Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/01/11 00:00

El presidente ‘cool’

A medida que se acerca la posesión de Obama, crece el furor popular sobre esa figura que promete cambiar la política norteamericana.

El presidente ‘cool’

Ni en las temibles crecidas del río Potomac ni en las aguas de la bahía de Chesapeake, Washington había sentido el poder de una ola tan grande. Es la 'Obamanía', un fenómeno definido por los diccionarios cibernéticos como "la obsesión nacional causada por Barack Obama" o la "histeria ciega" que ha ocasionado este hombre de 47 años que el próximo 20 de enero se convertirá en el primer presidente afroamericano del país más poderoso del mundo.

La ciudad está enloquecida. En el Museo Nacional de Historia Americana, la figura del líder demócrata se erige ya junto a las de los otros 43 presidentes. En los demás museos de la Smithsonian Institution, 18 en total, el rostro de Obama adorna tazas para tomar café, corbatas con la bandera norteamericana, juegos de naipes en caja plástica y }camisetas de manga corta. George Washington y Abraham Lincoln, siempre tan populares en la memorabilia, han sido relegados. En las librerías pasa lo mismo. Los ejemplares de The Audacity of Hope y Dreams from my father, escritos por Obama, se venden como pan caliente. A nadie le importa que en el último de ellos hubiera confesado que usó drogas ilícitas en su juventud.

Los hoteles no dan abasto. Conseguir una habitación de hotel es prácticamente imposible. Hay familias que alquilan un cuarto por 500 dólares la noche, y los hoteles de lujo ofrecen paquetes que rayan en lo insólito. El Mandarin Oriental, con vista al Jefferson Memorial y al Capitolio, pide 200.000 dólares por un plan que incluye "limosina con chofer, trajes elegantes y una donación de 10.000 dólares para la fundación sin ánimo de lucro preferida por la próxima primera dama, Michelle Obama", según The Wall Street Journal. ¿Mucha plata? No hay de qué preocuparse. El Ritz-Carlton, es más barato: sólo 99.000 dólares que enciman la música del iPod de Obama y unos días en el Caribe para reponerse. Al fin y al cabo, el lunes 19 de enero será festivo (el Día de Martin Luther King) y los bares podrán abrir hasta las cinco de la mañana.

Jamás se había visto trancones similares. El servicio secreto ha tenido que cerrar varias calles del centro luego de que Obama, su esposa Michelle y sus hijas Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, se alojaron desde hace una semana en el Hay-Adams, un clásico de la hotelería washingtoniana que se erige a una cuadra de la Casa Blanca. Es imponente y misterioso. Dicen que a principios de diciembre se aparece el fantasma de Maria Hooper Adams, la esposa del escritor Henry Adams, que se quitó la vida en la casa familiar que ocupaba el solar. Ahora el Hay-Adams se llena de curiosos que reservan mesa para ver por una fracción de segundo a los Obama. Otra monumental congestión de tráfico se vive cerca de Sidwell Friends, el colegio donde ya estudian las hijas del presidente electo.

Miles de ciudadanos saludarán a Obama antes de la posesión. El 17 de enero, para imitar el recorrido de Lincoln, llegará en tren desde Filadelfia no sin antes recoger en Wilmington (Delaware) a su vicepresidente Joe Biden. Para presenciar el juramento se esperan más de 1,5 millones de personas, cifra récord en Washington desde los tiempos de Lyndon Johnson. El alcalde Adrian Fenty dice que habrá cuatro millones de visitantes el fin de semana anterior. Obama ha revitalizado la política. Creado una sensación de esperanza. Y también una moda increíble, acentuada por sus fotos recientes en Hawái -gafas oscuras, torso desnudo y abdominales six pack-. Otro síntoma de la 'Obamanía', porque el presidente es cool.
 

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