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| 9/6/2008 12:00:00 AM

El oso acecha

Muchos temen que después de Georgia, Rusia tenga en la mira al agrietado gobierno prooccidental de Viktor Yushchenko.

Los ecos de la desafiante actitud de Rusia en su área de influencia tradicional se escuchan con más fuerza en Kiev, la capital de Ucrania, que en ningún otro lugar. Esta semana la frágil coalición de gobierno se rompió por cuenta de las viejas tensiones entre las fuerzas prorrusas y las prooccidentales, entre las que se cuenta al presidente Viktor Yushchenko. A diferencia de los países bálticos, esta ex república soviética, como Georgia, no está bajo la sombrilla ni de la Otan ni de la Unión Europea (UE). Se trata de un país fronterizo con la UE, mucho más grande y poblado, lo que haría más difícil cualquier aventura militar en su contra. No obstante, en el nuevo orden mundial creado por la ofensiva del Kremlin, muchos temen que se convierta en el próximo objetivo del oso ruso.

Las potencias occidentales son conscientes del riesgo. El jueves, el vicepresidente estadounidense Dick Cheney, visitó Kiev como un gesto de respaldo. Como escribió en The Guardian el ministro de Exteriores británico, David Miliband, que también visitó el país hace pocos días, "Ucrania es clave. Tiene fuertes vínculos con Rusia y esto interesa a ambos países. Pero también es un país europeo. Los líderes ucranianos han hablado de su aspiración de ver a su país convertirse en un miembro de la UE". A eso se suma que, por su ubicación estratégica, es un paso obligado del gas que Rusia le vende a Europa.

Desde la 'Revolución Naranja' de 2004 Ucrania no llamaba tanto la atención mundial. En ese entonces, las protestas callejeras contra un resultado inicial fraudulento condujeron a la presidencia al prooccidental Yushchenko, entonces desfigurado en un atentado por envenenamiento. En Washington, el resultado fue celebrado como un triunfo de la democracia, mientras Moscú consideraba la pérdida de influencia en Kiev una humillación orquestada por la CIA norteamericana. Los roces entre las dos capitales emergen de cuando en cuando, como en la famosa 'guerra del gas' de 2006, que llevó a Rusia a cortar el suministro a Ucrania para renegociar los contratos.

Desde aquella 'revolución', la política ucraniana se ha polarizado entre fuerzas favorables a Rusia y a Occidente. El Partido de las Regiones de Viktor Yanukovich (el perdedor ante Yushchenko), que simpatiza con Moscú, fue el más votado en las más recientes elecciones parlamentarias, pero la suma del bloque de la primera ministra Yulia Timoshenko y Nuestra Ucrania, el partido del Presidente, antiguos socios en la Revolución Naranja, permitió establecer un gobierno prooccidental.

Esa es la coalición que esta semana voló por los aires en medio de recriminaciones. El bando del Presidente calificó como "traición" que Timoshenko no respaldó su condena a las acciones militares rusas y la acusa de haberse aliado con Yanukovich. Todavía no está claro cómo se va a reacomodar el Parlamento, pero los analistas aseguran que la ambiciosa dirigente trata de posicionarse para las presidenciales de 2010, que contaminan todo el debate político.

En los últimos años, Ucrania ha tratado de salir de la esfera de influencia de Moscú y acercarse a Occidente. Yushchenko aspira a que su país ingrese no sólo a la UE sino también a la Otan, lo que Moscú considera una amenaza intolerable a su seguridad. El ex presidente y primer ministro Vladimir Putin ha llegado a amenazar con apuntar sus mísiles a Kiev. Varios diarios europeos recuerdan una anécdota de Putin que el Kremlin nunca ha confirmado ni negado. En una conferencia de la alianza atlántica en abril, éste se enfureció con el presidente estadounidense George W. Bush y le dijo: "Tú entiendes George, Ucrania ni siquiera es un Estado".

Uno de los argumentos de la ofensiva rusa sobre Georgia fue defender a los ciudadanos rusos en Osetia del sur. Ese fue un mensaje preocupante para Kiev, pues de los 20 millones de rusos que viven en las ex repúblicas de la Unión Soviética, casi ocho están en Ucrania. En este país de 46 millones de habitantes, el ucraniano es el idioma oficial, pero el 30 por ciento de la población habla ruso.

En ese contexto, preocupa que, después de la guerra de Georgia, la tensión militar se ha trasladado al mar Negro, donde se cruzan buques de Rusia y de la Otan. La situación es particularmente delicada en Crimea (ver mapa), donde el 58 por ciento de los habitantes es de origen ruso. Esa península era parte de Rusia hasta que fue transferida a Ucrania por Nikita Khrushchev en 1954. Allí se encuentra la base de la flota rusa del mar Negro gracias a un arrendamiento que expira en 2017 y que Yushchenko quiere renegociar, lo que podría empeorar la situación. Por si fuera poco, algunos aseguran que Moscú ha estado repartiendo silenciosamente pasaportes rusos. "En Ucrania, pocas personas desean una confrontación con Rusia. Crimea tiene que ser manejada con mucho cuidado, pero espero que no veamos acciones militares", dijo a SEMANA Roderic Lyne, ex embajador británico en Moscú.

La popularidad de Yushchenko está en el piso y los sondeos muestran un rechazo mayoritario al ingreso a la Otan, así que no es tan claro que el bando occidentalista haya ganado el pulso en Ucrania. La lección de Georgia podría inclinar la balanza.
 
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