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| 4/17/2005 12:00:00 AM

El Opus Dei elige

La organización alcanzó gran poder durante el reinado de Juan Pablo II. Y es muy probable que influya en la decisión cuando el lunes se reúna el Cónclave a elegir el Papa.

Los observadores coinciden: el primer cónclave del tercer milenio pasará a la historia como aquel en que los movimientos católicos marcaron la pauta. Durante el papado de Juan Pablo II estas organizaciones como Comunión y Liberación, organización italiana nacida en los años 70; los Neocatecumenales, fundado en Madrid en 1964 y los Legionarios de Cristo, grupo ultrasecreto fundado en México en los años 40, gozaron de un terreno fértil para operar. Sin embargo, ningún analista desmiente que el Opus Dei es la organización que sobresale entre todas, por su enorme poder e influencia.

"A lo largo del último cuarto de siglo, el catolicismo se ha configurado a imagen y semejanza de la organización de José María Escrivá de Balaguer" , escribió el analista español Juan José Tamayo Acosta en El País de España. Al fin y al cabo, muchos de los cardenales simpatizantes del Opus Dei pertenecen a la cúpula vaticana como lo son, entre otros, el secretario de Estado vaticano, Ángelo Sodano; el camarlengo, Eduardo Martínez Somalo, y el mismo decano cardenalicio, Joseph Ratzinger, no sólo el hombre más influyente en la Iglesia sino el principal candidato para salir elegido Papa.

El Opus es el movimiento católico más potente del mundo y no hay analista que no le otorgue la capacidad de influir en el destino de la Iglesia. "Cuando oigo hablar de esto me dan ganas de reír, dijo a SEMANA su portavoz en Roma, Marc Caroggi. Existen dos Opus Dei. Uno es secreto, poderoso, intrigante, que inspira novelas como la de Dan Brow 'El código da Vinci'; el otro es el de la realidad, es decir, una pequeña institución de la Iglesia hecha de hombres con muchos defectos y pocas virtudes que no tiene ningún interés en influir la Iglesia", agregó.

Sin embargo, analistas como Tamayo , director de la cátedra de teología de la Universidad Carlos III de Madrid, no están de acuerdo con Caroggi. El Opus es "una organización elitista implantada en todo el mundo, con una estructura jerárquica rígida, ingente poder económico, disciplina férrea acompañada de terminología militar... fuerte componente proselitista y tendencia al adoctrinamiento"

Fundado en 1928 por el joven José María Escrivá de Balaguer, el Opus Dei tenía como finalidad llegar a la santificación a través del trabajo. Escrivá lo decía siempre: "No somos una organización determinada por exigencias particulares en una época determinada. Y existirá hasta cuando existan hombres sobre la Tierra, porque siempre los hombres tendrán trabajo para santificarse". Santificación que "fomenta el culto del éxito material y el dominio del capitalismo liberal", según argumenta el periódico francés Le Monde Diplomatique.

La orden es llamada por sus detractores con infinidad de expresiones: "cabildero reaccionario", "mafia santa", "club de plutócrates", "sanguijuela católica". Para Le Monde Diplomatique es "un ejército religioso que se porta como una secta, heredera de un anticomunismo militante, potencia que es al mismo tiempo económica y política".



Poder y dinero

No es fácil penetrar la cortina de silencio que cubre las finanzas de la institución; se sabe que representa una potente multinacional de la educación religiosa y, según algunos, factura unos 30 millones de dólares al mes. Interrogado sobre el tema, el portavoz Caroggio, ríe y dice que "probablemente salió de la imaginación de Cristopher Hitchens (periodista e escritor norteamericano), que dice que la Obra es rica como General Motors. Pero si queremos dar una idea justa sería mejor citar a John Allen (vaticanista norteamericano que vive en Roma), que dice que el poder económico del Opus equivale a 'una diócesis mediana en los Estados Unidos".

Caroggio también asegura que "el Opus Dei no es un 'holding' y por lo tanto no posee una estructura central que controla todo el aspecto económico. Somos un grupo de cristianos que viven, cada uno, de sus propios recursos y cuenta con el apoyo de estimadores que contribuyen sin hacer parte de la Obra".

El poder del Opus Dei quedó manifiesto cuando en 1982 se convirtió en una prelatura personal, siendo el primer caso hasta ahora en la Iglesia Católica. Es una especie de diócesis con un prelado, sacerdotes y fieles sin una jurisdicción territorial que rinde cuentas directamente al Papa. "Una Iglesia dentro de la Iglesia", sostiene Tamayo Acosta. Cuando murió Escrivá de Balaguer en 1975, un tercio del episcopado mundial pidió la beatificación, y el honor llegó sólo siete años después. La canonización, el 6 de octubre de 2002, llevó a Roma a miles de disciplinados seguidores, deseosos de mostrar su amor al fundador.

Durante su canonización fue mucho lo que se habló de la 'mafia santa'. En muchos sectores católicos, incluidos muchos cardenales, la decisión provocó rechazo por su elitismo y porque no olvidaban el título nobiliar de marqués de 'Peralta', obtenido gracias a su amigo el dictador Francisco Franco.

El Opus Dei cuenta en la actualidad con 85.000 miembros repartidos en los cinco continentes: después de Europa, América Latina es la región que posee el mayor número de adeptos. Si bien se declara una organización seglar, son sus sacerdotes (1.800) los que detentan el poder y ocupan los puestos dirigenciales. Actualmente es liderada por el obispo español Javier Echavarría. Los seguidores de Escrivá han construido un imperio que cuenta con centenares de universidades, alrededor de 630 diarios y 52 cadenas de televisión en todo el mundo.

Se podría pensar que con la muerte de Juan Pablo II, el gran mecenas de la organización, la influencia del Opus Dei podría desaparecer o declinar. Posibilidad más que remota. Adeptos y amigos están en las más altas esferas del poder, no sólo en la Iglesia. En Italia entre los hombres cercanos se encuentran personajes como el actual primer ministro Silvio Berlusconi, el ex presidente Francesco Cossiga, el presidente del Banco de Italia, Antonio Fazio; el presidente de la Cámara de Diputados, Pierferdinando Casini y el ex primer ministro Giulio Andreotti.

En el ambiente eclesial cuenta con dos cardenales, Julián Herranz Casado y el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani Thorne. Sin embargo, despierta simpatías entre los cardenales más influyentes como Ratzinger (que se convirtió en el punto de referencia en los debates previos al cónclave), Giovanni Battista Re, Angelo Scola, Dionigi Tettamanzi (cuyo favoritismo es cada día es mayor ), Darío Castrillón Hoyos... En la actualidad, aseguran los expertos, la 'Obra de Dios' es omnipotente en la 'Ciudad Eterna'.

El que no parece contar con la aprobación de la 'Obra de Dios' es el papable brasileño Claudio Humees, porque según afirman los expertos, a "los templarios de 2000 no les gustan los progresistas". Otro latinoamericano que no le cae en gracia al 'club' es el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, que la semana pasada hizo una intervención en la que enfatizó en la renovación del catolicismo, lo que fue interpretado por algunos analistas como un programa alternativo al de Ratzinger.

Teniendo en cuenta la historia del Opus Dei, no hay nada que haga suponer que su influencia en el próximo papado, así como la tuvo durante el reino de Juan Pablo II, pueda disminuir. Podrá tener menos ascendente en el futuro, si el Papa que viene opta por un proceso de 'democratización' y apertura de la Iglesia, pero sin duda seguirá siendo una voz que se hace sentir: ha alcanzado cargos muy altos en la jeraquía eclesiástica que se lo permitirán .
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