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| 4/9/2011 12:00:00 AM

El que pega primero...

Al lanzarse muy temprano a la reelección, Barack Obama puede estar asegurando que seguirá en la Casa Blanca hasta 2017. ¿Por qué?

El lanzamiento de la campaña a la reelección de Barack Obama, el lunes de la semana pasada, no parece una mala idea del presidente de Estados Unidos. Si bien la Casa Blanca enfrenta guerras en Afganistán, Irak y ahora Libia, y que el déficit nacional puede llegar a los 1,5 billones de dólares, Obama se la jugó de lleno por varios motivos. El primero es aprovechar un leve respiro de la crisis económica y el segundo es emplear a favor suyo la división de la oposición republicana, donde no hay líder visible. Por increíble que suene, Obama, en medio de semejantes líos y si las cosas siguen como van, será reelegido en noviembre del año entrante y volverá a posesionarse el 20 de enero de 2013. Haber dado el salto rápidamente lo favorecerá.

El anuncio se produjo ese 4 de abril, muy temprano. El presidente puso un video en YouTube en el que varios ciudadanos se referían a él sin mencionarlo y que redireccionaba los datos a la página web BarackObama.com, y remitió un correo electrónico en el que dejó claras sus aspiraciones. "No creemos en comerciales de televisión ni en extravagancias. Creemos en la gente que trabaja cuadra a cuadra, en la gente que se esfuerza, en la gente que quiere construir una campaña y que sabe que eso toma tiempo- dijo. Y agregó-: Y dado que estoy concentrado en mi oficio pero consciente de que el año entrante no habremos alcanzado la velocidad de crucero, lanzo hoy mi candidatura. Será mi última campaña, al menos como candidato". El título del video era It Begins With Us (Empieza con nosotros).

La reacción de la otra orilla, la de los republicanos, no tardó. En otro video respondieron duramente para subrayar que la economía hace agua, que el presidente es lento en reaccionar a los desastres políticos y que no ha sabido lidiar con los conflictos externos. Pero lo cierto es que Obama se metió por completo en el tema de la reelección y para ello nombró a quien fue su número dos como jefe de gabinete en la Casa Blanca, Jim Messina. Las oficinas ya han abierto en Chicago y la esperanza es recaudar la nada despreciable suma de 1.000 millones de dólares para que el primer presidente afroamericano de la historia gringa siga en el poder.

Para nadie es un secreto que Obama decidió picar en punta con la idea de que "el que pega primero, pega dos veces". El correo enviado a sus seguidores y el correspondiente video fueron distribuidos 582 días antes de las elecciones, que siempre se celebran a principios de noviembre. Ningún presidente en ejercicio se había anticipado tanto.

La cosa es así. El republicano George W. Bush se tiró a la piscina de la reelección el 17 de mayo de 2003. Su antecesor, el demócrata Bill Clinton, lo hizo un poco antes, el 15 de abril de 1995, justo después de que su contrincante, el senador Bob Dole, dejó conocer sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca. Bush papá tardó más. Reveló sus deseos en diciembre de 1991, y perdió con Clinton. Ronald Reagan, ídolo republicano, también se tomó menos tiempo que Obama. Difundió sus intenciones el 18 de octubre de 1983, un año y un mes antes de los comicios en los que derrotó al demócrata Walter Mondale.

Otro factor que ha tomado en cuenta Obama a la hora de presentar su nueva campaña es justamente el hecho de que no hay adversario visible. Entre los republicanos no está claro quién será el gallo de pelea para enfrentar al presidente. Hay una lista preliminar donde está Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts y exprecandidato en 2008, un hombre hábil, experto en los sistemas de salud, pero que no posee mucho carisma y a quien puede perjudicar la circunstancia de que es mormón. Lo cierto, sin embargo, es que, según Real Clear Politics, que hace un cómputo de diversas encuestas, Romney tiene el 18,4 por ciento de aprobación entre el ramillete de precandidatos.

En ese listado se encuentra así mismo Newt Gingrich, del estado sureño de Georgia, quien dirigió la "revolución conservadora" que en 1994 ganó las elecciones legislativas y se tomó el Senado y la Cámara en tiempos de Clinton. Gingrich, que llegó a ser el presidente de la Cámara de Representantes (lo que en inglés se conoce como Speaker of the House), formó hace pocas semanas un "comité exploratorio" para analizar sus posibilidades. Pero no es joven y encuentra mucha resistencia en el centro y la izquierda del espectro ideológico. De allí que, de acuerdo con el cómputo de varios sondeos, obtenga el 12 por ciento de popularidad.

El multimillonario Donald Trump figura en esa misma baraja de precandidatos republicanos. Dueño de varios rascacielos en Nueva York, protagonista de escándalos y foco permanente de los reporteros gráficos, Trump anda ahora con el cuento de que el país necesita otro rumbo y de que Obama no nació en Estados Unidos. Este argumento cala en algunos republicanos, que ven en él un modelo de progreso personal y financiero. El 13,5 por ciento lo acompañan, pero no se sabe cuál será el futuro de esta candidatura.

La lista sigue con Mike Huckabee, también precandidato en los comicios pasados, que ocupó la gobernación de Arkansas y que presenta un programa de televisión en la cadena Fox en el que toca el bajo con el grupo musical. A Huckabee hay que pararle bolas, pues hoy cuenta con el 18,6 por ciento de respaldo, lo que lo pone a la cabeza del pelotón. Pero hay más: están la representante del Tea Party Michele Bachmann, que viajó recientemente a Colombia, y el exgobernador de Minnesota Tim Pawlenty, que a finales de marzo conformó su propio "comité exploratorio".

No obstante, el personaje más visible dentro del firmamento republicano, el que más atrae la atención aunque no llegue al 13 por ciento en las encuestas, es la excandidata a la Vicepresidencia Sarah Palin. Autora de libros que no se sabe si escribe de su propio puño y letra, y célebre por algunas metidas de pata, la Palin es un verdadero ídolo dentro de los republicanos más escorados a la derecha y dentro del Tea Party, que mantiene su radicalismo.

¿Sería capaz ella de derrotar a Obama? Parece muy improbable. Solo un fenómeno extraño permitiría que Sarah Palin, con sus declaraciones destempladas y su escaso conocimiento de algunos temas, tenga las credenciales para vencer al presidente. Es más: los asesores de Obama deben frotarse las manos si la exgobernadora se convierte en candidata. Nada favorecería más al actual inquilino de la Casa Blanca que un debate televisado entre él y Sarah Palin. Conviene recordar que en 2008, cuando se la vio ante las cámaras con el hoy vicepresidente Joe Biden, la exgobernadora debió preguntarle si podía llamarlo simplemente "Joe". Después se supo por qué: en los ensayos con sus asesores jamás logró pronunciar el apellido del compañero de fórmula de Obama.

Pero si bien es cierto que falta mucho para las votaciones, como dijo un gran dirigente inglés, "una semana, en política, es una eternidad", los analistas creen que el anuncio de Obama es estratégicamente perfecto y que el presidente, songo sorongo, va a terminar por armar una campaña con todos los hierros y va a conseguir millones de dólares tras su lento acercamiento al sector empresarial, del que tanto recelaba. Así las cosas, lo más probable es que Obama se quede en Washington, en el puesto que más poder da en el mundo, hasta la mañana invernal del 20 de enero de 2017.
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