Jueves, 30 de octubre de 2014

| 2013/04/20 09:00

El nuevo “nuevo mejor amigo”

Al apoyar a Nicolás Maduro, Juan Manuel Santos se aseguró un aliado para buscar la paz, pero les dio municiones a sus contradictores internos.

A pesar de los polémicos resultados electorales, Juan Manuel Santos necesita a Nicolás Maduro de cara a las negociaciones en La Habana. Foto: AFP

Juan Manuel Santos casi no llega a la posesión de Nicolás Maduro. El presidente iba unos minutos tarde y, a paso rápido, entró a la Asamblea Nacional después del heredero de Hugo Chávez. Se coló entre la marea de dignatarios y finalmente logró instalarse en su puesto, junto a Ollanta Humala, Dilma Roussef, Cristina Fernández y Raúl Castro. 

Pero al fin y al cabo llegó. Y, después de unos días en los que pareció prenderle una vela a la oposición y otra al oficialismo, terminó reconociendo  públicamente al nuevo presidente. 

Tras las elecciones del domingo, el gobierno de Colombia no parecía tener claro qué hacer. “Te reconozco pero con reservas” pareció ser la táctica del gobierno. El lunes, mientras las cosas se complicaban en Venezuela, la Cancillería felicitó en un comunicado a Maduro, aunque mencionó la importancia de realizar una auditoría. Esa misma tarde Carlos Cure, el embajador saliente en Venezuela, fue junto al resto del cuerpo diplomático al Consejo Nacional Electoral que proclamó, en medio de arengas, vivas y gritos, a Maduro ganador oficial de las elecciones. 

En su cuenta de Twitter Juan Manuel Santos ni siquiera mencionaba  las elecciones. Oficialmente el presidente tampoco llamó a felicitar a Maduro, una cortesía usual en la diplomacia. Y el gobierno incluso dio a entender que Santos no iría a la posesión y que lo reemplazaría el vicepresidente Angelino Garzón. Ese gesto, aunque cauteloso, habría sido visto en Caracas como una jugada ambigua e inamistosa. 

 

La fórmula que permitió desenredar el proceso surgió casi simultáneamente con el comienzo de la cumbre de presidentes de Unasur, convocada en Lima para considerar el tema de Venezuela.  Poco antes de comenzar la reunión, Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, anunció sorpresivamente que se haría una auditoría a los resultados, la principal demanda de Capriles. 

Con el punto más polémico resuelto, presumiblemente por la presión internacional,  los presidentes respaldaron la decisión y felicitaron a Maduro. Ya con el respaldo continental, Santos anunció que iba a Caracas. 

Al final era difícil que primara otra cosa que la real politik,  donde los intereses se  imponen. Lo cierto es que Colombia tiene demasiados temas pendientes con Venezuela como para asumir el papel de defensor de la democracia.  El rol de Hugo Chávez fue clave para sentar a las Farc en La Habana y ahora, aunque las negociaciones tienen su propia dinámica, Venezuela sigue siendo un facilitador clave. 

A futuro, si se firmara un acuerdo, Caracas podría garantizar su puesta en marcha. Maduro fue además el enviado directo de Chávez en los albores del proceso y la guerrilla confía en él. De hecho subrayaron que su triunfo “es una garantía para el respaldo al proceso de paz”. Al ir a Caracas, Santos también les envió a las Farc un mensaje de compromiso personal con los diálogos.   

Sin embargo, esa estrategia no solo decepcionó a la oposición venezolana  y contradijo la línea oficial de Washington, el mayor aliado de Colombia, sino que les dio nuevas municiones a los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. 

Pastrana advirtió que “Colombia debía mantenerse en silencio” y que había que “deslindar la paz de nuestras relaciones con Venezuela”, mientras que Uribe y sus alfiles calificaron de vergonzosa la posición de la Casa de Nariño. Esos son dardos que dan en el blanco en una Colombia donde el odio al chavismo es casi un dogma y refuerzan su argumentación de que Santos es un contorsionista que quiere quedar bien con todos. 

El juego internacional suele ser complicado y es imposible dejar a todos contentos. Santos apostó por Maduro. Para él, ojalá sea su nuevo “nuevo mejor amigo”

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