Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/28/2012 12:00:00 AM

El museo de la basura

Desde que 'The New York Times' publicó la historia de Nelson, un particular recogedor de basura, medios de comunicación, críticos de arte, galeristas y gente del común lo han llamado y se han acercado al Departamento de Sanidad para conocer su colección.

Una vez encontré, tirada en una esquina de una calle de Madrid, junto a bolsas de basura, una colección de películas de Almodóvar: Tacones lejanos, Todo sobre mi madre, Los abrazos rotos, Mujeres al borde de un ataque de nervios, La mala educación. Leí los títulos agachada sobre la caja de cartón donde estaban guardadas, y aunque tuve el impulso de agarrarlas, me acordé que de niña siempre me dijeron que no cogiera cosas de la basura. “Sucio”, “feo”, “malo”, esas eran las palabras con las que asociaba los desechos ajenos. Pero esta vez me convencí a mí misma de que la basura de unos puede ser el tesoro de otros.

Nelson Molina, trabajador del Departamento de Sanidad de Manhattan, Estados Unidos, descubrió ese secreto desde pequeño, cuando revisaba los basureros de los vecindarios de estrato alto. “En navidad muchos niños botaban sus juguetes viejos y como mi familia no tenía dinero para comprar tantos regalos, yo le llevaba a mis hermanos lo que otros niños habían desechado”, contó Molina a SEMANA.
 
Cuando comenzó a trabajar como recogedor de basura, hace 25 años, retomó su viejo hábito de buscar tesoros. Hoy su colección sobrepasa los mil objetos, todos encontrados por él y sus compañeros de trabajo durante la jornada laboral. Un retrato de Winston Churchill, máscaras de hockey, acuarelas, estatuas, trofeos, vitrales, cuatro guitarras eléctricas y hasta un mapache de peluche metido en una jaula, hacen parte de su improvisada galería.

Pero no se trata de alguien que apila cosas desordenadamente o de manera compulsiva, sino de un hombre que restaura y enmarca los tesoros que encuentra y los ubica en espacios precisos, para darles un sentido particular.
 
“Cuando descubro un cuadro o un portarretratos con el vidrio roto, lo desarmo y sustituyo el vidrio. A veces cambio también los marcos. Hago lo que sea necesario para poder colgarlo”, explica. Pero jamás ha ido a comprar un vidrio o marco nuevo, ni siquiera la pintura con que matizó las paredes de ladrillo del garaje fue comprada; todo proviene de lo que fue encontrado en la basura.
 
El estacionamiento del Departamento de Sanidad de la calle 99 se ha convertido en el Museo de la basura y Molina en su fundador. “Así me llaman aquí: el ‘Curador’”, dice orgulloso. 

El descubrimiento es de James De la Vega

Nelson es de origen puertorriqueño, pero ha pasado toda su vida en Nueva York. Allí se casó y crió a sus seis hijos, quienes hoy en día son universitarios. Desde 1981 trabaja recogiendo la basura de uno de los vecindarios más acomodados de la ciudad y en sus calles ha conseguido el material para armar su impresionante colección.
 
El garaje del Departamento de Sanidad “era lúgubre y aburrido, no había nada en las paredes. Entonces le dije a mis compañeros: ‘Cuando encuentren cosas solo tráiganlas y yo las comienzo a colgar’. Así se convirtió en una colección. Después de 25 años tengo el garaje cubierto con cuadros y todo tipo de cosas”, dice.

Aparte de Nelson y los demás trabajadores de su departamento, nadie conocía la enorme galería que escondían las paredes del viejo edificio. Una tarde Molina se encontró en la calle con James De la Vega, uno de los artistas urbanos más conocidos de Nueva York, también venido de Puerto Rico. “¿Cómo está, señor De la Vega? Tengo una buena colección de objetos que me gustaría que viera. También tengo algunas cosas suyas”, le dijo Molina, de manera casual.

De la Vega es famoso por los dibujos que hace con tiza en las aceras y sobre muebles, por sus murales y sus frases. “Conviértete en el sueño (Become the dream)” es una de las más célebres. Sus obras se han vendido en subastas por miles de dólares, pero Nelson Molina las incluyó en su colección sin costo alguno. El artista quedó fascinado con el trabajo del recogedor de basura. “No estaba interesado en sus cosas sino en todos los demás objetos que tengo aquí. Un día me dijo que se iba a poner en contacto con alguien de The New York Times y luego me llamaron y...” así la historia de Nelson y su galería alcanzaron el reconocimiento público. En el fondo, De la Vega y Molina hacen más o menos lo mismo, transformar espacios comunes de la ciudad en territorios del arte.
Cuestión de intuición

La sensibilidad y el gusto de Nelson para escoger y organizar los objetos que encuentra no es producto de una educación artística, sino más bien de un sentido intuitivo.
 
“No sé si los cuadros que encuentro sean de pintores conocidos, pero me parecen muy buenos”, dice Molina.
 
Recuerda que de niño le gustaba mucho pintar y que aplicó al New York Art and Design School, pero fue rechazado.“Mi mamá me cuenta que después de eso tiré todos mis cuadros y nunca más volví a pintar. Pero la pintura estaba dentro de mí, me encantaba”, asegura Molina.

En Nueva York hay más de 90 museos, pero a Nelson nunca le interesaron demasiado. “Llevaba a mis hijos pero nunca me llamó la atención ir al MOMA (The Museum of Modern Art), por ejemplo. Ahora, con todo lo que ha pasado, sí me gustaría ver de qué se trata realmente ese mundo”, reflexiona.

Para visitar la galería hay que pasar por varios canales burocráticos que finalmente niegan la entrada a fotógrafos y público general. Aunque a Nelson le encanta la idea de convertir el garaje en un museo, no cree que sea posible: “Estas cosas ahora son de la ciudad. Una vez que las ponen en la calle para que las recojamos, le pertenecen. Yo simplemente las exhibo porque no quiero botarlas”, explica con un poco de tristeza.

“He estado haciendo esto durante los últimos 25 años y nadie dijo o escribió nada al respecto”, dice. No obstante, ahora sí todos quieren conocer a Molina y recorrer la enorme colección donde más de un neoyorquino podría reencontrarse con las cosas que alguna vez consideró desechables.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.