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| 6/14/1993 12:00:00 AM

El polvorín de Europa

Las guerras europeas comienzan por los Balcanes. La situación de Bosnia podría ser el comienzo de un nuevo conflicto generalizado.


LA SITUACION DE LA GUERRA CIVIL DE LA antigua Yugoslavia ha llegado a un punto crucial. El genocidio al que están sujetos los bosnios musulmanes a manos de sus paisanos de origen serbio, hace que los líderes de occidente se sientan cada vez más culpables. El presidente norteamericano Bill Clinton insiste tímidamente en que la intervención extranjera es inevitable, y, por lo pronto, su idea es levantar el embargo de armas -para equiparar militarmente a los musulmanes- y bombardear las posiciones de artillería de los serbios. Al cierre de esta edición, el mundo esperaba el resultado de un extraño referéndum, que determinaría si la "República Serbia de Bosnia", acepta el plan de paz de la ONU, pero existía seguridad de que su resultado sería negativo. En esas condiciones, la intervención, cualquiera que fuera su forma, sería cuestión de tíempo.
Pero los aliados europeos se muestran renuentes porque la idea norteamericana no responde a varias preguntas claves. Lo primero que se preguntan en el Viejo Mundo es cómo llegarían esas armas a manos bosnias. Pero además, ¿si las armas llegaran a su destino, ello garantizaría que las supieran usar? ¿Qué pasaría con las tropas de la ONU que se encuentran en los territorios en conflicto? ¿,Los croatas, que libraron lo duro de su guerra el año pasado, regresarían plenamente al conflicto? ¿Se ampliaría éste al Kosovo (el Jerusalén de los serbios) y a Macedonia? ¿Los rusos, tradicionales aliados de los serbios, no llegarían al extremo de tumbar a Boris Yeltsin y acudir en ayuda de sus viejos aliados? Los europeos saben mucho mejor que los norteamericanos, que los Balcanes han sido tradicionalmente polvorín de Europa. Nadie se extrañó que la chispa de la "Gran Guerra'' estallara en los Balcanes, y nadie debería extrañarse que la guerra civil de Yugoslavia desencadenara ahora un conflicto de grandes proporciones. En las postrimerías del reinado de Francisco José, el imperio Austro-Húngaro era un volcán en el que la población alemana de Austria dominaba -con una férrea represión de los nacionalismo- una población de polacos, checos, serbo-croatas, búlgaros y eslovenos. Junto a él, el otro imperio que ocupaba los Balcanes, el Turco-Otomano, también entraba en decadencia, Rusia ambicionaba una salida al Mediterráneo y los países balcánicos (Grecia, Rumania y Bulgaria), querían anexarse los territorios dominados por los turcos pero poblados por poblaciones de su misma lengua, religión y raza. La caída del sultán hizo que Austria-Hungría se anexara en 1909 a Bosnia, hasta entonces dominada por los turcos, y los rusos debilitados por la guerra contra el Japón, no pudieron hacer nada para defender a sus primos serbios que compartían ese país.
El 28 de junio de 1914, un nacionalista bosnio-serbio asesinó al archiduque austríaco Francisco Fernando, Austria-Hungría acudió a su aliado Alemania para evitar una revolución. Rusia no podía dejar otra vez solos a los serbios, y el conflicto se planteó por fin entre las potencias centrales, Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria, contra las del llamado Entente, Francia, Rusia y Gran Bretaña, junto con Japón, Italia, Rumania, Grecia y, muy al final, Estados Unidos. Al término de la conflagración habían desaparecido Austria y Turquía como imperios, y con ellos el mundo del siglo XIX. Veinte millones de muertos lo atestiguaban.
Casi un siglo más tarde, la situación es parecida. El mundo es testigo de un reordenamiento de poderes, con el bloque comunista recién desmantelado. El comunismo que como los imperios mantuvo los nacionalismos a raya, dio paso a la independencia de estados que nunca o casi nunca la habían tenido, como Croacia, Eslovenia, Macedonia, Bosnia. En todos ellos hay minorías raciales y religiosas que podrían llamar a sus países de origen a intervenir, llegado el caso.
Ni siquiera la elaboraeión más optimista resulta alentadora. El escenario de un escalamiento del conflicto comienza con su extensión al Kosovo, un territorio poblado por albaneses étnicos, quienes al huir masivamente involucrarían a Albania. Macedonia, temerosa de una invasión serbia se aliaría con aquella. Grecia, que ve con malos ojos la independencia de Macedonia, decidirse que la mejor defensa es el ataque. Croacia, rearmada, reanudaría -ante las pérdidas sufridas por los serbios- su intento por recobrar sus territorios perdidos el año pasado. Hungría, Rumania y Bulgaria quedarían al borde del conflicto, y Austria y Rusia podrían verse también arrastrados.
A pesar de todo, ese no es el peor escenario, porque los países musulmanes podrían intervenir en defensa de sus hermanos de credo en Bosnia. Es por eso que los líderes mundiales están ante un dilema mucho más complejo que la simple ayuda a un pueblo masacrado. Lo que está de por medio podría comprometer la paz mundial, y en eso la historia no miente. -
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