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| 3/10/2003 12:00:00 AM

El nuevo desorden mundial

La crisis de Irak amenaza al sistema internacional: la ONU se debilita, la Unión Europea se fisura y la Otan pierde su razón de ser.

Mientras la poblacion europea parece unánimemente en contra de las amenazas de guerra contra Irak, los gobiernos se encuentran más divididos que nunca. Y el fenómeno atenaza virtualmente a todo el sistema multilateral. El 5 de marzo Alemania, Rusia y Francia emitieron una declaración contra la guerra en Irak

y amenazaron con vetar la propuesta de una segunda resolución, que abriría paso para el ataque preventivo deseado por el presidente estadounidense George W. Bush. Con ello se enfrentaron no sólo a Estados Unidos sino a los demás países que apoyan la moción, como Gran Bretaña, España e Italia. El hecho reveló una vez más que la proyectada guerra de Washington ha generado una fuerte ruptura dentro de los miembros de la ONU y la Unión Europea (UE). Casi al mismo tiempo el impasse de la Otan con respecto a una defensa preventiva de Turquía contra Irak se volvió crítico cuando el Parlamento turco se negó a dejar que las fuerzas estadounidenses usaran su territorio para atacar desde el norte.

Estas confrontaciones han hecho pensar a muchos acerca del futuro de la ONU, la Unión Europea y la Otan, ejes fundamentales del sistema internacional de la posguerra fría. Los tres organismos parecen encontrarse en un punto de quiebre que podría revolucionar el orden mundial.



La ONU

Las autoridades estadounidenses no dejan de advertirlo con tono de amenaza: si el Consejo de Seguridad no aprueba su deseada guerra contra Irak el organismo corre el riesgo de volverse irrelevante. "Las Naciones Unidas traicionarían su propósito de fundación y probarían ser irrelevantes a los problemas de nuestro tiempo", dice Bush.

Pero el Consejo de Seguridad se encuentra entre la espada y la pared. Si rechaza el deseo de Washington de que apruebe una invasión militar, Estados Unidos pasará por encima de su autoridad y liderará un ataque unilateral, con lo que comprometería su competencia en futuros conflictos. No obstante, si cede a la presión belicista, sería muy mal visto por varias naciones árabes, de Africa, Asia, Latinoamérica y Europa, que se oponen a la guerra en Irak y que acusarían al organismo de convertirse en una simple herramienta de la política estadounidense. "La ONU perdería credibilidad si se convirtiera en un sello de certificación para Estados Unidos y se volvería más creíble y respetable si el Consejo de Seguridad rechaza la resolución estadounidense", dijo a SEMANA John Paul, director del Foreign Policy Forum, organismo que monitorea a la ONU. Además, como explicó a esta revista John Quigley, autor de varios artículos sobre el Consejo de Seguridad de la ONU: "Una invasión a Irak se llevaría la vida de cientos de miles de militares y civiles iraquíes. Un Consejo de Seguridad que apruebe semejante guerra sería muy criticado".

La legalidad de una resolución belicista del Consejo de Seguridad es cuestionable pues la ONU se creó precisamente para evitar los conflictos internacionales y su Carta requiere que las disputas se resuelvan por medios pacíficos. Por eso muchos conservadores estadounidenses preferirían eludir el sistema institucional y las coaliciones para la guerra contra el terrorismo se impusieran como regla para futuros ataques en lugar del consenso en la ONU. Lo cual significaría que el sistema multilateral muriera y sólo quedara el poder absoluto estadounidense. "Sería un terrible golpe al concepto de seguridad colectiva y al derecho internacional", agrega Quigley. En últimas, lo que está en juego no es únicamente el cambio de régimen o el desarme de Irak, sino que en un futuro se le permita a Estados Unidos manejar todos los asuntos mundiales (la paz, el progreso social y el futuro del planeta, el terrorismo y las armas de destrucción masiva) con tan sólo un pequeño grupo de aliados confiables.



La Union Europea/b>

Quizá por miedo a este escenario el presidente de Francia, Jacques Chirac, justificó su oposición a la política de Estados Unidos diciendo: "Cualquier comunidad con tan sólo un poder dominante es peligrosa. Por eso estoy a favor de un mundo multipolar en el que Europa tenga su lugar". El problema es que la actual crisis ha vuelto confusa la idea de ese lugar de Europa en el orden internacional.

Así William Hitchcock, experto en relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos, explicó a SEMANA que el hecho de que varios países europeos apoyen al primer ministro británico, Tony Blair, y se opongan a Chirac, "es una señal de la creciente división dentro de Europa".

La posición del eje París-Berlín es quizás una respuesta al tono de menosprecio de Washington cuando su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, acusó a los países pacifistas de Europa de pertenecer a la "vieja Europa", que terminaría siendo irrelevante en el mundo del pos 11 de septiembre. En contravía de esta concepción, Jacques Chirac y Gerhard Schröder se están jugando las buenas relaciones transatlánticas para liderar en un futuro el contrapeso al poder de Washington.

La apuesta es peligrosa y podría costarles además las buenas relaciones con las nuevas democracias de Europa del Este, que aspiran a hacer parte de la UE. Para Chirac estos países cometieron un error al apoyar a Estados Unidos y no al eje francoalemán, que en todo caso sigue siendo la fuerza más importante en la Unión Europea. "Perdieron una oportunidad de oro para callarse", afirmó en una declaración que disgustó a los países implicados.

Según dijo a SEMANA el director del Centro de Información de Defensa en Bruselas, Tomas Vasalek, "mientras más importante es el vínculo transatlántico para el país, existe menos oposición al ataque militar a Irak". De ahí que los países más débiles son los más sumisos a Washington.

Eso ha afectado lo poco que se había avanzado hacia la adopción de una política exterior común en la UE. Y en términos económicos se estima, por ejemplo, que los países candidatos, como Polonia, que decidan participar en una guerra contra Irak, rebasarán por varios puntos los topes de déficit público exigidos por la Unión. La crisis de Irak podría llevar al reconocimiento de que la unión política y militar de Europa no es más que una quimera y el organismo no llegará a ser nada más que un pacto económico.

La Otan/b>

El mismo tipo de fracturas también se han comprobado en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), la coalición militar nacida en plena Guerra Fría para contrarrestar la amenaza soviética. Ellas se hicieron patentes en el rechazo de varios de sus miembros a usar la excusa de asistencia militar a Turquía para servir en la retaguardia del frente norte de la guerra contra Irak. Aunque con mucha dificultad Washington logró llevar a los miembros a un consenso, la propia Turquía terminó oponiéndose a esto. "La Otan tiene una misión defensiva, no fue diseñada para servir de escudo para que uno de sus miembros pudiera dirigir una guerra contra un Estado vecino que no pertenece al organismo", explicó Ted Carpenter, experto del instituto Cato. Por ello lo más probable es que Estados Unidos tenga que desistir de usar el marco de la alianza y contentarse con una invasión por un solo frente.

Gabriel Kolto, autor de La crisis de la Otan, dijo a SEMANA que en sus inicios Washington concibió la alianza militar no sólo como contrapeso a la Unión Soviética y como una forma de asegurar su hegemonía en la región, sino para evitar el resurgimiento del poderío alemán. De ahí que cuando la Urss colapsó la alianza perdió su justificación formal pero siguió siendo importante para Washington en su estrategia de bloquear la autonomía militar europea. Pero esta función empezó a fracasar desde la guerra de Yugoslavia en 1999. Estados Unidos salió decepcionado por la ineficiencia de la Otan. "Cada blanco tenía que ser aprobado por 19 miembros y cualquiera podía vetar las propuestas estadounidenses", dice Kolko. Estados Unidos ha querido desde entonces deshacerse de las ataduras de la Otan y por eso la guerra contra Afganistán se hizo sin ella. La única razón que tenía Washington para seguir manteniendo este vestigio del viejo orden era evitar que Europa desarrollara una política militar independiente, lo que se está dando hoy. Por ello la crisis de Irak le ha quitado toda razón de existencia al organismo. "Es probable que la Otan siga ahora el camino de Seato y todas las demás difuntas alianzas norteamericanas", concluye Kolto.

En últimas, semejante triste destino podría llegar a ser benéfico para el multilateralismo, pues obligaría a Europa a buscar una alianza militar que sirva a sus intereses y no a los de Estados Unidos. Sin embargo, evitar la defunción de los otros organismos internacionales en jaque por la guerra con Irak, como la ONU o la Unión Europea, será clave para que en un futuro el orden mundial no sea dictado por una única potencia.
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