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| 8/10/1992 12:00:00 AM

EL PODER DE LA SIERRA

El triunfo de Sixto Durán causa entusiasmo entre los empresarios y preocupación en los sectores sociales.<BR>El triunfo de Sixto Durán causa entusiasmo entre los empresarios y preocupación en los sectores sociales.

LOS RESULTADOS DE LA SEgunda vuelta presidencial del 5
de julio no sorprendieron a nadie, porque todo apuntaba a que el sucesor de Rodrigo Borja en la presidencia del Ecuador sería el arquitecto de 71 años Sixto Durán Ballen. Durán es un hombre obstinado, porque llega al poder luego de su tercer intento, cuando se cerraba su ciclo para la política.
También lo es porque logró convertirse en el segundo mandatario del interior (la sierra, como dicen en Ecuador) en los últimos 30 años de historia de, este país marcadamente regionalista.

La segunda vuelta celebrada entre dos conservadores, el republicano Duran y su antiguo compañero en el gobierno de León Febres Cordero, el social cristiano Jaime Nebot, no comportaba una confrontación ideológica.
La actitud del social demócrata Borja, quien cumplió la obligación de votar pero lo hizo en blanco, subrayó lo cerrado de la elección.

Al final, la personalidad conciliadora y abierta de Durán se impuso por 4,4 millones de votos (contra 2,2) ante la fogosidad y virulencia de su contendor. En ese sentido, la presidencia de Durán se parecía más a la de Borja que a la de Febres (1984 -1988). Esa apreciación se confirma con lo dicho por el presidente electo, quien ha reconocido que Borja tuvo la virtud de lograr la desmovilización del grupo guerrillero "Alfaro Vive, Carajo" e iniciar el diálogo con los indigenas, asi como lograr la apertura hacia la prensa y las negociaciones limítrofes con el Perú.
Pero en materia económica, las diferencias son muy marcadas. Durán ha advertido que no continuará la política "gradualista" de su antecesor, que consistió en ajustes periódicos de los servicios, los artículos de consumo, la gasolina y las tasas de interés, junto a minidevaluaciones semanales y el desmantelamiento cíclico de aranceles.
Esa política, considerada como de "bajo costo social", entrega a Durán un país con un deficit fiscal cercano a los 300 millones de dólares, un desempleo del 14 por ciento y un subempleo del 50, pero con una relativa paz social.

El nuevo presidente es partidario de una economía de libre mercado y de la reducción del tamaño del Estado, y cuenta con un pasado de trabajo y honestidad que ni sus adversarios se atreven a cuestionar. Sin nombrarlas concretamente, anunció que tomara decisiones que afectaran a la población, pero que las compensará con decretos de caracter social. "Necesariamente hay medidas que tendrían cierta repercusión negativa, que habría que balancearlas con otras que la compensen". Esos anuncios hacen prever que habrá continuidad en ciertos programas, en especial la política educativa, caracterizada por el objetivo de mejorar su calidad y permitir a los tres millones de indígenas una educación español-quichua.

Pero, la generalidad y ambigüedad de los comentarios de Durán han despertado críticas que apuntan también a su actitud ante el Pacto Andino, del que Durán se ha declarado partidario "en tanto nos signifique beneficios". Todo indica que la política económica será dirigida por el vicepresidente Alberto Dahik, a quien sus críticos califican de "Chicago boy", en alusión a la famosa escuela que defiende a ultranza el sistema de libre mercado. Las agremiaciones empresariales han recibido los anuncios con un alborozo inversamente proporcional al temor que brota entre los sindicatos, grupos indigenas y las fuerzas de izquierda.

Falta ver si, como dicen algunos en Quito, con la llegada de Duran, cuyo apellido se incluye entre las 120 familias que detentan el poder económico en Ecuador, se regresará a la tradición de los jefes de Estado vinculados a las viejas familias latifundistas, católicas y blancas, en un país donde la mitad de la población es indígena.
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