre los que figuraban varios familiares de Ben Laden, los llevó a un punto de reunión en Texas y después a Washington. De ahí salieron hacia Arabia Saudita cuando los vuelos internacionales se reanudaron. El FBI lo negó en un comienzo, pero recientemente el ex director del grupo de crisis de la Casa Blanca Richard Clarke confirmó en audiencia ante el Senado que la Casa Blanca había aprobado la salida de los Ben Laden y otros después de que el FBI dio su visto bueno. El embajador de Arabia Saudí en Estados Unidos, el príncipe Bandar, confirmó que su gobierno había fletado el avión, pues estaba preocupado por represalias contra saudíes inocentes.

El diario Tampa Tribune fue el primero en reportar que ese día en el que había orden de disparar a cualquier vuelo no autorizado, salió de Tampa, Florida, un Learjet a bordo del que iba entre otros, un hijo del ministro de Defensa, Sultán Ben Abdul Aziz. Algunos se preguntan cómo sabía el príncipe Sultán que su hijo corría peligro cuando aún no se conocía que 15 de los 19 secuestradores resultarían ser saudíes. Tampoco es claro por qué el ministro canceló dos días antes una visita al Japón planeada para septiembre, como si supiera que algo iba a ocurrir.

Varios meses después se descubrió que Sultán Abdul Aziz autorizó el pago de grandes sumas a fundaciones de caridad vinculadas con Al Qaeda como la Internacional Islamic Relief Organization y la World Assembly of Muslim Youth (Wamy). En mayo de 2003 un grupo de familiares de las 2.500 víctimas del 11 de septiembre demandó al príncipe Sultán y otros miembros del gobierno, la familia real saudí y los Ben Laden por más 116 billones de dólares. Los abogados de los saudíes pertenecen a la firma de James Baker, el ex secretario de Estado de George Bush padre y consejero del hijo en las elecciones de 2000. El conflicto se hace más evidente si se tiene en cuenta que la misma firma asesora al gobierno en asuntos de seguridad.

Lazos familiares

Y hay más indicios de relaciones entre los saudíes, incluidos los Ben Laden 'buenos', y el 11 de septiembre. La prensa estadounidense muchas veces se limita a decir que la familia renegó de Ben Laden y no mantiene vínculos con él, pero el terrorista tiene más de 50 familiares cercanos y es poco probable que ninguno apruebe sus acciones. Para empezar, el director de Wamy es un hermano de Osama, Abdulah Ben Laden. Él y su hermano Omar vivían en Falls Church, Virginia, y compartieron el edificio de cuatro de los secuestradores en Leesburg Park.

Carmen Ben Laden, ex esposa de Yeslam, otro hermano de Osama, dijo en una entrevista con ABC que era muy probable que la familia continuara dando dinero a Al Qaeda. "Es posible que lo hagan por apoyar el Islam". En efecto, la compañía de inversión de Yeslam ha sido investigada por la inteligencia francesa por desviación de dineros al terrorismo. Así mismo, Mohamed Jamal Califa, un cuñado de Ben Laden, ha sido relacionado con Ramsi Youssef, autor intelectual del atentado en 1993 al World Trade Center y al buque USS Cole en 2000. También se ha comprobado que el banco de los Ben Laden en Bahamas se ha usado para lavar dinero de terroristas, y las agencias estadounidenses sabían que Ben Laden seguía en contacto con su madrastra Al- Califa Ben Laden. En una grabación interceptada antes del atentado, Ben Laden le advirtió que "algo grande" iba a ocurrir.

Lo que se ha filtrado de la investigación también apunta a que el gobierno saudí estuvo involucrado en la financiación de los atentados. Por ejemplo, se han rastreado varios cheques que la esposa de Bandar, la princesa Haifa Ben Faisal, envió a Osama Basnan, un saudí residente en California. Basnan aseguró que la plata sirvió para una operación quirúrgica, pero las fechas no coinciden. El FBI cree que Basnan destinó ese dinero a financiar a dos de los secuestradores que llegaron a San Diego, California.

El otro sospechoso de financiar a los terroristas de San Diego es Omar al Bayoumi. Llegó a esa ciudad en 1998, cuando un benefactor saudí le financió una mezquita. Era misterioso, espiaba a los estudiantes saudíes, y los musulmanes del barrio creían que se trataba de un agente secreto del gobierno saudí.

En 1999 Al- Bayoumi se encontró en el aeropuerto de Los Angeles con los secuestradores Nawaf Alhazmi y Khalid Almihda, los ayudó a instalarse en San Diego y dio una fiesta para presentarlos en la comunidad. Su versión es que no conocía a estos jóvenes, pero los oyó hablando árabe y decidió ayudarlos a instalarse a dos puertas de su casa. Según filtraciones del informe independiente sobre el 11 de septiembre, Omar al Bayoumi recibía pagos mensuales de la autoridad saudí que se incrementaron (de 500 a 3.000 dólares) después de que llegaron a vivir con él los secuestradores. El informe especula que la plata que la esposa de Osama Basan (amigo cercano de Bayoumi) recibía de la esposa del embajador saudí en Estados Unidos les llegaba a los secuestradores por medio de Al Bayoumi. Al Bayoumi fue interrogado tras el 11 de septiembre, pero lo liberaron a las dos semanas.

A pesar de estas revelaciones es poco lo que Washington ha hecho contra los saudíes. Algunos datos hacen pensar que antes del 11 de septiembre se evitó develar sus vínculos en las investigaciones contra Al Qaeda. Así, en 1996 el FBI cerró una investigación a dos parientes de Ben Laden, Abdulah, el director de la Wamy y su hermano Omar. La investigación sólo se retomó después del atentado, cuando los hermanos ya habían abandonado el país.

Dos agentes del FBI también han denunciado que cuando perseguían una célula vinculada con el atentado a una embajada estadounidense de 1998, encontraron vínculos con el multimillonario saudí Yassin al Qadi, pero un superior cerró el caso.

Con Bush

Muchos se preguntan por qué la Casa Blanca ha sostenido que los Ben Laden y la realeza saudita no tuvieron que ver con los atentados. Y la respuesta puede relacionarse con la riqueza petrolera y la inversión de ese país en Estados Unidos, pero también con las viejas relaciones de los Bush con ellos.

Arabia Saudita, Paquistán y Estados Unidos fueron los patrocinadores de los Talibán contra los soviéticos en Afganistán en la Guerra Fría. Según los biógrafos de Osama, fue Turki Al Faisal, jefe de inteligencia de Arabia Saudita, quien contactó a la guerrilla mujayadin con Ben Laden. Al Faisal también figura entre los demandados por el 11 de septiembre. Oficialmente el gobierno saudí cortó con Ben Laden cuando ingresó a la lista de terroristas, pero según reportes independientes siguió pagándole para evitar ataques en su suelo.

Las relaciones con los Bush están documentadas. El grupo Ben Laden, dirigido por Salem, hermano mayor de Osama, fue socio de Bush padre en el Grupo Carlyle. El hijo también negoció con los saudíes. Hasta 1980, cuando Ben Laden comenzó a financiar y entrenar guerrillas afganas con ayuda de Washington, George W. Bush había estado a punto de quebrar en el negocio petrolero. Pero ese año su padre se convirtió en presidente y unos saudíes decidieron comprar un porcentaje de su petrolera Harken. El negocio era desventajoso pero se especuló que buscaban complacer al hijo del presidente.

Lo más impresionante son los inversionistas. Figuraban Salem Ben Laden y Khaled Ben Mahfouz, un banquero saudí casado con una hermana de Ben Laden y con 20 por ciento de las acciones del Bcci, que protagonizaría el peor escándalo bancario de la historia. En 1999 Ben Mahfouz estuvo bajo arresto domiciliario por contribuir a Al Qaeda.

Tantos cabos sueltos darán origen a las teorías conspiracionales más enrevesadas. Sólo Bush podría responder a esas preguntas, pero todo indica que se quedarán en el aire. El cineasta Michael Moore acaba de sacar un libro en el que se refiere al misterioso vuelo de los saudíes, y le pregunta a un imaginario Bush: "¿Por qué recibieron los saudíes y los Ben Laden este trato preferencial? Al menos 15 de los 19 hombres eran de Arabia Saudita pero usted bombardeó Afganistán. ¿Fue puntería? ¿O resulta aventurado ir contra un país que suministra 25 por ciento de nuestra gasolina y que alberga a tantos socios de papá? Trato de conocer el valor de las 3.000 vidas perdidas. ¿A cuántos metros cúbicos de gas natural equivalen?".

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