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| 3/17/2012 12:00:00 AM

El pueblo en donde está prohibido morirse

En vista de que no hay un cementerio propio y tampoco dinero para construirlo, el alcalde de la localidad italiana de Falciano del Massico arregló la complicación con una norma que impide fallecer en los linderos del poblado.

No es un engaño. El pasado 5 de marzo Giulio Cesare Fava, alcalde de Falciano del Massico firmó una ordenanza en la que se "se prohíbe a los ciudadanos residentes, o a quienes están de paso, traspasar los límites de la vida terrenal para deambular en el más allá".
 
Y si bien la norma puede ser risible, muchos de los 4.000 vecinos de esa municipalidad italiana, en la provincia de Caserta y a los apacibles pies del monte Massico, la apoyan. ¿La razón? No hay en dónde enterrarlos, en caso que decidan dejar este valle de lágrimas.
 
O sí lo hay, pero el terreno no es suyo. Tal y como lo recoge el diario italiano La Stampa, el asunto empezó hace 48 años, cuando Falciano logró la autonomía de la vecina Carinola. Fava cuenta al rotativo que "el error sucedió cuando se hizo la división del territorio y no se incluyó una parte del cementerio".
 
Desde entonces una mezcla de burocracia y falta de recursos han evitado que la municipalidad pueda tener un sitio propio que albergue los fiambres locales y permita a sus deudos darles el último adiós, por lo que han debido hacer las inhumaciones en nichos de las vecindades.
 
Para algunos sería lo ideal seguir el nuevo bando al pie de la letra, pero algo más viable sería construir uno nuevo o ampliar el camposanto existente a territorio de Falciano.
 
Los habitantes se plantearon lo primero, con un proyecto que constaba de un cementerio moderno, con un templo con cúpula de cobre, crematorios y lugares destinados a otros cultos. "Costaba 14.000 millones de antiguas liras –poco más de 7,2 millones de euros-, demasiado para una comunidad pequeña como la nuestra", acepta Fava.
 
La otra opción, la del ensanche, tampoco fue afortunada. Se constituyó un consorcio con Carinola en 1993, pero hubo desacuerdos con la gestión y la ejecución del proyecto que dieron al traste con todo.
 
Ahora Fava -quien decidió retirar al ayuntamiento de la fallida sociedad y enfrenta la ira de los vecinos- considera la adecuación de un nuevo terreno para dar piadosa sepultura a los residentes que dejan este mundo pero, mientras se cumplen los planes, decretó dejarlos en el más acá.
 
"Lo mío es una provocación" admite finalmente el primo cittadino, a la vez que añade que "ahora la situación amenaza con colapsar. ¿Qué dice la gente? Se manifestó con una verdadera revolución popular, en la que han recogido miles de firmas y algunos propietarios han ofrecido sus terrenos".
 
Pero, como era de esperarse, hecha la norma… Desde el 5 de marzo han sido dos los desacatos a la reglamentación que prohíbe fallecer, eso sí, "dentro de la medida de las posibilidades de cada cual". Sus funerales se celebraron y se esperaba enterrarlos en un día, siempre y cuando se encontrara en dónde hacerlo.
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