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| 12/5/2013 12:00:00 AM

El Nobel y su camino a la inmortalidad

La entrega del Nobel de la Paz a Nelson Mandela y Frederick de Klerk impulsó el proceso de cambio Sudafricano.

Pocas veces el premio Nobel de la Paz había sido otorgado a antiguos enemigos irreconciliables. Pero la Academia Noruega en 1993 se decidió por dos personalidades que desde tiempo atrás trabajaban, desde dos extremos opuestos, por la "normalización", de su país. Sudáfrica, atravesado por los conflictos surgidos del régimen de segregación racial conocido como apartheid. 

Nelson Mandela, el líder del Congreso Nacional Africano (CNA) y Frederick de Klerk, por aquel el entonces presidente sudafricano se erigieron como las caras del cambio de un pa´s que pedía a gritos igualdad.

Para algunos, el otorgamiento conjunto del galardón fue una injusticia con Mandela, quien pasó 27 años de su vida en prisión, mientras De Klerk siempre estuvo ligado al  poder al que accedió con los votos del conservador Partido Nacional. 

Para 1993 Mandela era el político no gobernante más conocido del mundo, sin haber podido en sus 75 años de vida. El entonces líder del CNA nació el 18 de julio de 1918 en Guno, era hijo de Nonqaphi Nosokene y Henry Mandela, consejero del líder de la tribu Thembu. Realizó sus estudios en la Universidad de Fort Hare en 1944 fundó la Liga Juvenil del CNA en compañía de Walter Sisulu y Oliver Tambo.

En diciembre de 1952, en medio de una campaña de resistencia civil contra el apartheid, fue detenido en virtud de una ley de su presión del comunismo, pero ante la suspensión de su sentencia de nueve años de trabajos forzados, entró en la clandestinidad. De ese momento en adelante su activismo lo llevó a entrar varias veces a la cárcel, y su capacidad para desaparecer le granjeó el remoquete de "Pimpinela Negra".

Ese ciclo terminó en 1964, cuando fue capturado y condenado a cadena perpetua. Sin embargo, su movimiento no cejó en su compromiso, que sobrevivió a regímenes tan represivos como los de los primeros ministros Hendrik Vervoerd y Jon Vorster. La rebelión fue creciendo hasta que el 11 de febrero de 1990 Mandela fue sorpresivamente liberado por el nuevo presidente sudafricano, Frederick de Klerk.

De Klerk, elegido menos de un año antes en reemplazo de Pieter Botha, anunció en 1990 el cese de la prohibición del CNA, su aliado el partido comunista y otras organizaciones, a tiempo que llamó a ciudadanos de todas las razas a integrarse a su Partido Nacional.

El otorgamiento del Nobel a los dos gestores del acuerdo para aquel entonces fue visto como un paso más hacia la reconciliación de uno de los grandes conflictos del planeta.
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