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| 12/25/1989 12:00:00 AM

EL OCASO DE UN PUEBLO

Asesinado el presidente René Muawad, desaparece la última esperanza de paz.

Los satanes que desde hace más de tres lustros se han apoderado del Líbano parecen tener un extraño sentido de la justicia:la aplicación implacable, igualitaria y brutal de la vieja ley semita del talión. Eso parece demostrar el asesinato del presidente René Muawad, el pasado miércoles 22, cuando una carga explosiva de 250 kilos acabó con su vida en pleno corazón de Beirut Oeste, en una zona musulmana controlada por Siria.
En el atentado, además del jefe de Estado, murieron otras 14 personas y por lo menos 30 resultaron gravemente heridas. El Mercedes 500 blindado, de color azul metalizado en el que se transportaba el presidente, quedó totalmente reducido a polvo luego de la explosión. Otros cinco vehículos resultaron completamente destrozados.Y aunque inicialmente un responsable de la gendarmería libanesa afirmó que Muawad se encontraba sano y salvo, el mutismo oficial hizo que rápidamente se pusiera en duda su estado de salud y muy pronto se estableciera que había muerto.
Las acusaciones sobre las responsabilidades del asesinato surgieron tal como se podían esperar. Siria ha señalado al jefe del gobierno militar cristiano, el general Michel Aoun, como principal sospechoso, ya que este ha sido, entre otras cosas, uno de los que más duramente cuestionaba la legitimidad del presidente asesinado. Y aunque el general Aoun presentó sus condolencias luego de una reunión de urgencia con su "gobierno", convocada a raíz del atentado, los musulmanes también lo consideran "el único responsable de este crimen".
El asesinato de quien fuera el noveno presidente del Líbano desde la independencia de la nación, parece establecer un cierto equilibrio con el nunca castigado crimen cometido en 1982 contra el entonces presidente Bechir Gemayel. Sin embargo, la tristeza se adueñó la semana pasada de la clase política del país, que ve así truncadas las esperanzas de normalización que se habían sembrado tras los acuerdos alcanzados en Taif (Arabia Saudita).
El equilibrio que pretenden lograr estas fuerzas se apoya curiosamente en la ilegitimidad de ambos bandos. Muawad había llegado al poder volando sobre los proyectiles de los "órganos de Stalin" sirios y Bechir lo había hecho galopando sobre los carros Mercava israelíes. En uno y otro caso, la ceremonia formal de la elección por un Parlamento que hace mucho tiempo dejo de representar a la población del Líbano, no era más que la "sanción" de una situación de hecho creada militarmente.
La elección de René Muawad había consagrado la hegemonía siria sobre Líbano. Y los países árabes, Occidente (con excepción de Francia), la URSS y la mayoría de los libaneses habían terminado por dar "carta blanca" a la solución de Damasco, pero esto se había interpretado más como una muestra de querer parar la guerra que ha destruido al país desde hace 15 años, que como una solución justa.
De hecho, el acuerdo de los parlamentarios libaneses en Taif, en el que se designó a Muawad como presidente del Líbano, prácticamente no contemplaba la retirada de la bota siria,lo que dejaba con argumentos al general Aoun, quien sigue persiguiendo el ya casi imposible sueño de restablecer la independencia y la soberanía de su país.
Y aunque casi no hay nadie en el mundo que ponga en duda el hecho de que el asesinato viene por el lado de Aoun, no es menos cierto que en alguna medida es "explicable" por la opinión pública internacional. Sin embargo, todo el mundo coincide en que la situación volvió a quedar inmanejable. "Ahora es el caos total", dijo un diplomático occidental, cuyo país ha apoyado firmemente los acuerdos de Taif, alcanzados gracias a la mediación del "triunvirato árabe", compuesto por Arabia Saudí, Argelia y Marruecos.
El caso es que el asesinato del presidente del Líbano ha dejado al país en una situación de desamparo que irónicamente parece llamar al jefe del gobierno militar cristiano a ponerse a frente. Si bien la elección de René Muawad había dejado un poco en la ilegitimidad al general Aoun, desaparecido el jefe de Estado y sin que el nuevo primer ministro, Selim Hoss, haya podido formar el gobierno que se le encomendó, el general cristiano recuperaría el respaldo legal del encargado provisional del gobierno.Según esto, Aoun podría entrar a ampliar su gabinete y lograría incluir a otros dirigentes de Beirut Este, como el jefe de las fuerzas libanesas, Samir Gemayel.
Este paso sería, sin duda, contestado por sectores políticos de Beirut Oeste, donde Selim Hoss, quien salió milagrosamente ileso del atentado, vuelve a representar, como en el pasado, la contraparte de Michel Aoun. Al igual que antes de que se iniciara la "guerra de liberación" el Libano se encuentra ante un poder ejecutivo bicéfalo de facto.
La situación se complica aún más si se mira hacia el Parlamento. La única institución política del país que logró mantener una cierta cohesión y continuidad durante 14 años de guerra y que ahora, que se encuentra dividido por el tema de la aceptación de los acuerdos de Taif, disuelto por el general Aoun y respaldado por la comunidad internacional, atraviesa por una de las peores crisis que haya tenido. Y en alguna medida, sobre él descansa ahora la posibilidad de salir adelante, si los diputados son capaces de reunirse de nuevo para elegir el sustituto de Muawad.
El caso es que el Líbano es un bocado muy indigesto, inclusive para el estómago de hierro de Assad. La superprotección de los "panteras rosas" no pudo impedir que el flamante presidente amigo de Damasco se reuniera, en el más allá, con el archialiado de Jerusalem, Bechir Gemayel. Y la tesis según la cual Siria garantiza el orden en Beirut saltó en mil pedazos como el Mercedes 500 del presidente muerto. Sobre todo si se tiene en cuenta que en el atentado contra Muawad murieron más soldados sirios que libaneses, lo que demuestra que no es capaz de cuidar ni siquiera la vida de los suyos.Y desde luego,el autor intelectual del atentado del pasado miércoles probó que estan diabólico como el que organizó el atentado en 1982.
Si Bechir Gemayel significó el triunfo, en su momento, de las fuerzas cristianas y prooccidentales, René Muawad representaba el de las fuerzas panarabistas, musulmanas y, sobre todo, prosirias. Sus muertes lanzan un mensaje. Libano es demasiado para Israel y Siria, demasiado para Estados Unidos y demasiado para toda la nación árabe que apadrinó Taif. La única que puede salvar al Líbano parece ser la humanidad entera. Y algunos se preguntan si, quizás, ni aun ella.
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