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| 9/8/2007 12:00:00 AM

El oro cristalino

La escasez de agua podría motivar las guerras del futuro. Sobre todo si la humanidad no se pone de acuerdo en cómo repartirla.

La Iglesia católica se vistió de verde. El giro ecológico en el discurso papal del domingo pasado tomó por sorpresa a la prensa mundial. Benedicto XVI, que en tantos otros sentidos se ha mostrado como un Papa retardatario, reclamó a cientos de miles de jóvenes católicos cuidar más el planeta e hizo énfasis en que el agua es un recurso "precioso" que se debe compartir de forma "equitativa y pacífica" para evitar conflictos.

Muchos han advertido que el mundo está ante una crisis mundial por cuenta del agua, y Benedicto XVI no es el primero en mostrar preocupación por el tema. "La próxima guerra en Oriente Medio será librada por el agua", sentenció en 1985 Boutros Boutros Ghali, el exsecretario general de Naciones Unidas. A juzgar por las dos guerras del golfo, donde el petróleo tuvo un papel determinante, el diplomático egipcio se precipitó en su pronóstico. Pero durante años los expertos han temido que el incremento de la población mundial, sumado al cambio climático y la contaminación, hará estallar guerras entre las naciones por el control del preciado líquido.

"El petróleo es visto como una materia prima 'estratégica' por muchos Estados poderosos, algo por lo que están dispuestos a ir a la guerra", explicó a SEMANA Michael Klare, profesor de Paz y seguridad mundial en el Hampshire College y autor de 'Resource wars: the new landscape of global conflict' (Las guerras por los recursos: el nuevo panorama del conflicto global). El agua también puede adquirir este estatus para Estados localizados en regiones áridas que dependen de la irrigación para producir alimentos. "Si el suministro de agua de estos países también depende de un río importante que surge afuera de su territorio -el Nilo, en el caso de Egipto; el Jordán, para Israel, o el Éufrates, para Siria e Irak-, el agua adquiere este carácter 'estratégico' y puede ser una causa de guerra si las naciones río arriba construyen represas para satisfacer sus propias necesidades que disminuyen el flujo descendente del río", explica el experto.

El suministro de agua ha estado entre las causas de más de un conflicto. En el polvorín que es Oriente Medio, muchos la señalan como parte de una agenda escondida detrás de las guerras. Ariel Sharon, quien tuvo un papel protagónico en el frente de batalla antes de llegar a ser el Primer Ministro israelí, declaró ante los micrófonos que una de las razones de la guerra de 1967 había sido que los ingenieros sirios estaban trabajando para desviar parte del flujo del Jordán. Irak movilizó sus tropas en 1975 cuando Siria interrumpió su suministro. Después de firmar el tratado de paz con Israel en 1979, el presidente egipcio Anwar Sadat dijo que su país nunca volvería a entablar una guerra, excepto para proteger sus recursos hídricos. Y el rey Hussein de Jordania también declaró que el agua sería la única razón por la que entraría en guerra con el Estado judío.

Siguiendo la misma línea, El Cairo se declaró dispuesto en 1991 a usar la fuerza para proteger su acceso al Nilo, donde hasta el día de hoy ha habido cooperación entre los nueve países que dependen de sus aguas, cuya población, dicho sea de paso, se podría duplicar en dos décadas y hace temer una futura competencia por sus recursos.

Desde tiempos ancestrales, las civilizaciones se han afincado cerca de las fuentes de agua. Los ríos han servido para determinar en los mapas los límites entre países, pero no saben de divisiones políticas. En términos generales, las regiones problemáticas están allí donde varios países dependen del mismo río para satisfacer sus necesidades básicas y han fracasado en adoptar un régimen equitativo para compartir el suministro. El tema no es un asunto menor. Casi la mitad de la población mundial, de acuerdo con la ONU, vive en las cuencas de los 263 ríos que cruzan alguna frontera internacional.

"Ningún líder dejará a su país sin agua" aseguró a SEMANA Jim Thebaut, director de 'Running dry', un documental que hace parte de un programa público en Estados Unidos para educar al mundo. "Los países desarrollados como Estados Unidos y Canadá dan el agua como algo garantizado, pero es inexcusable para una sociedad global que haya un solo niño sin acceso al agua potable".

Se calcula que cada ocho segundos muere un niño por enfermedades relacionadas con el agua. "Lamentablemente se está viendo que los países más afectados son los menos desarrollados. No necesariamente las zonas con problemas son las de menos recursos", explica Julio Calderón, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), desde la sede regional en Panamá. Y pone como ejemplo a México, donde la zona con mayores problemas es el suroeste, donde hay más agua. El norte es más árido, pero también más industrializado. "Si uno investiga, ya hay muchos conflictos internos por cuenta del agua, entre distintos sectores -como el agrícola y el industrial- o entre provincias", agrega.

"Hay suficiente agua para todos. El problema que enfrentamos es, sobre todo, un problema de gobernabilidad: cómo compartir el agua de forma equitativa y asegurar la sostenibilidad de los ecosistemas", sostiene la ONU en su último informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo, donde reconoce que el agua es clave para alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio. Pero acompaña la afirmación con una advertencia: "Hasta el día de hoy, no hemos alcanzado ese equilibrio".

El agua no se acaba, pero la población mundial aumenta a cada momento. Mientras algunas regiones sufrirán la escasez, en otras, como Canadá o Escandinavia, disfrutarán de la abundancia. Gran parte del agua en el mundo es inaccesible o llega en forma de tormentas y huracanes imposibles de prever. Los estudios señalan que las inundaciones también se darán con mayor frecuencia, y China es posiblemente el mejor ejemplo, pues combate diluvios y desbordamientos en el sur de su territorio y sequías en el norte.

Los usos del agua, y la contaminación, tienen una relación directa con la demografía. Y mientras los países más desarrollados cuentan con poblaciones más o menos estables, el mundo en desarrollo generalmente registra un crecimiento acelerado y una migración masiva hacia las grandes ciudades, lo que agrava el problema.

Los retos se multiplican a lo largo y ancho del planeta. Australia batalla con sequías devastadoras y sus dos principales ríos no dan abasto. Ciudad de México carece del drenaje adecuado y el agua pura podría escasear a la vuelta de unos años. Las imágenes satelitales de los lagos africanos son dramáticas. Algunos han descendido de manera drástica: el lago Chad es tan sólo una décima parte de lo que era.

Pero todo esto no apunta, necesariamente, a un escenario apocalíptico. Aaron Wolf, un experto en las políticas de las cuencas de ríos multinacionales de la Universidad de Oregon que ha estudiado los conflictos por cuenta del agua, no comparte la teoría de 'las guerras' del futuro por el precioso líquido. "El agua, dijo a SEMANA, causa muchas tensiones, pero pocas crisis políticas. Por el contrario, fuerza a la gente a cooperar. Árabes e israelíes, India y Pakistán, en todas partes gente con conflictos reales termina cooperando". En su opinión, lo verdaderamente preocupante es la crisis humanitaria en algunos países subdesarrollados. "Incluso si estallan guerras, ¿cuánto más daño se puede hacer?", asegura cuando recuerda los millones de niños que mueren por enfermedades prevenibles relacionadas con el agua. Quizá, más que el líquido, lo que falta es solidaridad.
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