Martes, 2 de septiembre de 2014

EL NUEVO SISMO DE CHINA

| 1989/06/26 00:00

EL NUEVO SISMO DE CHINA

por ENRIQUE POSADA CANO

Enrique Posada Cano,economista, escritor y profesor universitario, vivió en tres oportunidades (1965-1969,1973- 1978 y.1983-1986) en la China; primero como estudiante, luego como funcionario de la Academia de Ciencias y por último como ministro consejero de la embajada de Colombia. Por su conocimiento sobre el tema chino, SEMANA presenta el siguiente ensayo, que será útil para la comprensión de los complejos antecedentes del momento histórico actual.
Cuando uno ve las imágenes televisivas de cientos de miles de jóvenes reunidos en la plaza Dien Anmen de Beijing, es como si le devolvieran la película para presenciar otra vez aquellas multitudinarias manifestaciones del período de la Revolución Cultural. Nuevamente son estudiantes entre los 15 y los 25 años quienes protestan, quienes se arman de pancartas y hacen flamear banderas exigiendo cambios.
Como en un abrir y cerrar de ojos, desde entonces hasta hoy han transcurrido más de 20 años. Los protagonistas del actual movimiento de rebeldía son, en algunos casos, hijos y, en otros, hermanos menores de aquellos rebeldes de los años sesenta; sus progenitores o hermanos mayores se encuentran ahora en posiciones de autoridad: son ejecutivos de empresas o altos funcionarios de agencias gubernamentales. ¿Están de acuerdo o en desacuerdo con esta nueva generación a la cual le corre por la venas la misma sangre pero que de pronto se coloca frente a ellos en posición de desafío? Las actitudes son, sin duda, muy variadas y, otra vez, como durante la Revolución Cultural, es probable que hasta la unidad familiar se vea afectada por la confrontación.

DOS PREGUNTAS CLAVES
Sin embargo, la brecha entre distintas generaciones parece haberse acortado gracias a estos últimos 10 años de apertura durante los cuales, si no los abuelos al menos los padres, han venido aceptando que el mundo ha cambiado, que China ya no es ese "reino del medio" que pretendía y,de hecho, podía mantenerse durante décadas e incluso siglos aislado del resto del planeta y que así como la nueva revolución mundial de la tecnología no ha querido detenerse ante la gran muralla china sino que la ha derribado sin contemplaciones sumergiendo a más de mil millones de seres en una impredecible sociedad de consumo, asimismo la tozuda realidad de los hechos le ha revelado a la dirigencia china que los cambios realizados en la vida material de un pueblo no se quedan impunes sino que exigen del hombre, al mismo tiempo y en medida semejante, cambios en el orden espiritual. He aquí el punto donde radica verdaderamente la esencia de la actual lucha que se libra en China.
En definitiva, son dos las preguntas que frente a la situación de China la gente se hace en estos momentos: 1) ¿Qué es lo que verdaderamente ha cambiado allí durante estos últimos diez años?; y 2)¿Para qué se hizo y en qué consistió la llamada desmaoización de China?
Comencemos respondiendo a la segunda pregunta, y para entender lo que actualmente está ocurriendo allí, devolvamos un poco la película.
Por encima de todos los grandes protagonistas de la historia de este país-continente, tres nombres fulgen en su firmamento con destellos planetarios: Confucio, el emperador Ching Shi-huan y Mao Tse Tung. Ellos representan, a su vez, tres grandes épocas de distinto contenido y significación social. Mientras que a Confucio se le conoce como el gran maestro ético de China y su padre espiritual, cuyas enseñanzas morales han dominado durante más de dos mil años, al primer emperador Ching, quien vivió 200 años antes de nuestra era y 300 después de Confucio, se le atribuye el gran mérito de haber unificado los diversos territorios feudales o " reinos combatientes" en un solo gran Estado.
Viene más tarde, en el decurso de varias centurias, la sucesión de una dinastía tras otra, cual de todas más corrupta, que cabalgan sobre la ignorancia y el atraso de la población -de extracción campesina en más de un 90%- y que, gracias a la tolerancia de vicios tan degeneradores como el opio, conducen a la nación a su propia disolución y dejan abierta la brecha para sucesivas invasiones de potencias extranjeras.

UNA REPUBLICA FRUSTRADA
Durante la primera Guerra del Opio (1840-1842) hasta el gran movimiento del 19 de mayo de 1919, fueron seis décadas a través de las cuales China sufrió la invasión, intervención o agresión en distintos grados por una u otra potencia.
Antes de referirnos a Mao Tse Tung como el tercer gran personaje en la historia de China, habría que mencionar al doctor Sun Yat Sen, precursor y fundador de la primera República. Muy distinto habría sido seguramente el desenvolvimiento del proceso revolucionario de China si los caudillos militares no hubiesen interrumpido bruscamente la transformación de la antigua China -atrasada y sometida a control de los extranjeros- en una República regida por una constitución en la que se permitiera el juego democrático de los partidos, la elección, mediante el sufragio, de los mandatarios,la separación y mutua independencia de los distintos poderes, etc. Pero, a la muerte del doctor Sun, Chiang Kai-chek se declaró su legítimo sucesor y, de este modo, la alianza entre el "partido nacional" o Kuomintang y el Partido Comunista quedó rota y se desató la guerra civil.

EL LARGO CAMINO AUTARQUICO
Mucho de lo que hoy se vive en China, o sea el fervoroso y multitudinario movimiento de la juventud en pro de nuevos y mayores cambios que den paso a una sociedad cuyo espejo son las democracias occidentales, tiene que ver, querámoslo o no, con la forma como se desarrollaron las cosas a partir de la toma del poder por los comunistas.
Veamos los factores externos que determinaron el enclaustramiento de China, una vez más, dentro de esas murallas que han dádo en llamarse la "Cortina de bambú". A partir del momento en que los comunistas toman el poder en 1949, los Estados Unidos retiran a su embajador suponiendo que su regreso estaría casi que a la vuelta de la esquina, junto con el retorno al poder de Chiang Kai-chek.Pero tardó 30 años el restablecimiento de las relaciones chino -estadounidenses (1979), y durante este largo período ambos pueblos sufrieron el rompimiento de todo lazo, entre ellos el económico, el político y hasta el cultural, pero sin duda China llevó la peor parte. Toda su proyección de avánce tecnológico quedó en manos de sus relaciones con la Unión Soviética, qué en la época de la revolución burguesa en Europa había estado del campo de la contrarrevolución y que para la época de Stalin y la subsiguiente de Kruschev no se perfilaba propiamente como maestra en el campo de la industria y del desarrollo económico. No obstante, alguna ayuda, así fuese mediocre, pudo ofrecerle a China en la década comprendida entre 1950 y 1960, año este último en que la disensión ideológica entre ambas naciones llegó a tales extremos que se extendió al campo de las relaciones económicas, con la extrema medida, por parte de los soviéticos, del retiro de varios miles de ingenieros y expertos que cooperaban con China en todos los campos. China quedó así aislada del mundo circundante y tuvo que volver a arrancar de cero, en un esfuerzo descomunal por reinventar lo que ya estaba inventado fuera de sus fronteras. Es en ese momento histórico cuando se profundiza el atraso económico y, sobre todo, tecnológico de China, que ha de llevarla a recorrer el tortuoso camino autárquico que la condujo, a su vez, al túnel de la llamada Revolución Cultural.

DOS TENDENCIAS UNA Y OTRA VEZ
Dos tendencias, que hoy perduran, se conformaron desde entonces en el seno del Partido Comunista de China. Este divorcio se planteó desde cuando Mao tomó el camino de la guerra de guerrillas en las montañas, mientras que el trabajo urbano de los comunistas quedó en manos de dirigentes tan conspicuos como Liu Shao-chi y Zhou En-lai. Durante un largo e importante período de la vida política de China, Zhou En-lai reunió tanto poder como el de Mao, teniendo en sus manos tanto las relaciones exteriores como el manejo de la política interna en su calidad de Primer Ministro, además de destacarse como la figura política de China más conocida en el exterior. Tan cercano a Mao como a Liu Shao-chi- equilibrio político casi imposible durante la Revolución Cultural, la cual fue desatada por aquél contra éste como cabeza de un supuesto "cuartel general burgués"-, a veces se ha confundido este espíritu conciliador de Zhou con una posición de derecha. Por tratar durante 10 años (1966-1976) de frenar el caos, la violencia y el estancamiento generados por la Revolución Cultural, fue que Zhou En-lai se ganó el más enconado sentimiento de odio de la viuda de Mao y el resto de la "Banda de los Cuatro".
En cuanto a Deng Xiao-ping,actualmente desprovisto, por voluntad propia, de los principales cargos oficiales que un día ostentó (hoy sólo detenta el de presidente de la Comisión Militar, a pesar de lo cual su autoridad es la primera en todo el país), desde el mismo comienzo de la Revolución Cultural apareció alinderado junto con Liu Shao-chi, y fue por eso que su primera caída se produjo, casi simultáneamente,con la de aquél, hacia el año 1967. Seis años después Zhou lo saca nuevamente del ostracismo nombrándolo su viceprimer ministro, cargo que pierde poco después, para resurgir nuevamente como el gran líder de la nueva época reformista de China, en 1977.

Fue entonces cuando se produjo un drástico relevo en los altos mandos, siendo el más importante el de Hua Kuo-feng, sucesor de Mao por voluntad testamentaria de éste. Todo un equipo de dirigentes muy cercanos a Deng Xiao-ping y a su pensamiento fueron ascendidos a los cargos más importantes dentro del partido y el Estado, entre ellos Hu Yao-bang, quien, sin mucha experiencia de gobierno, había ocupado,sin embargo, el importante cargo de director del Departamento de Organización del Partido Comunista. Desde el año 1982 había sido nombrado secretario general del partido. Por pretender ir demasiado lejos en la modernización de China, pronunciándose incluso en favor de la moda occidental, cayó en desgracia a comienzos de 1986; Zhao Zi-yang, quien durante años, como secretario del partido en la provincia de Sichuan (más de 100 millones de habitantes), había puesto en práctica ciertas reformas económicas inspiradas en el ideario de Deng Xiao-ping, fue nombrado primer ministro también en 1982; Li Peng, antiguo tecnócrata egresado de una universidad soviética, fue hasta hace dos años, cuando se le nombró primer ministro, presidente de la Comision Educacional y viceprimer ministro; y Chen Yun, quien, al igual que Wang Li, pertenece a la vieja guardia, no obstante lo cual, gracias a su adhesión a la nueva política, volvió a tomar en sus manos las riendas de la planeción económica.

EL IDEARIO REFORMADOR DE DENG
Pero, ¿en qué consisten fundamenalmente esas ideas reformistas que el señor Deng lideró, junto con el ex presidente Liu Shao-chi y el ex primer ministro Zhou En-lai, desde antes de la Revolución Cultural y que este turbulento ciclón hubo de aplazar hasta los años finales de la década del setena? Son los que en un principio, aun en vida de Mao, se llamaron las "cuatro modernizaciones", o sea, la modernización de la economía, la de la tecnología, la educacional y la militar. Es en estas reformas económicas o gai-ge como se dice en chino, donde radica la verdadera contribución de Deng: el antecedente real de la perestroika. Y esto no consiste más que en la introducción de ingredientes capitalistas o de economía de mercado dentro del cuerpo inerte y ya agotado de la llamada economía socialista, cuya alma era el sistema colectivista de las comunas en el campo y en las ciudades, el sistema de propiedad y control estatal de las fábricas. Esto siempre estuvo muy lejos del pretendido poder obrero y fue, en cambio, el dominio absoluto de la burocracia del partido en todos los órdenes de la producción y la distribución.
En el caso de Mao, el camino autárquico y aislacionista que debió recorrer China, sumado al apego a ciertos dogmas en el terreno de las ciencias económicas, lo condujo a concebir un modelo de país que reproducía como un espejo el bloqueo y las dificultades que éste enfrentaba.Deng Xiao-Ping, con la audacia que lo caracterizó en la época de la puesta en marcha de su movimiento reformador, no se detuvo ante el reconocimiento de que lo que estaba llevando a cabo era un experimento de hibridación de la economía socialista con elementos de economía de mercado, pero todo eso supo ponerlo a buen recaudo con el manto del marxismoleninismo, sin dejar de agregar a este lema la continuidad del pensamiento de Mao Tse Tung como guía de la nueva política.
Pero fue tal su determinación de transformar la economía china, que no le tembló la mano ante la disolución de las comunas populares,santuario maoísta que hasta entonces había sido intocable. Deng derribó, a continuación, dogmas como el carácter antimarxista de las leyes del mercado de la oferta y la demanda como mecanismo regulador de los precios y elemento clave en la planeación económica. Pero no se detuvo ahi, sino que liberó a las provincias y a las empresas del yugo centralista que había estado frenando durante tres décadas la iniciativa de los niveles inferiores y la dinámica del desarrollo económico.
Y algo que había sido tenido como blasfemia por los marxistas: la posibilidad de que,dentro de una economía socialista, hubiera cabida para la inversión extranjera, fue echada abajo mediante un estatuto regulador de las empresas mixtas (de capital chino asociado con capital extranjero) en diversos sectores de la economía y de modo particular en las denominadas "zonas económicas especiales".

COMPARACION DIFICIL
Hoy, al comparar lo que está ocurriendo en la Unión Soviética con lo que acontece en China, suele abonársele un saldo positivo a la manera como los soviéticos combinan la apertura económica o "perestroika" con la apertura política o glasnost. Y en esto hay, evidentemente, una cosa cierta: los dos colosos del comunismo vuelven a estremecerse en circunstancias parecidas en las cuales una fiera batalla entre pasado y presente se desarrolla, y otra vez, particularmente en el caso de China, todo cuanto en ella hay de carga moral pretérita parece sobrepasar los anhelos de mayor modernización y libertad; pero nuevamente, tal como en anteriores episodios de conmoción social en ese gran país, la lucha entre dos tendencias políticas dentro de un mismo partido (el comunista, pues allí no se permite la existencia legal de un partido de oposición) se libra en torno al ritmo que debe imprimirseles a las reformas y hoy, sobre todo, a la transformación de las instituciones políticas que conforman la base de la República Popular.
Sea cual fuere el desenlace del actual movimiento, lo único que cabe señalar es que un sacudón como éste no es más que signo vital de una sociedad que vive un poco de profundos cambios.

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