Lunes, 23 de enero de 2017

| 1993/08/16 00:00

El Norte cierra sus fronteras

El informe de la ONU sobre el estado de la población mundial subraya el drama universal de las migraciones.

El Norte cierra sus fronteras

EN MEDIO DE UNA OLA DE XENOFOBIA, VIOlencia y racismo, los países industrializados levantan nuevos muros para contener a los pobres tercermundistas. En 1989 las Naciones Unidas estimaban que unos 50 millones de personas vivían en países distintos a los de su origen. Hoy en día, según el informe "Estado de la Población Mundial 1993" del Fondo de Población Mundial de las Naciones Unidas (FNUAP), "se estima que los migrantes internacionales están en el orden de los lOO millones de personas, lo que significa que cerca del dos por ciento de la población mundial vive fuera de su país natal".
En los países de Europa Occidental hay unos 15 millones de extranjeros residentes, es decir un cuatro por ciento de la población, o sea que entre 1980 y 1992 ingresaron allí más de 15 millones de inmigrantes. En Estados Unidos en los 80, se calcula que unos 10 millones de personas ingresaron al país. Cada año hay más de un millón de personas que migran permanentemente y un número casi equivalente de solicitudes de asilo. El proteccionismo comercial, la disminución de la ayuda al Tercer Mundo, el crecimiento demográfico y el deterioro ambiental, obligan a los "pobres" a desplazarse. El fenómeno está causando conmoción en el Norte. En junio del año pasado, en Copenhague (Dinamarca), los 12 miembros se comprometieron a luchar contra la inmigración clandestina, y el muro se empezó a construír piedra a piedra.
Alemania modificó su Constitución para adaptarla a los requerimientos de la Comunidad Europea. Holanda decidió seguir el ejemplo y Francia aprobó las leyes "Pasqua" en un intento por lograr la "inmigración cero". En Austria se aprobó una ley de residencia que establece el cupo de inmigrantes que pueden ingresar al país. En Gran Bretaña la opinión pública presiona para restringir aún más las leyes de inmigración. Y en el resto de los países de la CE el tema es prioritario en la agenda legislativa.
Y si en Europa llueve, en Estados Unidos no escampa. El presidente Bill Clinton, contrario a lo que había prometido, estableció nuevas restricciones. Según él "Hoy no podemos darnos el lujo de asumir más peso financiero en momentos en que no estamos creando suficientes empleos, ni proveyendo adecuada atención sanitaria y educación para nuestra propia gente".
Todas estas reacciones indican que xenofobia, racismo y recesión económica tienen una estrecha relación. Los países de destino de los inmigrantes consideran la migración como "una amenaza a la seguridad y el bienestar de la mano de obra local y de la sociedad en su conjunto". Pero también es cierto que la inmigración es necesaria para contrarrestar la escasez de mano de obra europea.
Desde el punto de vista económico, las migraciones tienen efectos en los países de origen. En 1989, el valor de las remesas enviadas por los migrantes fue de 66 mil millones de dólares, valor que, por orden de importancia, sólo es inferior al del comercio de petróleo, y es superior a la asistencia internacional para el desarrollo (46 mil millones de dólares).
Aunque las cifras son significativas, la destinación de las remesas no garantiza que se encaucen hacia inversiones productivas y no compensan la pérdida de recursos humanos puesto que la mayor parte de los migrantes pertenecen a los grupos más jóvenes y mejor educados. Lo más impresionante es que en América Latina los colombianos ocupan el segundo lugar en número de migrantes, después de los mexicanos. Según el informe del FNUAP "Colombia tiene entre 700 mil y un millón de personas fuera de sus fronteras, lo cual representa entre el nueve por ciento y el 12,5 por ciento de la fuerza laboral del país".
El patrón de migración ha cambiado. En los 60 emigraban los trabajadores capacitados y los profesionales. En los 90 la corriente migratoria se tipifica por la reunificación familiar y la migración ilegal no capacitada. De este flujo, casi el 50 por ciento corresponde a mujeres. Por todo eso se dice que la limitación del ingreso de inmigrantes a los países industrializados, requiere reforzar la asistencia para los países de origen con el fin de disminuir los motivos para migrar.
Es claro que los países receptores tienen el derecho de controlar el acceso a sus territorios, pero deben proteger los derechos de los inmigrantes y aceptar la posibilidad de ser una sociedad multicultural y pluriétnica. La asistencia internacional debe tener como objetivo el establecimiento de niveles de vida sostenibles en los países de origen. Al fin y al cabo, Europa, Estados Unidos y Japón representan el 10 por ciento de la población mundial, consumen el 70 por ciento de los recursos del mundo y producen el 90 por ciento de la polución que destruye el planeta. Y mientras esta desproporción se mantenga, los flujos de desheredados seguirán desplazándose inevitablemente.

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