Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/02/09 00:00

¿El nuevo Kennedy?

Con la campaña demócrata al rojo, los analistas empiezan a pensar que Barack Obama es el J.F.K. del siglo XXI.

Barack Obama se dirige a sus seguidores en Chicago el 5 de febrero de 2008

El martes de la semana pasada, poco antes de la medianoche y cuando se acababa de conocer el escrutinio de las elecciones primarias en 24 estados de Estados Unidos, Barack Obama les habló a sus seguidores en Chicago y les dijo una frase que ha puesto a pensar a los analistas de todo el país. "Hemos ganado, y hemos ganado porque nadie creía lo que acaba de ocurrir. Hace sólo un año teníamos el 4 por ciento en las encuestas, y hoy estamos más cerca de conseguir la candidatura demócrata", señaló. Y agregó esas palabras que se han convertido en su grito de batalla porque la repiten sus partidarios como si estuvieran delante de una estrella del rock: "¡Sí se puede! ¡Sí se puede!".

 La curiosidad de los analistas es válida. ¿Cómo es que un senador primíparo, de piel negra, llamado Barack Hussein Obama -un nombre que se asemeja a los de Saddam Hussein y Osama Bin Laden, enemigos declarados de Washington- y que a mediados de 2007 tenía un puntaje insignificante en las encuestas, le pisa ahora los talones a toda una ex primera dama y excelente senadora como Hillary Clinton en la carrera por la candidatura demócrata a las elecciones presidenciales del 6 de noviembre? La respuesta puede sonar a una locura, pero todo indica que es verdad: Barack Obama parece ser el nuevo John F. Kennedy y tiene más posibilidades de llegar a la Casa Blanca que las que tuvo el famoso presidente norteamericano asesinado en Dallas a finales de 1963.

 El columnista Frank Rich puso el tema hace 15 días sobre la mesa en su escrito dominical en las páginas editoriales de The New York Times. "Obama tiene mucho de la genialidad y la fortaleza de John F. Kennedy", escribió, pero con una diferencia sobre JFK: que ha captado el anhelo de la opinión pública en el sentido de que el país requiere una renovación en el año 2008. Rich dejó claro que si Kennedy debió hacer campaña durante la presidencia del republicano Dwight Eisenhower, un hombre muy mayor y muy querido por los estadounidenses, Obama la hace bajo el gobierno de George W. Bush, el presidente más impopular de la historia reciente en Norteamérica. Los sondeos no dejan lugar a dudas. Según uno que publicó recientemente The Wall Street Journal, sólo el 19 por ciento de la opinión cree que Estados Unidos va por buen camino. 

No sólo ha sido Frank Rich quien ha destacado las semejanzas del senador de Illinois con John F. Kennedy. Hace algunos meses, en una columna publicada en el periódico británico The Guardian, fue el mismísimo Ted Sorensen el que resaltó el fenómeno. Consejero de Kennedy en la Casa Blanca, biógrafo suyo y autor de muchos discursos memorables pronunciados por JFK, Sorensen dibujó un paralelo impresionante entre los dos dirigentes. No se trata sólo de la oratoria brillante, del hecho de que ambos son apuestos o de la forma como inspiran a las masas. Hay algo mucho más allá.

 A ambos, por ejemplo, los han criticado por la falta de experiencia. Ambos se educaron en la Universidad de Harvard, donde Obama, eso sí, ocupó un cargo de enorme importancia, pues fue el primer director negro del Harvard Law Review, el periódico especializado en asuntos jurídicos. Ambos, recuerda Sorensen, centraron la atención al publicar un libro. Kennedy lo logró con Profiles in Courage, y Obama con The Audacity of Hope (La audacia de la esperanza), que se convirtió en un best seller, de acuerdo con The New York Times.

 Otro punto en común es que los dos se hicieron célebres de la noche a la mañana. Kennedy lo hizo cuando habló en la convención demócrata de 1956 al presentar al candidato Adlai Stevenson, y Obama el 27 de julio de 2004 al presentar al candidato John F. Kerry, posteriormente derrotado por George W. Bush. Aún hoy resuenan sus palabras: "No hay unos Estados Unidos liberales o unos Estados Unidos conservadores. Lo que hay son los Estados Unidos de América. No hay una América blanca, o una América negra, ni una América latina o una América asiática. Lo que hay son los Estados Unidos de América, donde hay espacio para un muchacho flaco con un nombre chistoso, que cree que aquí hay un lugar para él".

 Sorensen dice además que tanto Obama como Kennedy cuentan con unos ancestros y una herencia singulares. Kennedy provenía de una familia acaudalada de Boston, pero su religión parecía ser un escollo para llegar a la Casa Blanca. "Aún no es el momento de elegir a un presidente católico", llegó a decir de él Harry Truman, La historia se encargó de demostrar lo contrario. Obama, por su parte, procede de la minoría afroamericana, pero a favor suyo juega el factor de que no es tan polarizante como Hillary Clinton.

 Un asunto en el que también hay parecidos es que tanto Kennedy como Obama están a favor de instituciones multilaterales como Naciones Unidas. Lo dos se pueden clasificar como oradores cerebrales que no apelan a la política del miedo sino a la política contra el statu quo, a la política del cambio, a la política de la esperanza. De esa forma logran inspirar a la gente, Y sobre todo, a la gente joven.

 Pero no sólo los analistas encuentran parangones entre Kennedy y Obama. La propia Caroline Kennedy, única hija del ex presidente, se declaró asombrada por el recuerdo de su padre que le ha despertado Obama. "He conocido mucha gente que me ha dicho cuánto la inspiró mi padre por lo buen presidente que fue. Ahora, por primera vez, creo haber encontrado un hombre que puede llegar a ser otro presidente con esas características, no sólo para mí sino para todo el mundo: Barack Obama", escribió en una columna en The New York Times dos días antes de que su tío, el senador Edward Kennedy, apoyó públicamente en Washington al senador de Illinois.

 La gran pregunta ahora es si todo ese parecido con John F. Kennedy le alcanzará a Obama para derrotar a Hillary Clinton en la convención demócrata del 28 de agosto en Denver. Hasta ahora, él le respira en la nuca. En lo que va de primarias, ha conseguido 710 delegados, y ella, 892. Se necesitan 2.025 para ser candidato. La pelea se está alargando. Y Obama confía en que su elocuencia se transforme en un tsunami que arrase con las aspiraciones de la ex primera dama y lo convierta en el próximo presidente de los Estados Unidos de América.

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