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| 2/25/2012 12:00:00 AM

El recontra godo

Rick Santorum se perfila como la nueva promesa republicana con sus posturas extremistas en temas como la religión, la educación y el aborto.

Un ultraconservador, católico hasta la médula, célebre por haber dado declaraciones inspiradas en el extremismo ideológico y a veces en el absurdo, puede convertirse este martes 28 de febrero en el primer opcionado en la carrera del partido republicano para escoger candidato de cara a las elecciones presidenciales de Estados Unidos el próximo 6 de noviembre. Se trata de Rick Santorum, antiguo senador por el estado de Pensilvania, que esta semana se enfrenta en las elecciones primarias de Arizona y Míchigan a los otros tres aspirantes de su colectividad (Mitt Romney, Newt Gingrich y Ron Paul) y cuyas opiniones, sobre todo las que ha manifestado en los últimos días, resultan cuando menos inquietantes.

Santorum llega bien parado a la cita en Arizona y Míchigan. Tras haber ganado los caucus de Iowa en enero y las primarias de Colorado, Minnesota y Missouri en febrero, le ha metido un buen susto a Romney, que luego de sus victorias en New Hampshire, la Florida y Nevada aparecía como el candidato 'inevitable' pero que poco a poco ha ido naufragando en su intento por seducir al electorado republicano. Es verdad que Romney cuenta con 111 delegados y Santorum con apenas 44 de los 1.144 que se necesitan para ser proclamado candidato en la convención del partido en Tampa a finales de agosto, pero ser derrotado en Míchigan, donde su padre fue gobernador destacado, equivaldría a una estocada mortal en su carrera por alcanzar la Casa Blanca. Para rematar, el cómputo de las últimas encuestas, según Real Clear Politics, no lo favorece. Revela que mientras el 28,4 por ciento de la gente cree que él será el ungido en Tampa, el 34 por ciento se decanta por Santorum.

Pero es larga la lista de las declaraciones de Santorum que han producido gran preocupación en los últimos días, tanto en los sectores moderados del partido, como en el ala más derechista. El pasado fin de semana, por ejemplo, no tuvo inconveniente en comparar al presidente Barack Obama con el mismísimo Adolf Hitler, a quien se le atribuyen los más de 50 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial. "La campaña electoral de este 2012 es similar al periodo comprendido entre 1940 y 1941, cuando los norteamericanos no actuaron contra Hitler", dijo Santorum. Con menos de 24 horas de diferencia, señaló sin inmutarse que, si bien Obama es cristiano, basa su fe en una "teología falsa" y sus políticas "en una ideología islamista". El exsenador tampoco ha tenido empacho para manifestarse en contra de que el gobierno reglamente la educación en los colegios porque le parece "anacrónico" y ha afirmado, por otra parte, que "las pruebas prenatales deforman el útero y producen abortos" y que "nadie debe mantener relaciones sexuales por placer". Por esos mismos días, uno de los grandes donantes de dinero a su campaña, el millonario Foster Fries, aseguró que el método anticonceptivo más eficaz es que "las mujeres se pongan una aspirina entre las rodillas".

Semejantes frases han hecho que los analistas pongan el grito en el cielo. "Santorum ha conseguido que su catolicismo se convierta en un problema más serio en esta campaña que el mormonismo de Romney", escribió el jueves el prestigioso columnista conservador George F. Will en The Washington Post en alusión al credo del exgobernador de Massachusetts, que no termina por gustarle a un amplio sector de la gente. No solo eso. Como le dijo a SEMANA Jessica Arons, directora del programa de la Salud Femenina en el Center for American Progress, uno de los think tanks más famosos de Washington, "Santorum es uno de los candidatos más extremistas en lo referente a los derechos de la mujer, pues se opone al aborto incluso en casos de violación y sostiene que las compañías de seguros no deben cubrir las pruebas prenatales". Sally Stenland, del mismo instituto, también le indicó a esta revista que Santorum es un hombre de extrema "en otros asuntos como la protección al medio ambiente". Tiene razón: él pone en duda el calentamiento global y considera que los ambientalistas ejercen lo que llama una "ciencia basura".

Rick Santorum nació hace 53 años en Winchester, Virginia, pero su padre, un médico italiano, lo crió en Butler, Pensilvania. Estudió en la universidad estatal, luego obtuvo una maestría en Administración de Negocios en la Universidad de Pittsburgh y cursó Derecho en el Dickinson School of Law. Elegido para la Cámara de Representantes en 1990, logró, cuatro años más tarde, cuando los republicanos se tomaron ambas cámaras bajo la batuta de Newt Gingrich en tiempos de la presidencia de Bill Clinton, un escaño en el Senado, que perdió en 2006. Como congresista exhibió posturas muy conservadoras. Enemigo de las bodas del mismo sexo, fue y es partidario de construir una muralla en la frontera con México para evitar la llegada de inmigrantes sin papeles.

Si sus posiciones políticas han sido polémicas, su vida familiar también. Casado en 1990 con Karen Garver, hace pocos años sacó del colegio a sus siete hijos y decidió educarlos en la casa dentro de lo que en Estados Unidos se denomina homeschooling. Y en 1996, cuando murió uno de sus hijos, Gabriel, a pocas horas de nacido, Santorum y su esposa durmieron en el hospital con el cadáver y al día siguiente lo llevaron a la casa para mostrárselo al resto de la familia.

Como quiera que sea, este martes se sabrá si se despeja el camino de Rick Santorum hacia la candidatura republicana. Las bases del partido no se han entusiasmado con Romney, no siguieron acompañando a Gingrich como en las primarias de Carolina del Sur a finales de enero y ahora coquetean con Santorum, un hombre que además se presenta con un chaleco tejido para dar la impresión de un buen padre de familia de clase media. Pero no la tendrán fácil los republicanos y mucho menos él. De acuerdo con el sondeo más reciente de The Associated Press, Obama, que en estos días se ha puesto a cantar blues en sus comparecencias públicas para mostrar que es cool, lo derrotaría en noviembre con un 52 por ciento, nueve puntos por encima del exsenador. Aunque aún es pronto para ponerle la firma a ese pronóstico.
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