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| 7/23/2011 12:00:00 AM

El partido del NO

Obsesionados con evitar la reelección de Obama, los republicanos han llegado al extremo de poner al país al borde de la cesación de pagos. Michelle Bachmann, su candidata más popular, es el símbolo de la nueva ultraderecha.

A 16 meses de las elecciones no solo para la Presidencia, sino para la Cámara de Representantes y para un tercio del Senado, el Partido Republicano se ha convertido en un verdadero 'Doctor No' de la política en Estados Unidos. Al cierre de esta edición, el viernes a mediodía, se negaba a pactar un plan con el presidente Barack Obama con el fin de aumentar el techo de la deuda pública, de modo que dejaba al país al borde de la cesación de pagos, un hecho sin precedentes en la historia norteamericana. Fuera de eso, seguía poniéndole trabas a un programa de ayuda económica para quienes han perdido el empleo como consecuencia de las importaciones, con lo cual congelaba la aprobación de tres tratados de libre comercio firmados hace años por la Casa Blanca. Inquietante.

El desacuerdo con respecto a la deuda pública es el más grave de todos. La situación es la siguiente. Hasta ahora, el tope máximo de esa deuda es de 14,3 billones (millones de millones) de dólares y la única forma como Estados Unidos puede seguir pagando sus obligaciones es si lo aumenta antes del 2 de agosto. El caso es similar al ciudadano que necesita un incremento en el cupo de la tarjeta de crédito. El asunto en Washington es que tanto Obama como la oposición republicana son conscientes de que aparte de modificar el tope máximo de la deuda hay que bajar el déficit. Para hacerlo, la Casa Blanca ha propuesto que en los próximos diez años se ahorren cuatro billones de dólares. La idea consiste fundamentalmente en reducir el gasto en programas sociales y, en menor medida, en subirles los impuestos a las compañías petroleras, a las empresas de gas y a los propietarios de jets privados, todos ellos favorecidos por los recortes tributarios que impulsó el anterior presidente, George W. Bush.

Pero esto último, claro, les sabe a cacho a los republicanos, para quienes los recortes deben afectar únicamente al gasto del gobierno central y no superar los 2,4 billones de dólares. Sin embargo, aunque las conversaciones no fluían, el jueves por la tarde hubo acercamientos entre Obama y John Boehner, el presidente de la Cámara de Representantes (Speaker of the House, en inglés), donde la bancada republicana es mayoría. Pero aunque trataban, los republicanos se negaban en redondo a respaldarlos. Lo mismo ha hecho esa bancada con la aprobación de los tratados de libre comercio (TLC) firmados con Colombia, Corea del Sur y Panamá. Obama quiere someterlos a votación del Senado y la Cámara, pero sus opositores, que tradicionalmente han abogado por los TLC, rehúsan darle luz verde a lo que a cambio les pide el presidente: el programa de Asistencia de Ajuste Comercial (TAA por sus siglas en inglés), que compensaría con mil millones de dólares en tres años a quienes hayan perdido el empleo como consecuencia de las importaciones.

¿Por qué se han vuelto tan negativos los republicanos? ¿Por qué le dicen que no a todo? La respuesta es simple: porque quieren evitar a toda costa la reelección de Obama en noviembre del año entrante y porque, como mínimo, sueñan con recuperar el control del Senado en esos comicios, para alcanzar la mayoría no en una sino en las dos cámaras. El lío es que por andar en esas, y sin que esto signifique que el presidente no juegue políticamente con astucia, están perdiendo el norte. Como muy bien lo explicó Dana Milbank en su columna en The Washington Post, hoy el Partido Republicano, que exhibe como su mayor ídolo a Ronald Reagan, no se da cuenta de que actúa en sentido contrario a quien considera su ícono y que ocupó la Casa Blanca entre 1981 y 1989. Es más: Milbank comenzó su escrito recordando que en 1962, cuando Reagan abandonó las toldas demócratas para pasarse a la otra orilla, dijo que era el partido quien lo había dejado a él; pero agregó en su columna que ahora, en pleno 2011, es "el Partido Republicano el que ha abandonado a Reagan".

La tesis parece válida y las estadísticas lo dejan claro. Durante su Presidencia, Reagan accedió en 11 ocasiones a elevar el techo de la deuda y -oh sorpresa- a subir los impuestos. Por si fuera poco, también se le midió a mantener el gasto público en el 23 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cosa que hoy no aceptaría su partido -la bancada republicana en la Cámara votó hace unos días por reducirlo al 18 por ciento y le parecía altísimo-. Cómo será la distancia entre las ideas de Reagan y lo que promueven hoy los republicanos que el martes, en una reunión partidista, el presidente de los representantes demócratas, John Larson, animó a sus seguidores en el Capitolio en Washington con un video de discursos no de Bill Clinton, ni de John F. Kennedy, ni de Franklin Delano Roosevelt, emblemas de la colectividad, sino de... ¡Ronald Reagan!

El extremismo de los republicanos tiene su mayor expresión en la popularidad de Michelle Bachmann, afiliada al Tea Party, quien el año pasado resultó elegida a la Cámara por el estado de Minnesota. Bachmann, que de acuerdo con un sondeo de The Washington Post y la ABC cuenta con el 12 por ciento del apoyo republicano y es solo superada por la Palin, con el 18 por ciento, y por el exgobernador de Massachusetts Mitt Romney, con el 26 por ciento, emerge como uno de los fenómenos políticos de los últimos meses. Nacida hace 55 años en Waterloo, en Iowa, sostiene que Dios le indicó que debía casarse con Marcus, su esposo, quien pudo escuchar simultáneamente en otro sitio la voz celestial. Bachmann estudió en Oklahoma, fue funcionaria de la Administración de Impuestos y elegida posteriormente al Senado por sus iniciativas originales.

La hoy representante a la Cámara quiere prohibir las bodas homosexuales, considera que el Bachillerato Internacional debe eliminarse porque no pregona la superioridad del cristianismo, considera que Obama es un brujo que debería ahogarse en un lago por su falta de patriotismo y piensa que la película infantil Aladino promueve la magia negra. Además, sus metidas de pata son legendarias. La página web Politifacts.com , que obtuvo un Premio Pulitzer hace dos años y que verifica si las afirmaciones de los políticos se ajustan a la realidad, la cataloga como la más mentirosa de los políticos. Para la muestra, un botón: hace poco, Bachmann dijo que el actor John Wayne también había nacido en su pueblo, Waterloo, y que ese tipo de personajes son dignos de imitar; pero no se dio cuenta de que el dato era falso y que el John Wayne nacido en esa localidad de Iowa había sido un asesino en serie que mató más de treinta personas entre adultos y niños.

Como quiera que sea, lo cierto es que, si bien los índices de impopularidad de Obama son del 48 por ciento, según RealClearPolitics.com, y los de aprobación llegan solo al 46 por ciento, los republicanos lo tienen cuesta arriba en su carrera hacia la Casa Blanca. De momento, ninguno de sus precandidatos parece dar la talla y el objetivo común es darle garrote al presidente y decirle no y no y no. ¿Será correcta la estrategia? No se sabe. Menos aún cuando falta más de un año para la votación, y cuando todo puede dar un giro de 180 grados en un abrir y cerrar de ojos. Por eso siempre conviene recordar la frase del primer ministro británico Harold Wilson: "Una semana, en política, es una eternidad".
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