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| 6/5/2015 6:20:00 PM

La historia del pigmeo al que exhibían en un zoológico

Un nuevo libro cuenta la tragedia de Ota Benga, un joven que fue secuestrado y recluido en la jaula de los orangutanes en Nueva York. Se suicidó a los 33 años.

La historia de Ota Benga merece más que un libro; es una tragedia más que vivió la humanidad y que amerita conocerse. La periodista Pamela Newkirk la cuenta en Spectacle: The Astonishing Life of Ota Benga (Espectáculo: la increíble vida de Ota Benga), un libro que acaba de ser publicado por Amistad, en Estados Unidos.

Todo empezó en 1904, cuando el empresario estadounidense Samuel Phillips Verner fue enviado a África a buscar pigmeos para ser exhibidos en la Exposición Universal de Saint Louis. Con la ayuda de traficantes de esclavos, Verner secuestró a Ota Benga y a otras ocho personas de la etnia Batwa, con quien vivía en un bosque ecuatorial cercano al Río Kasai, en el Congo Belga.

Como todos los hombres de su tribu, Ota no superaba el metro y medio de altura y tenía los dientes artificialmente afilados, por lo que se les atribuyó el nombre de pigmeos.



Luego de llevarlo durante dos años a distintas ferias y exhibiciones, Verner lo vendió al Zoológico del Bronx, donde fue recluido en la jaula de los orangutanes. El lamentable espectáculo tenía la pretensión de promocionar la teoría según la cual el hombre evolucionaba del mono.

Ota tenía que dormir junto a un orangután amaestrado, con el que aprendió a comunicarse a golpes y a través de ruidos guturales que empezó imitando y que terminó por apropiarse. En principio, era una puesta en escena para entretener al público, ante quien era presentado como el “eslabón perdido” entre el mono y el hombre. Pero luego de un tiempo, y acosado por los visitantes, la conducta de Ota Benga se tornó violenta.

Grupos afroamericanos repudiaron el espectáculo racista, humillante y tortuoso, y la presión llegó a tal punto que la exhibición cerró. A finales de septiembre de 1906 pasó a estar custodiado por el clérigo negro James H. Gordon, quien lo llevó a un orfanato. Pero ahí no terminó la historia.

Tras el orfanato fue adoptado por la poeta estadounidense Anne Spencer (1882-1975), activista del movimiento Harlem Renaissance, considerado como un renacimiento de las artes afroamericanas. En ese marco, intentaron introducirlo en sociedad e inculcarle costumbres occidentales: lo vistieron con pantalones largos, camisa y saco, lo inscribieron en un seminario teológico. Aprendió a comer y a hablar inglés. Le devolvieron los dientes a su forma original y se le empleó en una fábrica de tabaco.

Pero a pesar de los intentos quería Ota regresar a su país. Unos años después, el 9 de marzo de 1916, en medio del choque de dos mundos que no pudo comprender, Ota Benga se disparó con una pistola que había robado. Tenía 33 años.

En 1992 ya se había publicado un libro sobre Ota Benga. Su autor es el nieto de Samuel Phillips Verner, Phillips Verner Bradford y la obra se titula Ota Benga, el pigmeo en el zoológico. Durante su investigación, Verner Bradford visitó el Museo Americano de Historia Natural donde descubrió que se conservaba una máscara y una figura de su cuerpo.

La historia de Ota Benga también inspiró el cortometraje de 2002 Oto Benga, un pigmeo en América, dirigido por el brasileño Alfeu França, quien usó películas originales filmadas a principios de siglo por Samuel Phillips Verner.

El libro de Pamela Newkirk promete contar la historia con transparencia y rigor.


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