Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/04/25 00:00

EL QUE ES CABALLERO

Con 55% de respaldo, Mitterrand anuncia su candidatura a la reelección

EL QUE ES CABALLERO

El novio finalmente dijo "sí". Los meses de expectativa y las interminables cábalas sobre su respuesta se terminaron el pasado martes en la noche cuando, en vivo y en directo el presidente de la República francesa, Francois Mitterrand, contestó afirmativamente la pregunta del presentador de Antena 2, sobre sus intenciones de buscar la reelección. A sólo 33 días de los comicios del 2 de abril que decidirán los nombres de los dos finalistas que se enfrentarán el próximo 8 de mayo, la entrada de Mitterrand fue la última -y la más esperada- entre las que componen el abanico de los aspirantes a ocupar el Palacio del Eliseo.
Tal como están las cosas, no habrá necesidad de trasteo. Las encuestas indican que el Presidente es amplio favorito para imponerse sobre cualquiera de sus adversarios. Por el momento, ninguno de los candidatos de la derecha descendiente del General De Gaulle, representada por Raymond Barre y Jacques Chirac, parece estar en posición de oscurecerle el panorama a Mitterrand.
Irónicamente, eso que ahora es una realidad parecía una locura hace tan sólo un par de años. En marzo de 1986 Francois Mitterrand era el presidente más impopular de la V república (creada por De Gaulle en 1958), con un índice de descontento cercano al 55% y uno de satisfacción de apenas 30%. Las cosas iban tan mal que en las elecciones legislativas de ese año el Partido Socialista perdió la mayoría frente a una coalición de la derecha. Como consecuencia, Mitterrand se vio obligado a nombrar como Primer ministro al alcalde de París, Jacques Chirac, dentro de lo que se conoce como "la cohabitación".
A pesar de las dudas iniciales, el experimento funcionó. Chirac nombró a sus ministros, cambió ciertas políticas y cosechó los resultados de las medidas de austeridad, impuestas por los socialistas poco antes de que perdieran el poder.
Por su parte, Mitterrand se ajustó con sorprendente facilidad a su nueva e incómoda posición. Relegado por la Constitución a los campos de la defensa nacional y de las relaciones internacionales, alcanzó a hacer sentir su voz en los consejos de ministros donde no pocas veces se expresó en contra de las estrategias conservadoras lanzadas por Chirac. Esas diferencias, sin embargo, no alcanzaron a empañar la relativa cordialidad de la cohabitación. A sabiendas de que era su oportunidad de resurrección política, Mitterrand mantuvo un perfil bajo y se colocó por encima de las disputas diarias.
La estrategia dio todos los resultados esperados. El Presidente impopular de hace unos años, es hoy conocido como "tonton", el tío. A comienzos de este mes 55% de los franceses se declaraban satisfechos con Mitterrand y sólo el 33% se mostraba descontento. El Presidente de la República es hoy en día una persona respetada que, según diversos analistas, encarna la figura de padre de la patria que los franceses quieren ver en el jefe del Estado.
Sea la que sea la explicación, la cierto es que lo que está pasando no le agrada a los candidatos de la derecha. Para Barre, un profesor universitario que fue Primer ministro entre 1976 y 1981, las cosas no están pintando bien. Después de varios meses de aventajar a Chirac en las encuestas, los últimos datos indican que ha perdido terreno y que va a sucumbir en la primera vuelta.
A su vez a Chirac no le va mucho mejor. Así alcance a llegar hasta el 8 de mayo, la derrota del Primer ministro parece segura. No obstante Chirac cuenta con una ventaja. A los 55 años, todavía tiene tiempo suficiente para presentarse de nuevo en 1995 y si, como se espera, vence a Barre y queda como jefe de la derecha, su futuro estaría asegurado.
Sin embargo, esas cuentas han sido olvidadas frente a la presencia de las elecciones. La campaña real comenzó hasta el martes una vez que Mitterrand reveló abiertamente sus intenciones. Expresándose con dureza de sus adversarios el Presidente se presentó como el jefe de todos los franceses, que puede evitar los excesos de "esa gente excesiva y sectaria que desea ocupar (la jefatura del) Estado".
Ese llamado a la unión y la cordialidad fue ridiculizado por Barre y Chirac, quienes se burlaron de las palabras del Presidente calificándolas de alarmistas. "No sabía que estábamos en guerra civil", comentó el Primer ministro.
Exagerado o no, lo cierto es que Mitterrand sabe qué pasos está dando. De manera constante, el Presidente ha evitado presentarse como el candidato socialista y ha dejado en claro que no tienen la intención de adoptar políticas polémicas (como la de las nacionalizaciones), similares a las implantadas cuando llegó al poder en 1981. En cambio, el jefe del Eliseo se ha presentado como el mejor preparado para llevar de la mano a Francia en los años por venir y, especialmente, al "gran mercado" de 1992 cuando los 12 países miembros de la Comunidad Económica Europea var a permitir el libre paso de personas y mercancías por sus fronteras.
Esa imagen "moderada" del Presidente va a ser usada, en caso de triunfo final, para lograr que alguno partidos de centro derecha le den su apoyo y le permitan gobernar, sin necesidad de disolver el parlamento y convocar a elecciones legislativas. El mensaje fue tan bien enviado que incluso Raymond Barre se declaró dispuesto a aceptar un Primer ministro socialista bajo ese esquema. Tales noticias debieron permitirle sonreír a Mitterrand quien una vez más en su carrera y los 71 años de edad, está comprobando que las resurrecciones políticas son cosa de tiempo.

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