Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/07/11 00:00

EL PRINCIPIO DEL FIN

Con el retiro de los primeros soldados estadounidenses comienza a materializarse la devolución de la soberania plena a Panamá.

EL PRINCIPIO DEL FIN

EL 3 DE JUNIO, EN LA BASE militar Clayton, de la Zona del Canal, el presidente panameño Guillermo Endara calificó de "hecho histórico" la partida de las primeras tropas estadounidenses luego de permanecer durante casi un siglo. Y, como disculpándose, aseguró que el canal continuará ofreciendo el mismo grado de confiabilidad que ha tenido hasta ahora, bajo administración y protección de Estados Unidos.

Con esa preocupación, Endara dejó en claro que no olvida el origen de su presidencia, cuando se posesionó como primer mandatario de Panamá en territorio militar de Estados Unidos. Y por otra parte subrayó la ironía de ser él precisamente quien asistió en representación de su país al comienzo del renacer de su soberanía plena. Porque si ello finalmente se logra, habrá sido como resultado de la pasión de un hombre comprometido con la supervivencia de Panamá como país independiente: Omar Torrijos.

La salida de los 1.300 soldados se hizo en cumplimiento de los tratados Torrijos-Carter, celebrados en 1977, que disponen la entrega paulatina de la Zona del Canal hasta que, el 31 de diciembre de 1999, Panamá reciba la totalidad de los 1.442 kilómetros cuadrados, que comprenden seis bases militares, 8.300 edificios, dos aeropuertos internacionales, un puerto de aguas profundas y la totalidad de los ingresos de peajes por el paso de buques de terceros países. Cuando eso suceda, Panamá habrá recibido un total de 35.000 millones de dólares.

La salida de los primeros militares será seguida por otros 2.700 que se marcharán hasta octubre de 1995, mientras que los restantes saldrán por grupos de Panamá hasta la entrega definitiva.

En ese momento, si sale lo previsto, se habrá completado un ciclo de intervenciones y de injerencia política que comenzó hace más de un siglo y que llegó a su clímax màs reciente el 20 de diciembre de 1989, cuando las tropas del presidente George Bush irrumpieron a sangre y fuego, causaron la muerte de 4.000 personas, pusieron preso por narcotráfico al hombre fuerte, Manuel Antonio Noriega, e instalaron en el poder a Endara. Pero la historia es mucho más larga.

Comienza cuando el istmo era colombiano, con el llamado "incidente de la tajada de sandía", en el lejano 1856. Había pasado un año desde que los estadounidenses construyeron el ferrocarril interoceánico para acortar el viaje de personas y mercaderías al oeste de Norteamérica, donde la fiebre del oro hacía ricos y miserables de la noche a la mañana. Dice la pequeña historia que José Manuel Luna, un vendedor de frutas, se enfrentó con ayuda de un peruano a uno de los miles de aventureros que atravesaban el istmo, porque el extranjero rehusó pagar cinco céntimos por una tajada de sandía que ya se había comido.

La acción, de gran contenido simbólico, terminó con un enfrentamiento en el que murieron 15 estadounidenses y dos criollos, todo lo cual se convirtió en el primer pretexto para la intervención armada de Estados Unidos. Luego de esa acción militar, el gobierno colombiano debió pagar 180.000 pesos por los perjuicios sufridos por los ciudadanos, sin que se recuerde qué pasó con la fruta.

Desde entonces, y hasta 1989, esas intervenciones se repitieron en 13 oportunidades, como cuando, el 9 de enero de 1964, los soldados del Tío Sam mataron a 21 estudiantes panameños que se manifestaban fuera de la Zona del Canal. La explicación fue que se trataba de "balas para matar patos".

Muy diplomáticamente Endara olvidò mencionar esos hechos, porque su posición no parece muy lejana a los sectores de la derecha panameña que quisieran que la presencia militar de Washington se prolongara más allá del 2000. Pero el presidente electo, el socialdemócrata Ernesto Pérez Balladares, no sólo parece dotado de una excelente memoria, sino de una voluntad clara de seguir adelante con los tratados. Porque los años que vienen son crìticos, sobre todo debido a que tanto en Panamá como en Washington la devolución del canal tiene muchos enemigos agazapados.

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