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| 5/14/2011 12:00:00 AM

El optimista

Rafael Correa pensó que había arrollado en el referendo. Pero sus apretados resultados demuestran que se enfrenta a una oposición cada vez más fuerte, que podría poner en peligro la posibilidad de su reelección.

No hay nada peor que ensillar antes de traer las bestias. Y eso fue lo que le pasó al presidente Rafael Correa el domingo pasado, cuando se lanzó a celebrar lo que parecía una victoria avasallante en el referendo que su gobierno había puesto a consideración de los ecuatorianos con diez preguntas para, entre otras cosas, reformar el sistema judicial, regular los medios de prensa y prohibir juegos de azar y espectáculos en que se maten animales, como las corridas de toros o las peleas de gallos.

El mandatario le dio toda la credibilidad a un exit poll contratado por el gobierno, pero con el correr de los días el panorama se le hizo cada vez más oscuro. Correa, sin embargo, se negó a aceptar que no las tenía todas consigo. A SEMANA le dijo que "los resultados de la consulta ratifican una victoria del 'SÍ' pese a la campaña en que todos los sectores de la oposición se unieron contra nosotros". El jefe de Estado afirmó que se quiere deslegitimar su victoria mediante un retraso deliberado del escrutinio en las regiones donde ganó el 'Sí', y previó una victoria contundente. "Los consejos electorales siguen manejados por la partidocracia", dijo el mandatario, sin mencionar que el Consejo Nacional Electoral está controlado por el gobierno. "En la pregunta que con menos vamos a ganar va a ser con 200.000 votos, y en la que más vamos a ganar va a ser con más de un millón. La diferencia es de hasta 14 puntos y en promedio de siete, eso significa cerca de medio millón de votos de ventaja por pregunta", aseguró.

Pero las cosas no son tan claras. Al cierre de esta edición, el 'No' a la propuesta (especialmente controvertida) de crear un consejo para los contenidos de la prensa y fijar criterios de responsabilidad ulterior para periodistas o medios recibía 42,9 por ciento de los votos y el 'Sí', un 43,8 por ciento, tras escrutar un 70 por ciento de las mesas de votación. La pregunta que proponía crear una comisión tripartita para reestructurar el poder judicial, vista por la oposición como un esfuerzo por afectar la independencia de los jueces, recibía 43,54 por ciento de votos negativos y 44,93 por ciento de votos positivos.

En esas condiciones, no puede hablarse sino de una derrota para un presidente que puso todo el aparato estatal al servicio del 'Sí', amparado por un Consejo Nacional Electoral que poco o nada intervino para equilibrar el tiempo de propaganda que tenía cada una de las propuestas en los medios.

Los resultados muestran que la mayoría rechazó sus preguntas. Los votos negativos, los blancos y los nulos suman más de 50 por ciento, y ahora Correa se tiene que aferrar a leer la letra menuda de las leyes para que su referendo pase raspando. Por eso su gobierno sale deslegitimado, con un margen de maniobra débil y ahora varios caminos se abren a él para tratar de enmendar su error de cara a las elecciones presidenciales de 2013. Para el analista Sebastián Mantilla, la realidad es que "más que un triunfo contundente, lo que ha tenido el presidente es un duro revés electoral". El experto explicó que el papel importante del 'No' se debe al resurgimiento de una conciencia ciudadana por la democracia. "La preocupación por la radicalización del régimen, la toma de la justicia, de la concentración de poder y limitación de las libertades se ha hecho sentir", opinó.

Por su parte, el rector de la Universidad de las Américas, Carlos Larreátegui, indicó a SEMANA que "más allá de las posibles diferencias entre el 'Sí' y el 'No', queda en claro que la revolución no goza de un respaldo ciudadano contundente y que su base electoral es hoy minoritaria y clientelar". Recordó que la enorme popularidad del mandatario "ha sido invocada siempre para legitimar atropellos e injurias, pero a partir de ahora será muy difícil justificar el despotismo a nombre del pueblo". El catedrático y político previó que en lugar de aceptar su derrota con humildad, "el gobierno profundizará de ahora en adelante su autoritarismo y tratará desesperadamente de reconstituir su agrietado poder. Lo peor está por venir", enfatizó.

Por otro lado, para el asambleísta del movimiento Concertación Nacional César Montúfar, "esta consulta ha sido la partera de una oposición que presente al país una alternativa viable de cara al 2013", cuando se realizarán las próximas elecciones presidenciales. Recalcó que más allá de cuál sea el resultado oficial, "los ecuatorianos se pronunciaron con un mensaje claro que debe ser interpretado tanto por el oficialismo como por la oposición, en el sentido de que en el país no hay una sola visión".

El asunto es que Correa se ha ganado mucha antipatía. En sus concentraciones no admite un solo grito en su contra y ya son diez los ciudadanos que han ido a parar a la cárcel por contradecirlo o, como dice él, "por ofender la majestad del presidente". El analista Teodoro Bustamente dijo que estas detenciones son un abuso de autoridad y un atentado a la libertad de expresión, lo que no ha sido reconocido por Correa.

La consultora Gobierno Responsable, en una investigación dirigida por Mauricio Rodas, detectó que el año pasado Correa profirió 170 insultos contra periodistas, políticos y ciudadanos en general, en 48 informes sabatinos.

El presidente pretendía obtener más legitimidad y más poder con la consulta convocada, según él, para disponer de "instrumentos para gobernar" y acelerar así reformas. Los comicios demostraron que la gente no lo quiere tanto como él cree y que no es el líder invencible de hace cuatro años. Para el analista y catedrático universitario Vladimiro Álvarez, quien se considera un "crítico" del gobierno socialista, de ahora en adelante el jefe de Estado generará un debilitamiento del sistema democrático ecuatoriano al no respetar la autonomía de la justicia, y la consulta "solo tuvo un carácter demagógico y populista para obtener respaldo".

Correa tiene ahora un camino lleno de piedras. Por un lado, tiene que reorganizar su movimiento, Alianza País. Para el analista Simón Pachano, el sector más de derecha fue el que impuso la idea del referendo y ahora tiene que escuchar a un sector importante que se sintió desplazado. Correa también va a hacer cambios de gabinete. Desde ya renunciaron los ministros del Interior (Policía en Ecuador), Justicia y Agricultura.

Otra de las opciones de Correa es la llamada 'muerte cruzada', una figura de la Constitución que le permite disolver la Asamblea Legislativa y convocar a elecciones anticipadas, para buscar un nuevo soplo de legitimidad en las urnas. Es una opción por ahora arriesgada, pero el tránsito de los proyectos en el Congreso va a ser cada vez más difícil.

La oposición a Correa sale sin duda fortalecida, con el problema de que vertientes casi 'contranatura' se unieron en torno al 'No', como algunos exaliados de izquierda de Correa, el exmandatario populista Lucio Gutiérrez e incluso 'ovnis' de la política como Fabricio Correa, el hermano del presidente, un ingeniero que ha salido salpicado en varios escándalos de corrupción.

"El surgimiento de una oposición de izquierda es un efecto importante de estas elecciones. No puede, como al resto de sus oponentes, tratarlos de oligarcas", le dijo Pachano a SEMANA. Reunidos alrededor de antiguos aliados del gobierno como Gustavo Larrea, Alberto Acosta o la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), son los únicos que están organizados y tienen una propuesta de gobierno coherente.

En todo caso, es claro que el país sale dividido. Correa usará los resultados, por malos que sean, para convencerse a sí mismo y a sus seguidores de que tiene todo lo necesario para hacerse reelegir en 2013. Pero sus aspiraciones comienzan a resquebrajarse.
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