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| 6/29/2012 12:00:00 AM

El primer humorista político en la televisión de Egipto

Sarcástico, divertido y, sobre todo, irreverente, Bassem Youssef cambió el bisturí y la anestesia por la satisfacción de burlarse del gobierno egipcio frente a las cámaras.

En un país tan convulsionado como Egipto, donde las instituciones democráticas son apenas insipientes y todavía corren el riesgo de ser arrebatadas por las Fuerzas Militares, hacer humor político es una tarea de héroes. Tan valerosa es la labor, que solo una persona en todo el país se atrevió a llevar las punzantes críticas de la Plaza Tahrir a la pantalla chica: él es Bassem Youssef.

La nueva sensación de la televisión egipcia no siempre aspiró a brillar ante las cámaras. Estudió medicina en la Universidad de El Cairo y durante años se desempeñó como cirujano cardiotorácico. Su experiencia médica y compromiso con la revolución lo llevaron en enero del 2011 a la Plaza Tahrir. Allí asistió a decenas de heridos durante la represión inicial de las protestas por parte de las fuerzas del exdictador Hosni Mubarak. El régimen finalmente cayó, pero la situación política siguió igual de angustiante e inestable. Por ello, decidió hacer algo al respecto.

Dejó el estetoscopio a un lado y, ocho semanas después de la caída de Mubarak, en la sala de su casa, con una cámara digital, Youssef grabó el primer episodio de B+ Show que colgó en Youtube. Con un formato muy similar al del satírico The Daily Show With Jon Stewart, programa estadounidense que se transmite desde hace 14 años, el humorista árabe no solo criticaba, sino que se burlaba abiertamente de los actores políticos y los medios de comunicación egipcios. Desde los generales del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, hasta el premio Nóbel de paz, Mohamed ElBaradei, nadie salió ileso de sus ácidos comentarios.

Y el programa fue un éxito. Al día de hoy, su canal en Youtube cuenta con casi 36 millones de visitas y unos 182.000 suscriptores. Además, B+ Show también era una novedad, pues antes de su aparición, el género de ‘sátira política’ no existía en Egipto. Los episodios en línea fueron tan aclamados, que les siguió un contrato con la cadena televisiva ONTV y ahora, con nuevo nombre, el programa de Bassem Youssef, Al Bernameg, se transmite dos veces a la semana. Ahí supo que la transición de las salas de cirugía a los estudios era definitiva.

Siempre influido por Jon Stewart, el formato y el estilo de Al Bernameg es tan similar al del estadounidense que Youssef fue apodado por los medios occidentales como “el Jon Stewart de El Cairo”. El sobrenombre lo honra, pues Youssef es el primero en admitir que desde hace diez años ve The Daily Show y confiesa: “Soñaba con capturar a un terrorista que fuera a explotar un avión y ser un héroe para que cuando CNN me pidiera una entrevista pudiera exigirles que me entrevistara Jon Stewart. Siempre buscaba a ese musulmán en el avión, pero me daba cuenta de que yo era el único”.
El comediante árabe, sin embargo, no tuvo que recurrir a semejante hazaña para llegar hasta su ídolo y mentor, pues su ingenio capturó la atención de Stewart, quien lo invitó la semana pasada a su programa.

Allí dejó entrever que está totalmente seducido por el glamour de la televisión y, cuando le preguntaron cómo dio el salto de la medicina a la comedia, no dudó en responder entusiasmado: “¡El dinero! El humor es mucho más lucrativo que la cirugía. Además no me demandan cada cinco segundos”. Pero no solo es eso. El humorista se propuso sintonizar la realidad que se vivía en la calles de Egipto durante la revolución, con la parrilla televisiva, pues, según él: “Uno salía y vivía la revolución. Pero prender el televisor era otro mundo lleno de rumores y teorías conspirativas. Mi programa es exitoso porque la gente coincide en que yo digo lo que ellos quieren decir”.

Su intento de ser la voz del pueblo le ha valido amenazas de muerte, sacrificios personales y profesionales. Aunque aún es cirujano consultor, ya no opera con la intensidad de antes y tuvo que rechazar una oferta de trabajo en un hospital en Estados Unidos para continuar grabando en Egipto. También le entristece la falta de resultados de la revolución, por lo que una de sus mayores angustias es criar a su hijo en ese convulsionado país. Pero esa inestabilidad hace de su programa un elemento que Youssef considera necesario en el paso a la democracia en Egipto: “Ellos [los dirigentes] tienen que entender que entran como servidores, no como faraones”.

Nadie sabe si los dirigentes lo entenderán o no. Pero Bassem Youssef es valiente por al menos querer averiguarlo.
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