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| 12/9/1996 12:00:00 AM

EL PROXIMO AL BATE

Al Gore se perfila como el perfecto candidato demócrata para las elecciones presidenciales norteamericanas de 2000.

Solamente hay un hombre tan contento en Estados Unidos como Bill Clinton. Se llama Albert Arnold Gore Jr., es el reelegido vicepresidente de Estados Unidos y, con toda probabilidad, el próximo candidato demócrata.La historia está de su parte. Con las excepciones de Spiro T. Agnew, quien renunció poco antes de la debacle de Richard Nixon en Watergate, y de Dan Quayle, quien perdió la oportunidad ante la derrota de su jefe George Bush, todos los vicepresidentes elegidos desde 1952 han conseguido la candidatura de su partido para el período siguiente.Pero Gore tiene la ventaja adicional de que, como dice un observador de Washington, "ha elevado el papel de la vicepresidencia a un nuevo nivel". Para muchos es claro que antes de Gore ningún otro vicepresidente había tenido tan buenas relaciones con el presidente ni tantas responsabilidades delegadas en su cabeza. Al punto que su labor es caracterizada como la de un "asesor de alto nivel", antes que la del encargado de las inauguraciones de segunda.Gore ha proyectado _y el público ha percibido_ la imagen de ser un colaborador serio, confiable y sobre todo un amigo leal, y no ha hablado de sus aspiraciones presidenciales desde que fue candidatizado a la vicepresidencia. Gore se ha cuidado de aparecer en público en temas presidenciales, y por eso Clinton nunca lo ha visto como un competidor. Un ejemplo diciente se presentó cuando pereció el secretario de Comercio Ron Brown y Gore manejó el reacomodo del sector y consiguió que el embajador itinerante Mickey Kantor aceptara el cargo. Cuando todo estuvo listo, Clinton anunció el nombramiento con bombo y platillos y Gore se esfumó por la puerta de atrás.Eso explica que Clinton le haya permitido asumir precisamente aquellos temas que apuntan a convertirse en cruciales en las elecciones de 2000. Sus áreas de influencia exclusiva incluyen la protección del medio ambiente, las telecomunicaciones y la reducción de la burocracia federal. En este última, Gore ha reducido el número de empleados en 240.000, un logro de importancia bajo cualquier punto de vista. En el campo internacional, maneja las relaciones con Rusia, Egipto y Suráfrica.Gore no ha olvidado sus aspiraciones presidenciales, que se remontan a 1988 cuando, con sólo 39 años, buscó la candidatura demócrata, pero se retiró afectado por su escasa capacidad para encender a los auditorios. En privado, sus asesores han tratado de limar las asperezas de aquella jornada, especialmente con el representante Richard Gephardt, a quien deben convencer de no oponérsele en 2000.Pero si en el primer período las relaciones Clinton-Gore fueron color de rosa, en el segundo podrían oscurecerse, pues las aspiraciones del segundo cada vez se harán más explícitas. Gore podría verse en un dilema entre la conveniencia de que Clinton deje un buen gobierno y la necesidad de que el presidente no entre en compromisos con el Congreso que afecten sus posibilidades de ganar la candidatura demócrata.Y es que Gore conoce como el mejor los vericuetos de la vida política. No en balde nació el 31 de mayo de 1948 precisamente en Washington, cuando su padre era senador por el estado de Tennessee. Vivió su infancia y adolescencia en la suite de sus padres en un elegante hotel de la capital, codeándose con las mentes políticas más brillantes de ese tiempo, y pasaba las vacaciones en la finca familiar de Tennessee, donde actualmente residen sus padres. Luego de un año en Vietnam, donde desempeñó labores de escritorio, retornó a su estado de origen y allí comenzó su carrera política a los 28 años. Una carrera que superó su fracaso de 1988 y que está lejos de terminar. Al fin y al cabo, en una entrevista de hace cuatro años, su padre lo dijo claramente: "Lo criamos para la presidencia".
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